Un taller de costura para acompañar a la Soledad

AROA REDONDO

Unas 15 mujeres elaboran desde el mes de septiembre los hábitos de los nazarenos que procesionan en Semana Santa

MARTA MUÑOZ

Una lámpara alumbra el centro de una mesa alargada llena de telas, hilos, alfileres y tijeras. Varias conversaciones se entremezclan con el sonido de dos máquinas de coser que parecen no tener descanso. Y en la otra punta de la sala se encuentra un chico vestido con un capirote negro a la espera de que le tomen la medida con tiza de dónde hay que hacer dos agujeros en la tela para poder ver.

Todo esto ocurre cada martes y jueves en la sede de la Hermandad de la Soledad en Badajoz. A las seis de la tarde un grupo de 15 mujeres desde los 15 a los 73 años inicia el taller de costura que lleva funcionando desde septiembre, por segundo año consecutivo.

Por delante tienen 15 hábitos de nazareno de sus hermanos. El estrés y los nervios son palpables si se tiene en cuenta que faltan muy pocos días para que dé comienzo la Semana Santa. Pero María Dolores Cantero, conocida por todos como Lole, sabe mantener la calma. Y no es casualidad ya que lleva más de 40 años formando parte de la que considera su casa y es una de las camareras que acompaña a la Patrona de Badajoz cada año. Este título se le otorga a aquellas mujeres que se encargan de mantener y aderezar el ajuar y vestimentas de las Vírgenes.

Las telas para los 420 nazarenos, cifra que procesionó el pasado año, las entrega la Hermandad con las cuotas anuales que cada hermano paga por formar parte de esta familia. La mínima es de 10 euros y de ahí en adelante dependerá de la voluntad de cada uno. Cada cual es libre de elegir cómo quiere hacerse el traje porque los hábitos son en propiedad.

La idea de crear el taller tenía como objetivo ayudar económicamente a los integrantes de la Cofradía ya que, según Cantero, los precios que establece el grupo son más asequibles que los de las modistas.

También dan la posibilidad de que si el hermano no puede pagar de golpe su traje pueda hacerlo a plazos. «Se ayuda a los hermanos para que puedan salir acompañando a la virgen», admite la camarera. El traje completo de adulto cuesta 135 euros mientras que el de los niños es de 115.

En las calles de la ciudad se agolpan cada Jueves y Viernes Santo cientos de nazarenos con un misma vestimenta. Portan un hábito blanco con un peto negro y un cíngulo negro (cordón con una borla en cada extremo) que va por debajo del peto. El antebrazo va recubierto con unos manguitos también negros. El capirote también es de este color y en la parte del pecho resalta una cruz blanca. Sobre el cono cada penitente lleva la medalla de la Hermandad. En los pies destacan unas hebillas plateadas forradas de negro y en las manos unos guantes blancos.

Para elaborar cada uno de ellos la organización es clave aunque Lole Cantero reconoce que hay veces que es una «locura». Ninguna de las voluntarias cuenta con una formación en costura ni les acredita un título. Sin embargo, Consuelo Cuellos, que cuenta con experiencia en la elaboración de varias imágenes de la ciudad es la que, de algún modo, lidera el grupo de trabajo.

Hay labores para todas. Unas se encargan de las máquinas de coser mientras otras hilvanan, montan, planchan o prueban los hábitos a sus hermanos.

Lupe es una de las costureras::
Lupe es una de las costureras:: / AROA REDONDO

Ya van a contrarreloj. Todavía queda mucho trabajo por delante pero hay algunos rezagados que se acercan al taller a última hora para algún retoque o porque alguna de las prendas ya no les está bien.

«No solemos decir que no a nadie. La semana pasada han venido tres a la vez y nos hemos comprometido a hacer sus hábitos porque somos muchas y vamos todas a una», admite la camarera de la Virgen.

A pesar del cansancio, de pasarse horas y horas con una aguja entre sus dedos, el grupo entiende estos talleres como un modo de convivencia. Supone una terapia para muchas des sus componentes y les ayuda a dejar sus problemas fuera de la casa de la Soledad.

«Hay algunas que están deseando que llegue el martes y jueves para salir de casa porque es el único momento de evadirse y de hacer algo extraordinario. Lo vivimos con alegría», sentencia Lole Cantero.