Roban la furgoneta del comedor social de San Vicente de Paúl

Antonio Tena, presidente del comedor de San Vicente de Paúl, repartiendo alimentos. :: C. MORENO/
Antonio Tena, presidente del comedor de San Vicente de Paúl, repartiendo alimentos. :: C. MORENO

El vehículo servía para abastecer de alimentos al centro, que da de comer diariamente a medio centenar de personas

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

«Son nuestras manos y nuestros pies. Nos han hecho una faena». Habla Antonio Tena, presidente del comedor social de San Vicente de Paúl, y se refiere a la furgoneta que cada día trae los alimentos para darle de comer al medio centenar de personas que almuerza allí.

El martes, pasada la media noche, se la robaron cuando permanecía estacionada dentro del parking de la Fundación Dolores Bas, que abrió sus puertas hace un año en la avenida Joaquín Costa, contiguo a la parcela del Palacio Godoy. Sin forzar el cierre, accedieron al aparcamiento y se llevaron la furgoneta. El vehículo dormía allí cada noche porque la fundación le tenía cedida una plaza de forma gratuita al comedor social para que pudiera aparcarla en sus instalaciones.

«En el visionado de las cámaras del parking se ve a un hombre que merodea primero por la calle como hablando con el móvil, pasa una mujer con unos perros y cuando ve que ya no está en las inmediaciones, acciona un mando y entra», relata Tena.

«Estar sin vehículo es un problema grandísimo. Por eso pido que nos faciliten o dejen uno», dice el presidente del comedor

El ladrón accede a cara descubierta. «No se le reconoce porque la imagen está muy oscura pero sí se ve que al salir del parking, ya montado en nuestra furgoneta, se baja un pasamontaña por la cara para no ser descubierto», prosigue.

Cuando los voluntarios del comedor fueron a la mañana siguiente a por el vehículo para recoger los alimentos ya no estaba. Ese mismo día, denunciaron el robo en la comisaría de la Policía Nacional.

En estos dos días al comedor no ha llegado ninguna pista. Un hecho que sorprende a su presidente, teniendo en cuenta que el vehículo estaba rotulado con el nombre y los teléfonos del comedor por los dos laterales. «No pasa desapercibida en ningún sitio, por eso creo que si estuviera rodando por el territorio nacional ya habría sido identificada. Nos parece raro que a fecha de hoy no tengamos noticias de que haya sido encontrada ni desguazada ni quemada ni de ninguna manera».

Sus temores son que el ladrón se la haya llevado a Portugal o la tenga escondida en alguna nave. Por eso, hace un llamamiento a cualquier persona que la haya visto y pueda ponerlos sobre alguna pista.

Con esa furgoneta es con la que cada día los voluntarios del comedor acuden por la mañana al Banco de Alimentos, en el polígono industrial El Nevero, para recoger los productos que después reparten entre sus usuarios. Jóvenes, ancianos, drogodependientes... todos en situación de exclusión social, que almuerzan en el comedor y a los que además, se les entrega diariamente un bocadillo y una bolsa con alimentos de las mermas de los supermercados. Ayer, por ejemplo, además de leche, galletas, pan o lechuga, les dieron bolsas de cerezas.

Los usuarios son prácticamente los mismos, Antonio y el resto de voluntarios los conocen por su nombre. Conocen también la historia personal o familiar que cada uno de ellos arrastra.

El comedor no solo le ofrece una comida, también garantizan la cena de sus usuarios e incluso de sus familias. Los niños no pueden entrar en este centro de la calle San Pedro de Alcántara, pero la comida del San Vicente de Paúl les llega indirectamente, por lo que el alcance de su labor es mayor.

Cada día descargan con la furgoneta entre 80 y 90 kilos de alimentos, un volumen que no pueden transportar con un coche particular. Además, ese mismo vehículo es con el que acuden a recoger las donaciones que puntualmente le hacen asociaciones o colegios de la ciudad.

En estos días sin su furgoneta, el Banco de Alimentos es el que le ha prestado el servicio de entrega de los productos del día al comedor, pero esta ayuda no es la solución, dice Antonio Tena. «Ellos también tienen sus necesidades porque tienen que desplazarse por toda la provincia a por productos y, muchas veces aunque quieran no disponen ni de personal ni del vehículo para darnos el servicio».

Ni compra ni alquiler

Tampoco pueden plantearse ni adquirir ni alquilar una furgoneta. Las cuentas del comedor no les salen. «Podemos alquilar un vehículo un día de forma puntual, pero no mantener ese coste a diario».

El centro de San Vicente de Paúl se financia a través de donaciones particulares, de administraciones públicas, entidades bancarias y donativos. En él trabajan como voluntarios 29 personas y solo dos tienen nómina, la trabajadora social que es la que evalúa la situación y hace el seguimiento de los usuarios y la cocinera que prepara diariamente el almuerzo.

«Estar sin furgoneta es un problema grandísimo para el comedor. Por eso pido que si algún centro, concesionario o persona nos puede facilitar o dejar un vehículo nos ayuden», solicita Antonio Tena.

La continuidad del comedor no está amenaza. En principio, podrían apañarse para llevar hasta el comedor los alimentos necesarios para los almuerzos diarios, pero si no encuentran una furgoneta para los portes sí tendrían que prescindir de los alimentos que, de forma complementaria, entregan a las personas que acuden a almorzar.

 

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