Las quinientas carreras del comandante Estepa

Antonio García Estepa en el salón de su casa con los trofeos. :: J. V. Arnelas/
Antonio García Estepa en el salón de su casa con los trofeos. :: J. V. Arnelas

A sus 75 años, el veterano atleta popular Antonio Estepa García no piensa en la retirada

A. GILGADO BADAJOZ.

En el salón no caben más vitrinas con trofeos. Las últimas medallas ya ni las cuelga. Las mete en un cajón.

Antonio Estepa García ha perdido la cuenta de sus carreras. «Las zapatillas me han ahorrado muchas lágrimas. Eso es lo importante». Calcula que ha pasado más de quinientas veces por la meta.

Los achaques de la edad le han parado. Ha cumplido 75 años y sigue con la ilusión de un cadete. Tampoco le paró la muerte de su mujer hace dos años. «Me animaba mucho. Me decía que me fuera a correr si me veía distraído».

Guarda las cartas que envió a HOY pidiendo al Ayuntamiento que organizara una maratón

Ahora quiere poner orden a sus recuerdos con un libro sobre la historia del atletismo popular en Badajoz. Su historia arranca en el año 73. Ingeniero de minas militar de Belmez que aterriza en la base de Bótoa con 29 años. En esa época corrían en España Mariano Haro y pocos más.

Estepa venía del fútbol. Extremo rápido de la preferente cordobesa. Empezó a correr en las fiestas de los barrios. «Participaban ocho o nueve». Después pasó a las ferias de los pueblos y las míticas rampas de Portugal. Desde entonces, más de doscientos crosses, otras tantas carreras de montaña, sesenta maratones y más de trescientas medias. La última, la completó hace dos domingos en su pueblo. La Belmez-Espiel, conocida como la rompepiernas por su desnivel acumulado. «Lo pasé muy mal porque la hice malo. Acatarrado y débil. Pero quise acabarla porque me hacían un homenaje».

Ya recuperado planea otra media para antes de que apriete el calor. No piensa en la retirada. «Me encanta competir. Me iré el día que ya no pueda correr».

Espera celebrar medio siglo compitiendo en un par de años en alguna carrera de Badajoz.

Entrena cuatro días a la semana en sesiones de sesenta o noventa minutos. Solo un secreto para evitar las lesiones: alejarse del asfalto.

En San Isidro tiene su santuario. Le motiva trotar por la dehesa, entre las encinas. «Viene uno nuevo de allí». Y alaba el microclima porque en verano corre el fresco y en invierno no aprieta el frío.

En su rutina tampoco se salta el calentamiento previo y el estiramiento final. No se identifica mucho con el nuevo atletismo popular de los pulsómetros y los planes de entrenamiento. En el cajón de las medallas guarda los relojes deportivos que le han regalado sus hijos. Corre por sensaciones. Aprieta cuando se siente bien y se relaja si va cansado . «Si conoces bien tu cuerpo no necesitas a nadie que te diga lo que vas haciendo o lo que tienes que hacer».

Muchos años

Insiste que un corredor popular nunca puede entrenar como si fuera un élite. La vida deportiva de los profesionales dura pocos años. Exprimen al máximo sus piernas. Los populares, sin embargo, quieren vivir muchos años en el pelotón. Su longevidad deportiva le ha hecho famoso. En cada carrera que compite el público le atrona de ánimo. «No creo que el que gana se lleve más aplausos que yo».

Ahora ve con entusiasmo el interés que despierta este deporte en la ciudad. En los ochenta, recuerda, había que buscar a gente para que se apuntara a las carreras. Ahora hay que pagar y se agotan las plazas.

En su libro recordará a los pioneros que fundaron Fondistas Pacenses. Organizaban pruebas, animaban a los colegios o invitaban a aficionados portugueses para que viniesen a Badajoz. Estepa también se siente parte de este movimiento masivo. Guarda las cartas al director que envió a HOY pidiendo al Ayuntamiento que organizara de una vez una maratón. «No tenía sentido que fuéramos a Sevilla o a Madrid». A base de insistir, en el Ayuntamiento le llamaban 'el pesado de la maratón'.

Su obstinación dio resultados. El día que se celebró la cuarta Elvas-Badajoz, llovió tanto que se suspendió la entrega de trofeos hasta el miércoles siguiente en el Complejo Alcántara. En esa ceremonia se acercó al concejal de deportes y le volvió a preguntar por la maratón. «Vale. Te cojo la palabra. La organizamos en mayo ¿Te parece bien?».

A Estepa no le parecía bien. En mayo hace demasiado calor para 42 kilómetros. «Dije que sí porque necesitábamos tener ya una maratón». El 20 de mayo de 1990 se corrió por primera vez la maratón en la ciudad. Efectivamente los participantes acusaron el calor y pronto se cambió de fecha. «Creo que he puesto mi granito de arena a todo lo que vemos ahora».