Presidentes y vocales

Presidentes y vocales
DIEGO ALGABA MANSILLA

Otra vez en campaña. No tengo ni idea de cuánto puede costar una campañas electoral: mítines, escenarios, transportes... Todo lo relacionado con las elecciones parece que no tiene límites económicos. Bueno, hay una excepción, y es que también participa el pueblo. Esos que por sorteos se encuentran de repente con la responsabilidad de ser vocales o presidentes de mesas; esos que el día de las elecciones tienen que estar a las 8 de la mañana en el colegio electoral frente a una urna vacía y un montón de papeles que ven por primera vez; esos que tienen que contar cruces y votos uno a uno, y que cuando los partidos están celebrando la victoria dando saltos en los balcones o llorando la derrota en su sede, todavía no han acabado y van camino del juzgado para llevar los sobres con las actas y los votos. Les pueden dar las doce, la una, las dos... Y al amanecer, ya en casa, puede que vean en sueños papeletas de votos y cruces hechas con bolígrafos baratos atados a una cuerda.

A esos que trabajan 15, 16, 17 horas. Esos que no paran ni para desayunar, ni para comer, ni para cenar, ni fichan la entrada ni la salida. A esos les aplican, igual que en la vida real, la ya famosa austeridad.

Vocales y presidentes de mesa salen a unos 3 euros la hora mientras los líderes políticos tanto de un partido como de otro, hablan de reformar la Ley Laboral, erradicar el trabajo precario, la economía sumergida y prometen un sueldo digno e igualdad para todos.

Cogen el micrófono para gritar bajo el brillo de los focos con el más convincente y estudiado de sus gestos: «Todos somos iguales».

Le he preguntado a un inspector de Trabajo, me ha dicho que no se considera un trabajo. ¿Entonces qué es? A pesar de lo precario del sueldo hay personas que estarían dispuestas a aceptarlo, así que en lugar de hacer un sorteo podrían abrir una bolsa de voluntarios, también podrían hacer turnos de mañana y tarde y llevarles, como mínimo, un bocadillo y una botella de agua.

Muchos ciudadanos lo que esperan de la las elecciones, más que escuchar promesas que no se cumplan, es que no les toque en una mesa.