Puertas para evitar los fumaderos de droga en el Casco Antiguo de Badajoz

Una puerta antiocupación en el número 19 de Bravo Murillo junto a otra que fue forzada. :: j. v. arnelas

Los vecinos han conseguido que se instalen portones antiocupación en varias casas del Casco Antiguo

NATALIA REIGADAS BADAJOZ.

El 'modus operandi' es siempre el mismo. Rompen la cerradura de una puerta y se instalan en la casa para vivir o para usarla como fumadero de droga. Para mantenerla en exclusiva, hacen un agujero en la puerta y otro en la pared y pasan una cadena con un candado. Ya tienen su propia llave para ocupar ilegalmente un edificio.

En el Casco Antiguo hay decenas de casas con esas cadenas en la puerta. Algunas son infraviviendas, pero en su mayoría se trata de edificios que se utilizan para el consumo de droga, llamados fumaderos, ya que la sustancia que más de consume es la mezcla de heroína y cocaína fumada sobre papel de plata.

Para luchar contra este problema, en el Casco Antiguo se están extendiendo las llamadas puertas 'antiokupas'. Se trata de unos portones metálicos que sellan las casas. Son difíciles de forzar y evitan que se puedan abrir para utilizar el edificio como vivienda ilegal o como fumadero de droga.

La clave es que son cajas metálicas que no puede agujerearse y se encajan en el marco de la puerta, por lo que no permiten meter una palanca. Además, la cerradura solo se ve a través de una ranura muy estrecha, lo que hace muy difícil poder forzarla.

Hasta ahora era común que las casas desocupadas del centro fueran clausuradas con ladrillos para evitar que fuesen ocupadas. El problema es que estos edificios, muchos de ellos en manos de bancos, no se pueden enseñar a posibles compradores si están completamente sellados. Pero cada vez que se eliminaban los ladrillos y se colocaban puertas, muchos de estos inmuebles eran ocupados.

La solución son las nuevas puertas de seguridad. Han sido los propios vecinos del Casco Antiguo los que han presionado a propietarios privados y a entidades bancarias para que se instalen estos sistemas. Estos portones permiten sellar las casas porque son muy difíciles de forzar, pero se pueden abrir para que los futuros compradores puedan visitarlas.

Juan lleva 12 años viviendo en el Casco Antiguo, en distintas calles. No puede identificarse porque teme represalias. Ya ha sufrido enfrentamientos con las personas que ocupan las casas de su barrio. Este residente ha sido uno de los últimos en lograr que una entidad financiera instale puertas antiokupas en las casas de su calle que se usaban para el consumo de drogas.

«Había una casa tapiada. Es de un banco y la abrió para poder enseñársela a unos compradores. Puso una puerta barata y en unos días se metieron dentro», dice este vecino con enfado. «Les avisaron e intentaron volver a tapiar la puerta, pero los obreros no se atrevieron porque no sabían si había gente dentro», recuerda.

Entonces comenzó un suplicio para los vecinos. En uno de los pisos del edificio ocupado se instalaron drogodependientes. El trasiego era constante desde otro fumadero cercano. También entraban a consumir a este espacio y dormían por las noches. Hay casos de okupas que, a su vez, subarriendan parte del edificio o un piso que no les pertenece a otras personas. En ocasiones son casas en muy mal estado. «Los propietarios deberían preocuparse porque, ¿qué ocurre si se les cae el tejado encima?».

Juan se puso a investigar y encontró las puertas antiokupas. Decidió reunir a varios vecinos y hablar de nuevo con el banco. La entidad financiera finalmente aceptó e instaló los portones nuevos. Hubo un susto más porque los inquilinos ilegales trataron de recuperar el edificio. «Estas puertas tienen que colocarse encajadas en el marco, a medida, para que no se puedan apalancar, pero una la pusieron en superficie y trataron de abrir un agujero para entrar», se lamenta este residente del Casco Antiguo.

La intervención de la Policía Local logró evitar que arrancasen la nueva puerta y, por el momento, el sistema funciona. Desde entonces han ido apareciendo otros cierres de este tipo en distintos puntos del barrio.

«Es la mejor solución para una situación difícil como la que vivimos. Con esas puertas se evita que se ocupen las casas, o es más difícil, pero los bancos o los propietarios tienen acceso para poder enseñarla a compradores, que es lo que queremos los vecinos, que la gente se instale aquí», dice Juan.

Este vecino explica que, tras un periodo floreciente, con gente mudándose al barrio, están pasando una época complicada. «De abandono y desinterés, por ejemplo, en el asfaltado de las calles y en las casas que se quedan vacías».

En este punto coincide otra vecina de la zona, María Ángeles, que lleva toda su vida en el Casco Antiguo. «Se han olvidado de ciertas calles de este barrio, es así». Esta pacense añade que, hasta que no se corte la venta de drogas en la zona, no se podrá recuperar. «Hay fumaderos porque se colocan cerca de los puntos donde venden. No falla. Es imposible evitar que se metan en cualquier casa si es aquí donde está la droga».

Barrios con okupas

El problema de las casas ocupadas no se da solo en el Casco Antiguo. Hay muchas zonas que han sufrido incidentes similares y donde podrían llegar las puertas de seguridad.

Hay casos de ocupación ilegal, por ejemplo, en Antonio Domínguez, en casas afectadas por la riada. También en Pardaleras. Al igual que en el Casco Antiguo hay distintos tipos. En algunos casos se trata de edificios usados como casas, incluso con enganches a la luz y el agua, y en otros solo son recintos para el consumo de drogas. El mayor peligro de estos últimos es que suelen producirse incendios.

Pero esta lacra también se ve en zonas mucho más nuevas como el Cerro Gordo, donde ha habido entradas en los pisos y en las casas unifamiliares vacías. La intervención de los vecinos y la policía cortó el fenómeno.