«Al puente viejo se le conocía como 'el bobo' porque no cobraba peaje»

El cronista de Badajoz, Alberto González, en el puente de Palmas. :: pakokí/
El cronista de Badajoz, Alberto González, en el puente de Palmas. :: pakokí

Alberto González reedita su libro sobre el puente y la puerta de Palmas, incorporando los datos de los últimos 25 años

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

«Hay un autor del siglo XVI que decía que Badajoz era la ciudad de las tres 'p': el puente, la puerta y el pintor -en referencia a Morales-», parafrasea Alberto González, cronista de Badajoz y director de Aula HOY, para dar una idea de la entidad de los dos monumentos sobre los que ha escrito la única monografía que existe.

'Badajoz cara a Guadiana. La Puerta y el Puente de Palmas 1332-2018', es el título que acaba de lanzar -editado por la Fundación CB- de la revisión de su libro de 1994, en la que actualiza la información sobre estos dos monumentos con nuevos datos y con los cambios que se han producido en el último cuarto de siglo.

«Este libro está muy justificado porque en los últimos 25 años he encontrado una enorme cantidad de documentación nueva y, por otra parte, los dos monumentos ya han desaparecido porque las obras de transformación han sido de tal calibre que el puente ya es otro puente para peor, y la puerta de Palmas es otra, aunque en este caso para mejor», argumenta.

La construcción del viaducto fue costeada por todas la poblaciones a 250 kilómetros a la redonda

Cuando había riesgo de crecida del río, metían los cañones y a veces a la gente encima del puente

Con esta nueva edición, el autor se ha autocorregido, porque si bien algunas de las hipótesis que lanzó entonces se han confirmado, otras las ha tenido que modificar o suprimir a la luz de los nuevos datos.

Llama la atención que en el primer libro la historia arranque en 1460, que es la primera fecha que se barajaba de la construcción del puente viejo. Ahora, sin embargo, se adelanta algo más de un siglo, a 1332, a raíz del descubrimiento de Luis Alfonso Limpo, cronista de Olivenza, quien estudiando el puente de Ajuda ha recabado indicios de que ese podría ser el año de construcción del puente de Palmas.

Sobre el viaducto más antiguo de la ciudad, el cronista ha logrado documentar que el coste de construirlo se pagó entre las poblaciones que estaban a 250 kilómetros a la redonda, siguiendo el llamado sistema de repartimiento. «El puente en esa época no era una infraestructura local, porque de ella se aprovechaban no solo la gente de Badajoz, sino los que venían de la mesta de León, los de Salamanca que venían a traer las lanas o los de Portugal a vender los cueros».

Otro hecho curioso, que relata González, es que el puente de Palmas fue el único que no cobraba peaje por atravesarlo. «Era conocido en España como el puente 'bobo' porque teniendo un tráfico enorme, Badajoz nunca cobró por pasar». La explicación -añade- era que de esta manera la ciudad era más competitiva frente a otros puentes que sí cobraban como el de Mérida.

Era -asegura- la infraestructura más importante de la ciudad, tanto que pese a los 37 cercos formales que padeció desde el siglo XIV, nunca lo derribaron. «Los de dentro porque lo tenían como su joya y los atacantes porque técnicamente no pudieron hacerlo».

Los enemigos no, pero el río se llevó el puente en muchas ocasiones. Cuenta el cronista -que pese al carácter científico de su publicación, las anécdotas e historias la hacen atractiva a cualquier público-, que ante la amenaza de crecida, se usaba un ingenuo método para frenar la fuerza del agua: «Meter la artillería de la plaza, cañones de hierro y bronce, y en ocasiones extraordinarias, llamaban a la gente y las obligaban a concentrarse en el puente para hacer peso».

Eficaz frente a la fuerza del Guadiana fue la reforma que hizo el arquitecto José María Cervera, quien tras la crecida de 1876 -que prácticamente se llevó el puente entero-, se le ocurrió hacer cuatro ojos nuevos pegados al hornabeque. «Ese aliviadero adicional hizo que desde entonces el río no se volviera a llevar el puente».

Los cubos de la plaza

De la puerta de Palmas tampoco se sabe en qué año se hizo, lo que está claro es que está conectada a la construcción de puente. «La inscripción que hay dedicada a Felipe II fechada en 1551 la gente la toma de manera errónea, pero no es la de construcción». Sobre ella, recuerda González: «Hasta inicio del XX, era un mazacote cubierto de otras muchas construcciones y unido a las murallas que la hacían prácticamente invisible. La puerta era el agujero por que el que se pasaba».

Por esto mismo, durante mucho tiempo, se le conoció en la ciudad como los cubos de la plaza, en referencia a sus dos torres que en ocasiones servían para resguardar a los soldados y en otras, como mazmorra para encerrar a los presos más peligrosos.

Cuando la despojaron de las construcciones, pasó a ser la puerta del puente, lo de palmas viene porque en los pocos periodos de paz se plantaban palmeras alrededor, cuyas palmas después se repartían para las procesiones del Corpus y la Semana Santa.

Al puente se le conoció en la ciudad durante siglos como 'la puente', luego fue el puente a secas y cuando en 1960 se hizo el de la Universidad pasó a llamarse 'puente viejo'. Lo de Palmas -dice González- «es un adorno puesto por los de fuera, porque en la ciudad nunca se le ha llamado así».

«De ser una arteria vital, ahora es un paseo secundario»

Alberto González califica la última reforma que se hizo del puente de Palmas, la del 2002, como «infaustísima». El cronista ensalza cómo a lo largo del tiempo, el puente ha tenido que rehacerse una y otra vez por las embestidas del río y por alarifes distintos «pero siempre fue el mismo, manteniendo su personalidad». Sobre la autoría, el cronista asegura que no ha encontrado ningún documento que vincule el viaducto con Juan de Herrera ni con Juan de Badajoz, como se ha especulado. Él mantiene que fue una obra abierta, realizada por maestros portugueses y cántabros, que eran los expertos en piedra. También ha constatado que en su construcción y reconstrucciones se usaron en ocasiones esclavos de los contratistas e incluso buzos para hacer los pilares.

Pero con la última restauración, dice con rotundidad, «nos ha robado el puente, que ahora es un bien mostrenco. De ser una arteria vital, que redobla su importancia cuando se coloca la estación de ferrocarril en la margen derecha, en la destrucción de 2002 se convierte en un paseo secundario y además abandonado, porque se ha llegado a la locura de que nadie quiere asumir su titularidad».