El programa de ajedrez de la cárcel de Badajoz se exporta a las prisiones mexicanas

Charla de la semana pasada a los internos de la cárcel de Badajoz. :: HOY/
Charla de la semana pasada a los internos de la cárcel de Badajoz. :: HOY

El sistema combina juegos estratégicos aplicados a la vida real y funciones cognitivas de concentración y memoria

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Tras diez años sin pisar la calle consigue un permiso de fin de semana. Su recompensa por preso modelo. El sábado por la noche los amigos le organizan un homenaje. Fiesta grande. Cocaína en la mesa. La rechaza. Se acuerda del rapto de la dama. En el taller de ajedrez aprendió que los señuelos te llevan al jaque mate. Ante un movimiento muy claro, mejor pensar las consecuencias.

El martes siguiente se lo cuenta a su monitor. Llegaron a la misma conclusión: en la calle te va mejor si actúas como un ajedrecista.

Juan Antonio Montero cuenta ahora esta anécdota para ilustrar lo que hacen por la población reclusa. Psicólogo, presidente del club Magic Extremadura y uno de los expertos internacionales en ajedrez terapéutico y social. Empezó a utilizarlo como terapia en la cárcel de Badajoz hace diez años. Los resultados han hecho que funcionarios de España y Latinoamérica se interesen por aplicarlo.

«En el silencio de las partidas todo desaparece», explica unos de los monitores

Juan Antonio Montero, a través de la Fundación Kasparov, impartió charlas hace pocos meses en la cárcel mexicana de Juárez para exportar el modelo.

La historia arranca en el año 2008. El Magic venía de ganar varios campeonatos de España y Europa. Vivía un momento álgido y entonces no se hablaba mucho de las aplicaciones sociales o terapéuticas de su deporte. Junto con la Fundación Jóvenes y Deportes decidieron empezar una experiencia piloto de tres meses en la cárcel de Badajoz.

Entonces, explica, entendió que no tenía sentido limitarse a enseñar los movimientos de piezas y organizar partidas entre los usuarios. Acabaría convirtiéndose en algo parecido a las partidas de cartas.

En el Magic quisieron ir más allá.

El ajedrez no debía ser un fin, sino una herramienta. «Cuando vimos como funciona la prisión, nos dimos cuenta que necesitábamos una metodología que ayudara a cambiar conductas y estilos de vida».

A la cárcel te llevan muchas veces comportamientos poco estratégicos. Gente que no sabe gestionar la frustración o con una mentalidad muy cortoplacista. Decidieron convertir las sesiones semanales de martes y jueves con los tableros en juegos de estrategia y atención. Sin incurrir en el tópico, insiste Montero, el ajedrez puede ayudar a cambiar a las personas.

Tiene mucha lógica, por ejemplo, que los presos, a través de las piezas, se conviertan en estrategas de sí mismos. Pero no siempre resulta tan sencillo. En la población reclusa abundan perfiles sociales de escasa formación o extranjeros que apenas saben hablar castellano. Algunos solo se inscriben para conseguir puntos por participar en actividades. Pero si se identifican con lo que hay en el tablero prestan más atención. Y eso hicieron.

Practican ejercicios simples en un tablero mural que preside la sala. Les enseñan, por ejemplo, a ocupar el centro. Un caballo en el centro ocupa más casillas que en el lateral. Y surge la pregunta, ¿por qué es importante ocupar el centro en la vida cotidiana? Aluvión de respuestas de los participantes.

Lo mismo ocurre si protegen el rey con la torre. El movimiento multifuncional por excelencia. Defiendes y atacas. En nuestro entorno conviene tomar decisiones polivalentes para defenderse. En el enroque te cubres por las zonas más desfavorecidas. En la calle equivale a identificar tus debilidades. «Hacemos siempre ajedrez y debate, esa es una de nuestras obsesiones».

Tras este capítulo de juegos estratégicos, pasan a las funciones cognitivas. Entrenan la memoria, la percepción o el razonamiento según la distribución en el tablero.

Pocos estímulos

En el universo carcelario faltan estímulos. Siempre se habla de lo mismo. De los juicios o del tiempo restante. Abunda la depresión entre los que tienen todavía un largo trecho o la ansiedad de los últimos meses. En este contexto, todos estos juegos equivalen a una terapia de despresurización. «Encuentran un reto y se sorprenden ellos mismos de su capacidad para razonar y memorizar». Un estímulo para seguir adelante. El juego puro es el tercer pilar que sostiene la idea. Partidas y partidas entre compañeros. Cuanto más avanzan, más interés ponen en mejorar. «El ajedrez quema mucha cárcel. En el silencio de las partidas todo desaparece», según ha experimentado Montero.

El programa piloto tiene ya diez años y el Ministerio del Interior condecoró al Magic con la medalla de plata al mérito social penitenciario. El sistema mixto de estrategia y desarrollo cognitivo que empezó en Badajoz ha ido enriqueciéndose y otros centros lo aplican. El Magic imparte un curso de formación por el que han pasado funcionarios de prisiones de Holanda y Latinoamérica. También trabajan con los menores internos en el Marcelo Nessi y con los residentes de la comunidad terapéutica de La Garrovilla.

«Nuestra filosofía de trabajo es adaptar las proyecciones del ajedrez a diferentes poblaciones». La relación no termina en las terapias. Algunos participantes de los talleres de la cárcel ejercen ahora de monitores del Magic o juegan como un socio más en los torneos. Actúan como ajedrecistas.