Los románticos del videoclub en Badajoz

Eva Bartolomé en su videoclub de Ciudad Jardín y Tomás Regalado, en Zona de Ocio. :: casimiro moreno/
Eva Bartolomé en su videoclub de Ciudad Jardín y Tomás Regalado, en Zona de Ocio. :: casimiro moreno

Dos establecimientos sobreviven al terromoto de Internet, las plataformas televivisivas y la piratería

Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Cuando el calor apretaba y sin piscina a mano, el sueño de una tarde de verano era una película en el Beta o el VHS. Las palomitas hechas en la olla a presión y la Coca Cola fría, con el ventilador enfrente o bajo el chorro del aire acondicionado.

Atrás quedó la opción del videoclub, la discusión entre hermanos a pie de estantería. El niño pidiendo una de Batman, la niña buscando la de Rommy Schneider interpretando a Sisí. Los dos, a la vez, deseando que 'Los Goonies' estuviera en la estantería para llevarla a casa. Y la madre buscando una oferta de dos cintas más baratas porque era un día de diario.

Hemos cambiado tanto que solo dos videoclubes sobreviven en la ciudad. Y lo hacen capeando el temporal como pueden. Primero fue la competencia de internet, después las plataformas televisivas, ahora las series de culto y en todo momento la piratería.

 «Veo tres o cuatro películas cada semana, me da pena que desaparezcan los videoclubes»

«Veo tres o cuatro películas cada semana, me da pena que desaparezcan los videoclubes» Gregorio Corchado, Usuario de videoclub

Así está Eva Bartolomé, que mantiene a duras penas el establecimiento de Ciudad Jardín introduciendo productos de primera necesidad. Las chucherías y las latas de conserva comparten espacio con 3.567 películas. Decenas de fotos de las grandes estrellas del cine cuelgan de la parte superior de cada pared. Cuenta la propietaria que muchos clientes entran y se quedan viendo las imágenes, preguntándose quiénes son los artistas que aparecen y buscando a sus favoritos. Pero películas, lo que se dice películas, se llevan pocas. «Nos hemos convertido en un negocio vintage», dice con humor.

«Sé que tenemos los días contados», admite. Aunque aún quedan románticos del videoclub. Tiene cuatro clientes fijos que van prácticamente todos los fines de semana. Hace cuatro años atendía a 20. En 2016 llegó el gran batacazo por el cambio en las formas de ocio. «Ya me la busco yo en internet» es la respuesta que más le duele. Porque ella sigue comprando novedades, pero a veces le piden filmes que ni siquiera se han estrenado en los cines.

«La gente joven no viene y los adultos que siguen viniendo lo hacen por el trato personal, y por el sonido y la calidad de la imagen», cuenta. La piratería ha sido la puntilla y lo que más daño ha hecho a estos establecimientos. Es habitual que las cintas aparezcan en las webs ilegales de descarga en solo unos días. Aunque se oigan mal o se vean con poca claridad, a muchos les basta con verla así.

En la media hora de conversación con HOY, en esta tienda de la calle Arrayán no para de entrar gente. Dos niños que eligen golosinas, un señor mayor a por varias cervezas y una mujer se lleva botes de conserva.

Entre medias se queja de las plataformas, que han puesto a tiro de mando a distancia series y películas. «Pero ponen como novedades títulos que nosotros ya tenemos hace un mes y te cobran cuatro euros por verla, mientras que en el videoclub te la llevas por dos euros», se lamenta.

Atrás quedan las colas en Videoclip, la expansión de los alquileres de Sonidos Rubio y los paseos por los pasillos de Videoclub Extremeño o Galaxia.

Pero sobrevive un videoclub grande, el Zona de Ocio. Hace un año tuvo que cerrar el que tenían en San Roque, pero se mantiene en la calle Díaz Brito. En el mostrador admiten que el alquiler ya no es el puntal del negocio. Y eso que atesoran unas 20.000 películas. Ahora embalan los videojuegos que han vendido a través de Amazon o de otras plataformas de venta 'on line' y su propia web. Han incorporado bebidas de importación, como Fanta de melocotón y artículos de segunda mano.

Tomás Regalado, el dependiente, tiene en la mano 'La Mula', la nueva película de Clint Eastwood. En las plataformas de televisión la anuncian por 4,95 euros y en el establecimiento te la puedes llevar a casa por dos euros. De lunes a viernes dos estrenos cuestan 2,5 euros. Regalado atiende a clientes fieles, conoce sus gustos y puede aconsejarles.

Como a Gregorio Corchado, que tiene 67 años y no se salta la cita semanal en la tienda. Ve tres o cuatro cintas cada semana, es fijo desde hace 30 años. Primero iba a Sonidos Rubio y ahora a Zona de Ocio. «Me gusta el cine, pero así lo veo en casa tranquilo, concentrado, sin que nadie me moleste», explica. Además, considera que las salas de cine son caras y lamenta que la bajada del IVA cultural no haya repercutido en el precio de la entrada.

Prefiere acudir a Zona de Ocio antes que bajarse las películas porque carecen de calidad. Sobre todo si son de Tarantino o de James Cameron. «Me da mucha pena que desaparezcan los videoclubes. Por eso quiero animar a todos a que sigan yendo para que esto no se acabe. El cine es muy bonito», dice antes de seguir mirando las últimas novedades.