Roban en Badajoz los focos y la barandilla del paso subterráneo de Argüello Carvajal

María Concepción García es incapaz de subir con su silla a las nuevas aceras. :: j. v. arnelas/
María Concepción García es incapaz de subir con su silla a las nuevas aceras. :: j. v. arnelas

Las luces desaparecieron poco después de reabrirse el túnel y la protección de la calzada la arrancaron durante la pasada semana

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

El paso subterráneo de la calle Argüello Carvajal, próximo a la estación de trenes, ya se ha quedado sin focos y sin barandilla de protección. La voz de alarma la han dado los vecinos, que no alcanzan a comprender cómo es posible que esos dos elementos de seguridad hayan desaparecido pocas semanas después de entrar en uso este paso bajo las vías del tren.

«La valla sólo ha servido para que se la llevaran. Quienes la arrancaron la dejaron tirada y la Policía Local tuvo que mandar una grúa para llevársela. Y los focos también estaban muy bien, daban mucha luz, pero se los han llevado también», confirma María Concepción García Romance, una vecina de la barriada de la UVA que acostumbra a cruzar ese túnel a diario.

La reforma del paso subterráneo de la calle Argüello Carvajal fue sacada a concurso por el Ayuntamiento de Badajoz en febrero de este año. Ha sido pagada con fondos europeos y aunque el presupuesto inicial ascendía a 72.600 euros, finalmente fue adjudicada a la empresa Construcciones Ojalma S. L. por 56.845 euros.

Aceras más anchas

La actuación tenía un plazo de ejecución de cuatro meses y se desarrolló con normalidad. En ese tiempo fueron ensanchadas las aceras para permitir el paso de una sillita infantil o una silla de ruedas, una ampliación que ha sido aplaudida por los vecinos.

Igualmente fue colocado un tramo de valla metálica de unos 20 metros de longitud junto a la curva más pronunciada y, justo debajo del puente, fueron anclados dos focos para garantizar la iluminación.

A todo ello se unió la colocación de un grupo de semáforos que permite el paso alternativo de los vehículos, puesto que el túnel es ahora de un solo sentido de circulación. El resultado gustó a los usuarios de ese transitado paso subterráneo, pero los vecinos de la zona han denunciado durante los últimos días que tanto los focos como la valla de seguridad han desaparecido. «La gente no respeta las cosas que ponen. Por lo que se ve han desmontado la valla para llevársela y los focos faltan desde hace días», confirma José Manuel Lobato Pereira, que vive en la barriada de la UVA.

Más detalles aporta María Concepción García Romance, que se desplaza en una silla de ruedas desde que era niña. También vive en la barriada de las 800 y el túnel que cruza bajo la vía del tren es el lugar por el que accede a diario a la barriada de la estación.

Antes de la obra, se veía obligada a utilizar la calzada, en la que compartía espacio con coches que en ocasiones pasaban demasiado cerca de su silla. «Yo no tengo miedo, nunca lo he tenido, pero ahora voy más segura por la acera, la obra ha quedado muy bien».

Pero esa valoración positiva no le impide denunciar que a las pocas semanas de su apertura el túnel se haya quedado sin los focos y sin valla. «No tienen vergüenza, no respetan nada», se queja esta vecina.

En el proyecto de obra que difundió el Ayuntamiento de Badajoz en su momento se explica que el coste de la iluminación de esa obra ascendía a 4.142 euros, mientras que los 300 metros de barandilla metálica para proteger la calzada alcanzaban un valor de 11.835 euros.

Con respecto a la iluminación, los vecinos confirman que durante la obra fueron colocados los dos focos que ahora han desaparecido.

En cuanto a la barandilla, quienes hacen uso de ese paso subterráneo han explicado que tan sólo se instaló una valla metálica de unos 15 o 20 metros de longitud en una de las aceras, justo al lado de los resaltes que impiden a los vehículos coger velocidad.

Solo quedan los agujeros

El único vestigio que queda ahora de esa valla de protección de la calzada son los agujeros que han quedado en las baldosas junto al bordillo de la acera.

«Yo sólo le veo una solución a este tipo de cosas: que cuando alguien vaya a coger algo que no es suyo se quede pegado. No hay otra», bromea Manuel Gallego, que también se ha visto sorprendido por la rápida desaparición de la valla y los focos.