Dos nuevas tallas acompañarán a 'El Amarrao' en su salida en procesión

Ricardo Augusto Kantowitz perfila un detalle en el rostro de la imagen del sayón. / C. MORENO
Ricardo Augusto Kantowitz perfila un detalle en el rostro de la imagen del sayón. / C. MORENO

Son obra del restaurador Ricardo Augusto Kantowitz, que por primera vez asume el reto de hacer imágenes para la Semana Santa

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

La Semana Santa de Badajoz estrenará el próximo Jueves Santo dos nuevas imágenes. Son obra de Ricardo Augusto Kantowitz, el conocido restaurador local que en el año 2017 devolvió a su estado original la talla de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia, popularmente conocida como 'el Amarrao'.

Durante diez meses, el trabajo creador ha sido arduo. Hasta doce horas diarias ha dedicado en las últimas semanas. Pero el esfuerzo ha merecido la pena y esta noche podrán verse por primera vez las esculturas junto al cristo titular, completándose de ese modo un paso de misterio que está llamado a convertirse en una de las grandes atracciones de la Semana Santa de este año.

El primer contacto de Ricardo Augusto Kantowitz con 'el Amarrao' tuvo lugar a finales de 2016. Entonces, la Hermandad de la Soledad le confió la restauración de una obra que este especialista afincado en Badajoz atribuye a Pedro Roldán o a alguno de los imagineros que trabajaron en el taller de ese artista barroco que vivió entre 1624 y 1699.

El artista ha dedicado diez meses a la creación de las dos tallas, que han sido hechas en madera de cedro

Representan a un romano y un sayón y serán bendecidas esta noche

El trabajo desarrollado gustó a la cofradía y poco tiempo después se plantearon la posibilidad de encargar tres imágenes de nueva creación que acompañaran al cristo. «Yo no soy imaginero, mi formación es más científica y está enfocada a la restauración y la conservación de las obras de arte, pero a la vez me hacía mucha ilusión el proyecto que planteaban y decidí aceptarlo».

Hasta ese momento, el restaurador pacense solo había esculpido unas pocas piezas cuando estudiaba Bellas Artes en su Brasil natal. Pero ninguna de aquellas piezas era de temática religiosa ni ofrecía la grandiosidad que tienen las dos imágenes que ha logrado extraer de dos enormes piezas de madera.

Su experiencia en la escultura era muy limitada, pero la técnica no le resultaba desconocida. Ricardo es hijo de carpintero y bisnieto de escultor. Además, en su proceso de formación pasó una etapa en la Escuela de Restauración de Roma, donde conoció a algunos de los grandes especialistas de la escultura actual.

Piezas casi completas

Las dos piezas que ha creado en su taller del Casco Antiguo son casi completas. Salvo la cabeza y los brazos, ambas han sido talladas en sendas piezas de madera de cedro, el mismo material en el que fue realizado el Cristo de la Humildad. «Como yo no tenía hasta ahora un estilo como imaginero, lo más factible era acercarme al estilo barroco que preside la imagen del cristo».

Pero antes de coger la gubia se empapó con los relatos bíblicos que hablan de la flagelación, ese momento en el que Jesucristo es castigado con el látigo. En este caso concreto, una de las imágenes representa a un soldado romano que lleva una lanza en la mano, mientras que la otra es de un sayón. Esta segunda figura es la que muestra al soldado que lo golpea con el látigo en la espalda.

«Mientras representaba la maldad en el romano y el sayón, he descubierto que también yo puedo ser un poco mejor. En cierta manera yo me veo representado muchas veces en esas figuras, como sucede, a lo mejor, cuando pienso que podría haber contestado con más amabilidad en ciertas situaciones», confiesa el escultor.

Kantowitz no ha querido utilizar modelos reales por tratarse de personajes que encarnan el mal, pero sí ha buscado diferenciar las dos imágenes: mientras el soldado muestra a un miembro de la guardia pretoriana cercano al gobernador y al emperador del momento, con una pose más noble, el sayón pertenece a un escalón social más bajo -no es romano, sino judío- y su gesto, látigo en mano, es más severo. «Lo que más me gusta es la unidad que veremos en la calle y también que las nuevas esculturas no sobrepasan la belleza que tiene el cristo», añade.

Ricardo Augusto Kantowitz afirma que no ha buscado una escultura hiperrealista sino una imagen más natural en la que se representa «la maldad del hombre en contraposición con la bondad infinita de Dios».

Para ello, ha cuidado hasta el último detalle. El látigo, por ejemplo, representa las nueve virtudes que debe tener un cristiano: el amor, la paciencia, la sabiduría... Y con el fin de dar credibilidad a sus creaciones ha utilizado una anatomía similar a la que presenta 'el Amarrao'. Además, a la hora de dar color ha utilizado la técnica recogida en el Tratado de Pintura de Pacheco, el policromador que tuvo Juan Martínez Montañés, uno de los grandes imagineros españoles. «La encarnadura se ha realizado con pigmentos naturales envueltos en aceite. Se han aplicado por capas para que el resultado sea más fiel».

La escultura, un don oculto

«Mi preocupación desde el inicio es que sean obras dignas. Yo obviamente no sé lo que me tiene preparado el Señor, solo sé que un imaginero es alguien que hace imágenes y en este caso yo las he hecho. A lo mejor Dios me ha dado ese don que yo no sabía que tenía», dice a modo de resumen un restaurador, ahora también imaginero, que sueña con dar forma en el futuro a imágenes protagonistas. «Me gustaría dar forma a una talla de María Santísima o de Cristo, es el sueño más grande que puede tener un artista».

Las nuevas imágenes serán bendecidas esta noche tras la misa que se celebre en la ermita de la Soledad a las 20.00 horas.