Reyes de la soledad

JOSÉ MANUEL SITO LERATE

Cuando cambia de colores ese primer semáforo de Damián Téllez Lafuente, nos aborda un príncipe negro de vestiduras blancas y capa al viento, regalándonos un paquete de clínex a cambio de nuestros céntimos de euros plebeyos y sudados. Y ahora además os recuerdo que durante estas dos últimas décadas, Badajoz fue la ciudad de los acordeones, porque de ellos sacaban música unos cinco o seis inmigrantes, que aunque no llegaron a ser como dicen fueron Mozart o Chopin al piano, animaban cada esquina de esta mágica y fabulosa ciudad. ¿Qué ha sido de los mismos? Pues que seguramente ya son viejos juguetes rotos, porque se rompieron sus manos y sus acordeones. Mas actualmente hay un vagabundo por nuestras calles que tiene tal vozarrón que deberían envidiarlo algunos actores de teatro, doblaje, locutores de radio y televisión... Y de pequeños, no sé por cuál infantil razón, qué miedo nos causaba el maletero cojo, que algunos días trabajaba transportando maletas en la estación de ferrocarril.

He aquí mi homenaje para todos aquellos a los que no podremos ponerles nombres ni apellidos porque sus identidades ya fueron y serán para siempre un triste anonimato. Y todos eran 'Reyes de la soledad, la sal de los perdedores', título éste de un poema de mi autoría, del que ahora extraigo cuatro estrofas, para recordar a quienes sabemos que se fueron, porque no están, mas no se despidieron de nosotros: El que tocó la trompeta, /la que pedía monedita, /el que le gritó al silencio /porque el silencio le grita./ El que vendía pajaritos, /la gitana del portal, /la que vendía 'La farola', /y que al raso hotel y hostal. /Ese pintor medio bohemio/ que antaño fuera torero, /aquel mimo callejero, /y otros más del mismo gremio/. El que vendió su saliva, /y subastó sus sudores, /reyes de la soledad, /la sal de los perdedores.