En Suerte de Saavedra crecen sandías

Vicente Vázquez junto con sus vecinos Renato, Juan y Lili tienen el huerto más pequeño pero el más generoso. Calabazas, sandías, melones y lechugas crecen en este terreno municipal en las traseras de la zona comercial:: /J.V. ARNELAS
Vicente Vázquez junto con sus vecinos Renato, Juan y Lili tienen el huerto más pequeño pero el más generoso. Calabazas, sandías, melones y lechugas crecen en este terreno municipal en las traseras de la zona comercial:: / J.V. ARNELAS

Vecinos de la barriada cultivan verduras y frutas en los huertos que han creado en solares municipales

MIRIAM F. RUA

Ya hay tomates, sandías, melones, calabazas, melocotones, fresas y lechugas con denominación de origen Suerte de Saavedra. No se venden en el mercado, pero ya hay vecinos de esta barriada que este verano se han hecho un gazpacho con las verduras que se cultivan delante de su portal.

Suerte de Saavedra ha dado un paso adelante y varios vecinos, todos jubilados, han decidido de forma espontánea darle mejor vida a la tierra de los solares municipales que hay en su barrio. Donde había matorral seco sin desbrozar hoy hay pequeños vergeles donde crecen frutales, vegetales y hierbas aromáticas.

Son los primeros huertos ecológicos públicos que hay en la ciudad y se cultivan entre bloques de pisos. Le han tomado la delantera al Ayuntamiento porque aunque desde hace tiempo se habla de la posibilidad de habilitar solares municipales para este fin, sobre el terreno no se ha plantado ni la primera mata.

En total, ya hay cinco huertos urbanos en Suerte de Saavedra. El primero lo hizo Francisco Andrade en la plaza Miguel Delibes hace varios años. El porte del limonero y del nogal dan fe de que este vecino de 65 años empezó a plantar en plena ciudad mucho antes de que se pusiese de moda lo de los huertos urbanos.

Francisco Andrade cuida el huerto más grande y más antiguo de Suerte de Saavedra. Sus fresas y melocotones son la merienda de muchos niños del barrio.
Francisco Andrade cuida el huerto más grande y más antiguo de Suerte de Saavedra. Sus fresas y melocotones son la merienda de muchos niños del barrio. / J.V. ARNELAS

La tierra no es buena, dice, porque es la que se usó para construir los bloques de pisos sociales que rodean su huerto. «No agarran las lechugas ni los calabacines porque es arena, pero los frutales se crían muy bien», cuenta. Y tanto, en su huerto ayer recogió fresas y melocotones con el olor de la fruta que madura solo con agua y sol.

Este jubilado ha trabajado toda su vida en el campo, pero este no es el motivo por el que empezó a plantar frutales. Lo hizo para evitar que este terreno con bancos pero sin ajardinar sirviera solo como pipicán. «Me dedicaba a enterrar los excrementos de los perros para que los niños pudieran jugar, luego lo vallé y eso hizo que tuviera peleas con algunos vecinos e incluso que me denunciaran. Al final, terminé haciendo el huerto y todo el mundo me ayuda», relata.

Que se ha ganado el respeto salta a la vista. El acceso a su huerto es una puerta que ha improvisado con un tendedero portátil. No necesita más seguridad, quien quiere su fruta solo tiene que pedírsela. «No lo tengo solo para mí, al que viene a pedirme una flor se la doy, al que quiere frutas también se las doy. Yo en realidad solo cojo habas, las fresas o las nectarinas se las dejo a los niños».

El trabajo de Francisco ha transformado una plaza desangelada, descuidada e impracticable. «Antes era un terreno lleno de pastos, excrementos de perro, garrapatas y ratas. Ahora los vecinos pueden abrir las ventanas porque huele bien».

Antonio Dos Reis y otro vecino del bloque 8 de Camilo José Cela están esperando ahora su primera cosecha. Ya han recogido algunas manzanas, pero en tierra tienen plantada mucha verdura que esperan recoger pronto.: J.V. ARNELAS
Antonio Dos Reis y otro vecino del bloque 8 de Camilo José Cela están esperando ahora su primera cosecha. Ya han recogido algunas manzanas, pero en tierra tienen plantada mucha verdura que esperan recoger pronto.: J.V. ARNELAS

Su huerto es el más grande de los cinco que hay en el barrio. El más pequeño –de unos 20 metros cuadrados– pero el más variado es el que cuida Vicente Vázquez, de 72 años, junto con Renato, Juan y Lili en las traseras de la zona comercial de Suerte de Saavedra. Tienen buena tierra en una parcelita que han cercado dentro de un terreno municipal donde hay algunos columpios en la calle Vidal Lucas Cuadrado.

Hay plantados sandías, melones, calabazas, zanahorias, guindillas, hierbabuena, cilantro, pepinos, azafrán, pimientos e incluso un almendro. Por la tarde, en un perchero de toallas de baño bajan al canario en la jaula y lo cuelgan allí.

Muy cerquita, junto al centro social de la barriada, uno de los huertos más nuevos es el de Antonio Dos Reis, quien junto con otro vecino del bloque 8 de la plazoleta Camilo José Cela cuida de los 50 metros cuadrados que han vallado con palés y muebles viejos y donde han plantado su primera cosecha.

Los aperos para labrar la tierra y plantar los huertos de Suerte de Saavedra se lo presta la asociación de vecinos. «Eran auténticos pastizales y ahora es una gozada. Estamos encantados con el proyecto de huertos ecourbanos en Badajoz, hay muchos terrenos abandonados en la ciudad que podrían servir para esto y para que la gente jubilada esté entretenida y salga de sus casas», comenta su presidente, Fernando Gonçalves.

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