Las plataformas para discapacitados llegan a las piscinas comunitarias

Manuela Calvo hace uso de la nueva silla hidráulica de la piscina comunitaria de la calle Juan Miró. :: /HOY
Manuela Calvo hace uso de la nueva silla hidráulica de la piscina comunitaria de la calle Juan Miró. :: / HOY

Desde 2013 es obligatoria su colocación en las obras nuevas, pero todos los edificios deben incorporar el dispositivo si lo solicita algún vecino

ALBERTO ARANDA

Desde el 29 de diciembre de 2013, todas las personas que padezcan una discapacidad tienen derecho a solicitar a sus comunidades que tomen las medidas oportunas para facilitarles el acceso a sus piscinas.

Una norma que en el número 11 de la calle Juan Miró de Badajoz se tradujo el mes pasado en la instalación de una silla hidráulica que permite a las personas mayores o con discapacidad acceder a su piscina de una forma sencilla.

Manuela Calvo, de 56 años, vive en ese edificio. Padece secuelas de la poliomielitis, una enfermedad que causa atrofia muscular y deformidades, y que a ella la ha llevado al quirófano para ser intervenida de una rodilla. Los ejercicios acuáticos son vitales en su recuperación y por eso necesita acceder libremente a la piscina de su comunidad.

Todas las comunidades de vecinos tuvieron hasta el 4 de diciembre de 2017 para modificar los accesos a sus piscinas, en caso de que cualquier usuario lo solicitara, pero según el presidente de la Asociación para la Atención y la Integración Social de las Personas con Discapacidad Física en Extremadura (Apamex), Jesús Gumiel, hasta el momento en Badajoz hay menos de una decena de piscinas comunitarias cuentan con medidas de acceso para discapacitados o personas mayores.

Según la Ley General de derechos de las personas con discapacidad es obligatorio que las piscinas de nueva construcción se realicen contando con la accesibilidad para personas con discapacidad y mayores de 70 años.

«Las sillas tienen un coste de unos 3.000 euros aproximadamente. Es un gasto asumible teniendo en cuenta que las piscinas están instaladas en comunidades de vecinos con muchos bloques –explica Gumiel–. La normativa estipula que el gasto que supone la silla corre a cargo de todos los vecinos de la comunidad. Teniendo en cuenta que hablamos de muchos pisos, el gasto es bajo».

Además, el presidente de Apamex explica que «lo idóneo sería construir una rampa que facilite la accesibilidad a la piscina, tal y como se hizo en la piscina de la Granadilla. Pero el coste de este tipo de obras es muy alto, por lo que resulta mucho más sencillo instalar las sillas».

Las sillas hidráulicas tienen un montaje y desmontaje muy sencillo, pues únicamente están conectadas a la corriente eléctrica. Además, su funcionamiento es autónomo, por lo que el usuario puede utilizarla sin necesidad de la ayuda de terceras personas.

La utilidad de este tipo de dispositivos es alta para las personas que precisan de esta ayuda técnica, pero «la inversión en este ámbito es escasa o nula», sentencia Javier Pérez Calleja, administrador de fincas y responsable de Unifincas Badajoz.

Pérez explica que «si el gasto estipulado excede las 12 mensualidades de gastos extraordinarios de la comunidad, es necesario el acuerdo de la junta de propietarios. En caso de que el acuerdo resulte infructuoso, el usuario debe abonar personalmente la diferencia».

Javier explica que deben ser las personas que precisan este tipo de dispositivos los que manifiesten la necesidad de instalarlo para que el proceso se ponga en marcha. «El problema está en el desconocimiento en estos ámbitos. Mucha gente mayor o discapacitada no sabe que tiene este tipo de derechos».

En Badajoz, ya hay una docena de piscinas que cuentan con sillas hidráulicas. En algunos casos, son propiedad de instituciones públicas, como ocurre en el campus universitario, mientras que en otras ocasiones son bloques particulares los que han decidido realizar la inversión, como ha ocurrido este verano en la calle Juan Miró.