Rompiendo bordillos

J. LÓPEZ-LAGO

Es asomar la primavera y con la misma alegría que florecen los árboles los bichos asoman la cabeza y corretean sin pudor compartiendo espacios con los humanos pedáneos, de ahí la alarma en Gévora sobre ratas y cucarachas de la que da cuenta esta página.

Esta primavera es distinta no solo porque no ha llovido sino porque en mayo hay elecciones y entonces afloran obras. A mí la que más me gusta es la que está a punto de comenzar en la plaza de Cervantes (en adelante San Andrés), programada para no incordiar a los aficionados a la Semana Santa, que en Badajoz son varios miles de votos.

La zona se va a semipeatonalizar suprimiéndose los bordillos, según se explicaba ayer. Además, la noticia recordaba que una actuación similar ha tenido lugar en Santo Domingo y Menacho (esa calle donde se arreglan baldosas a diario y además hay tiendas) y añadía que habrá actuaciones similares en José Lanot y Luis Braille, ambas en el entorno de la plaza de la Soledad, otro enclave simbólico convertido este siglo en cota cero, como plaza de Minayo y plaza de España.

Ahora es el turno de San Andrés, lugar emblemático que tiene muchísimo margen de mejora para convertirse en sitio de moda. Ocurra esto o no, el peatón sigue ganando metro a metro el espacio que el coche va perdiendo en el Casco Antiguo.

Después de la revolución de enlosar Menacho se comprobó que el mundo no colapsaba. En Badajoz, cada vez que se han suprimido los bordillos ha salido ganando la zona. San Andrés es un punto y seguido en esta tendencia hacia esta plataforma única amiga de carritos, bicis y ahora patinetes. La pregunta es qué vendrá después.

La calle Juan Carlos I y la avenida de Huelva se barajaron como candidatas hace tiempo. Pero para afrontar esta conversión se necesita ese extra de valentía que supone romper con el status quo urbanístico. No sabemos si esa resistencia al cambio tan habitual en políticos conservadores llegará antes o tardará cuatro primaveras más en romperse.