Tú serás lo que quieras ser

El 8M pide una revolución cultural, como cambiar la percepción infantil de que una mujer debe quedarse en casa con sus hijos

La manifestación del 8Mque se celebró el viernes en Badajoz. :: CASIMIRO MORENO/
La manifestación del 8Mque se celebró el viernes en Badajoz. :: CASIMIRO MORENO
ROCÍO ROMEROBadajoz

A mí me gustaría ser científica, como papá, pero yo ese trabajo no puedo tenerlo.

–¿Por qué?

–Porque hay que viajar mucho, y yo tendré que cuidar de mis hijos.

La conversación es tan real como que he necesitado contarla. A las 8.30 de la mañana del 8 de marzo en la cocina de mi casa, mientras intentaba explicarle a mi hija qué es el feminismo y por qué su madre acudiría a una concentración en la avenida de Huelva unas horas después.

Casi me atraganto con el café. Podría haberle hablado de Margarita Salas, que estuvo hace solo una semana en la UEx para animar a las mujeres a dedicar su vida a la ciencia. Pero no lo hice. Con la boca abierta me quedé y con una exasperación enorme le contesté a mi hija de ocho años que ya le cuidaría los hijos el padre que elija. O yo, o su padre. Pero que ella no puede dejar de soñar en Tercero de Primaria. Que puede ser científica, jueza, alcaldesa y astronauta. Lo que quiera ser.

El movimiento del 8M lucha contra realidades como estas, que las mujeres tienen en la maternidad lo más bonito del mundo, pero también una barrera laboral. Y que lo llevamos incrustado en la piel desde que somos pequeñas. Asumido.

La grandeza del movimiento está precisamente en su transversalidad. Que mujeres de distintas edades, con diferentes sensibilidades políticas y con realidades desiguales quieren mejorar la situación de todas. Trasciende los aspectos laborales, las relaciones con los hombres y hasta de los cuidados que cada una dispensa en su casa. Esto va más allá de la lucha feminista que había existido hasta ahora.

Precisamente porque engloba a mujeres muy distintas unidas por la percepción de que la igualdad real no ha llegado. Que está en las leyes, sobre el papel, pero que el día a día es una cuesta arriba más inclinada para mujeres que para hombres.

Por eso me indigna la manera en que la política intenta manipular este movimiento, convertirlo en un nuevo enfrentamiento, crear otro motivo para polarizarnos y alentar dos bandos dividiéndonos en buenos y malos.

El feminismo, entendido en el concepto que recoge la Real Academia Española, no es más que el fundamento de la democracia. Todos iguales. El diccionario recoge dos acepciones. La primera: Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. La segunda: Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Es imposible que nadie en la España del Siglo XXI pueda ir contra la igualdad de todos. Ni mejores, ni con más posibilidades: simplemente lo mismo, iguales.

La irrupción de Vox y su negacionismo de la violencia de género no es una buena noticia, como tampoco lo es que el PP se excluya de una manifestación donde miles de mujeres salen a reivindicar una situación mejor. Cada una con sus propios motivos, pero decididas a pedir un cambio.

No comparto con PSOE y Podemos que las manifestaciones del viernes estén relacionadas con la convocada por PP, Vox y Cs hace varias semanas. Ni me gustan las ideas peregrinas nacidas al albur del feminismo, ni plantear este movimiento como una guerra entre sexos, ni entenderlo como una supremacía de la mujer, ni que nos quieran imponer un nuevo lenguaje. Se me dispara la tensión si recibo un correo encabezado con el «todos y todas».

Unos y otros, dejen de manosearnos.

Que el 8M no va de eso, que va mucho más allá de siglas y de ocurrencias electorales. Es un movimiento que pide una revolución cultural para provocar muchos cambios. Entre ellos, la percepción que aún se tiene desde la infancia de que una mujer está obligada a quedarse en casa con sus hijos.