Ronda Norte espera al juez

En Badajoz los proyectos avanzan a ritmo de tortuga o caen en el cajón de las promesas, este edificio es solo un ejemplo

Edificio de los juzgados en Ronda Norte. :: hoy/
Edificio de los juzgados en Ronda Norte. :: hoy
Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Hace ya once años que los vecinos de San Roque esperan el edificio de los juzgados.

Corría 2008 cuando el Ayuntamiento designó la Ronda Norte para reunir todas las sedes judiciales dispersas por la ciudad. El anuncio fue una alegría para los usuarios del sistema judicial, que se las ven y se las desean para aparcar cerca de la Avenida de Colón y los que tienen que desplazarse entre todos los juzgados dispersos por la ciudad.

Esta alegría fue mucho mayor para los vecinos de San Roque, que veían cómo se compensaba el equilibrio de la ciudad y se animaba el futuro de su barrio con una nueva dotación. Si el gran atractivo comercial, El Faro, se ponía en la avenida de Elvas, los juzgados se ponían en el otro extremo.

La Ronda Norte se convirtió en un polo de atracción de nuevos vecinos y de inversores, que compraron justo antes de que la crisis se notara en Badajoz.

Pero los años han pasado, los juzgados no acaban y los vecinos siguen esperando al juez. Es la metáfora de lo que ocurre en Badajoz. Los años se van y los proyectos se eternizan. Ya sea por H o por B, son pocos los que salen adelante y casi ninguno en el plazo que los políticos prometen.

Mañana se inaugura la primera empresa que se instala en la plataforma logística, ese polígono industrial donde pusieron la primera piedra en 2011. Seguimos con el Campillo avanzando a paso de tortuga, sin circular por la Ronda Sur, sin desdoblamiento de la carretera de Sevilla, con Ricardo Carapeto sin aceras y sin tomarnos una cerveza en el mercado gourmet del Hospital Provincial. Da igual la administración de la que se trate. Aquí los proyectos avanzan tan lentos como un perezoso o se quedan en el cajón de las promesas.

En el caso de los juzgados se ha ido sumando un poco de todo. El parón de la crisis, los problemas que arrastran las empresas, los cambios de Gobierno y la lentitud que tienen las administraciones para reaccionar ante los imprevistos como que la constructora quiebre, que es lo que pasó. El Ministerio y la Delegación del Gobierno no han sido capaces de buscarle una solución desde entonces. Quisieron primero que la empresa pública Tragsa acabara las obras y han tardado más de un año en saber que no será posible.

Hace meses que trascendió que esa misma empresa consideraba que quedaba más obra por hacer que la que calculaba el Ministerio. Pero la Delegación del Gobierno lo negó y no ha sido hasta esta semana cuando han admitido que tendrán que volver a sacar a concurso las obras. Son otros meses más que añadir al desaguisado.

Eso implica más tiempo, mayor riesgo de deterioro para el edificio y más cansancio para unos vecinos que llevan años esperando el impulso a su barrio. Ese que no acaba de llegar. Siempre se dice que la justicia es lenta, pero más lenta es la construcción de los juzgados de Badajoz.