Perros contra la violencia machista

Susana Barreto supervisa cómo dos jóvenes cepillan a un mastín, una de las acciones que hace en sus terapias. / José Vicente Arnelas

Ponen en marcha terapias asistidas con canes para ayudar a mujeres y menores víctimas de maltrato

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

«El maltratador lo que hace es ir quitando piezas de un puzle y cuando la mujer se da cuenta, ya está totalmente desmontada como persona y, entonces, hay que recomponerla». Con este símil describe Gregorio Gómez Mata, director de proyectos de la asociación Alma, el desgaste emocional y afectivo que la violencia machista provoca en las mujeres y, también, en los menores aún cuando la sufran indirectamente.

Para recolocar ese puzle al que alude, hay veces que los protocolos de atención a las víctimas no funcionan o lo hacen pero muy despacio. Por eso, se han aliado con otra asociación, Atecan, que hace terapias asistidas con perros, para que sean los animales los que ayuden a poner las piezas de nuevo en su sitio.

Juntos acaban de lanzar en Badajoz las terapias con perros, dirigidas a recuperar a aquellas mujeres y menores víctimas de la violencia machista cuando los métodos convencionales fallan. «La diferencia es que no se victimiza ni a las mujeres ni a sus hijos, porque todo empieza como un juego a través del trato con el animal. Y eso no es lo mismo que sentarte en una mesa a contar una y otra vez tu drama. Los perros consiguen abrir puertas que a los profesionales les cuesta mucho más».

Esto último lo ha constatado Susana Barreto, adiestradora y responsable de las terapias de Atecan, quien ha trabajado con menores y perros en los conflictos de convivencia que surgen en los centros y pisos tutelados. «Los resultados han sido espectaculares, logrando disminuir los comportamientos indeseados». La clave que ofrece este método es que las mujeres o menores no sienten que están recibiendo una terapia. «Es una intervención en la que participa un animal, que hace de catalizador de la terapia, sin que la persona se dé cuenta de que la está recibiendo y eso es lo que hace que funcione», asegura Barreto.

«Los perros consiguen abrir puertas que a los profesionales les cuesta mucho más»

«Con la presencia de un animal, logramos sobre todo que las víctimas se abran, que te quieran contar las cosas. El perro no te juzga, ni te intimida, no es un psicólogo en frente de ti en una mesa fría y con el juego, a través del contacto con él, es cuando dejan salir sus emociones poco a poco», añade.

Esto es especialmente interesante en el caso de los menores. «Los niños son los grandes olvidados de la violencia machista. La sufren cuando viven con el maltratador, pero después viene la custodia y siguen sufriendo porque su progenitor los usa para seguir haciéndole daño a la mujer. Entonces la madre es la mala porque es la que tiene que educar y el padre el bueno porque le regala la Play y eso les hace vivir en un continuo conflicto», reflexiona Gómez Mata, quien añade que para los niños es aún más difícil que para los adultos tener que afrontar lo que viven y verbalizarlo.

En estas terapias –aclara Barreto– el perro no es el terapeuta. Es un equipo multidisciplinar, encabezado por un psicólogo, quien establece los objetivos, diseña las sesiones con el animal y las evalúa. «Aquí hay un guion, el perro solo es un facilitador para que el proceso de recuperación sea más rápido, agradable e incluso divertido».

Cada terapia es individualizada, pero el propósito es el mismo. «Trabajamos principalmente los niveles de estrés, de depresión, los sentimientos de culpa para restaurar, primero, el amor propio de las víctimas. Y simplemente acariciar a un perro reduce los niveles de ansiedad, mejora el estado de ánimo e incluso aporta seguridad», afirma Susana Barreto.

En las primeras sesiones, el trabajo se centra en atener los cuidados del perro, con el fin de ir creando un vínculo con la víctima. «Solemos empezar dándoles de comer, poniéndoles agua, cepillándolos, sacándolos a pasear y a partir de ahí trabajamos las emociones con pictogramas, que es lo que hace que la terapia resulte divertida», concluye la terapeuta.

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