Paula, la artista de los azulejos rotos

Paula Valdeón en su casa de Villafranca de los Barros. :: HOY/
Paula Valdeón en su casa de Villafranca de los Barros. :: HOY

La joven extremeña Paula Valdeón gana un premio en Barcelona y entra en la Fundación Antonio Gala

A. GILGADO BADAJOZ.

Paula Valdeón tiene los últimos años de su vida metidos en cajas de mudanza. Atrás deja su casa de Madrid y su estudio compartido en Malasaña. Paréntesis de un mes en Villafranca de los Barros y, a mitad de octubre, se muda de su pueblo a Córdoba.

Está entre las siete artistas menores de 25 años seleccionadas por la Fundación Antonio Gala para que inicie allí su propio proyecto artístico. Había más de ochocientos candidatos y solo se elige a catorce: siete escritores y siete artistas plásticos. La entrevista final se la hizo José Guirao un día antes de que le nombraran ministro de Cultura. «Estoy que no me lo creo. Me lo pagan todo, casa, comida, materiales para trabajar».

El proyecto que presentó a la Fundación parte del inconsciente arquitectónico, un concepto que lleva ya varios años desarrollando como artista y que empieza a dar sus frutos.

«Lo que para muchos es un basurero, para mí es una mina de ideas y de momentos privados»

Todo surgió de un paseo por Malasaña. Se detuvo ante varias casas en ruinas. A muchas se les veían las costuras. Restos de papeles pintados de lo que fue el pasillo o retales de los azulejos en lo que parecía el patio. Detalles íntimos que trasladaron a Paula a las casas de sus abuelos y a otras muchas de su infancia. Mismos trazos y mismos colores. Le emocionó que una pared con tres azulejos sucios le llevasen a su infancia y se preguntó por las vivencias que había acogido antes de convertirse en escombros. «Lo que para muchos es un basurero, para mí es una mina de ideas y de momentos privados».

Paula entendió que como artista debía partir de los vestigios, porque las casas que se tiran son recuerdos que se pierden.

En Córdoba trabajará hasta junio a partir de las huellas que recoja en la ciudad. «Es un punto de partida para seguir investigando en mi trabajo».

Esta misma idea le ha servido también para entrar en el programa Art 35 que convocan cada año la Universidad de Barcelona y la Fundación Banc Sabadell.

Art 35 trata de premiar a los artistas jóvenes más prometedores. Pueden presentar sus trabajos los menores de 35 años y los diez seleccionados entran en una exposición itinerante en Barcelona, Madrid y Valencia. La instalación que presentó Paula a partir de los azulejos rotos de Malasaña está entre los diez elegidos por el jurado y se puede ver hasta el 2 de octubre en la Sala Parés de Barcelona.

Presentó cinco cuadros pintados con los patrones de las baldosas, en los que había integrado también parte de los escombros. «Era una forma de restituir y resignificar los desechos. Como recuperar la memoria de los espacios que se habitan».

Del jurado de Art 35 ha formado parte Ignasi Aballí, uno de los referentes del arte contemporáneo, todo un privilegio para Paula. «Que alguien como Aballí haya visto y valorado mi obra ya es para estar satisfecha».

El premio de Art 35 no pasa de los 500 euros, pero a los seleccionados lo que realmente les interesa es el papel que juegan los patrocinadores de la iniciativa.

En este certamen participan como patronos varias empresas privadas con colecciones propias que se comprometen a comprar las propuestas seleccionadas por el jurado. Los cuadros de Paula ya se han vendido, pero todavía no sabe muy bien qué compañía se los quedará cuando finalice la exposición.

La selección para la Fundación Antonio Gala y el premio Art 35 le han valido para que esta joven de 26 años mire con cierto optimismo el complejo mundo del arte. «Hay que ser muy constante, tener mucha fuerza de voluntad y no desanimarte. Echar muchas horas elaborando trabajos y presentarte a mil convocatorias».

A veces, explica, cuando uno llama a tanta puertas y ninguna se abre, resulta difícil no caer en el desánimo. Por eso quiere aprovechar los nueve meses en Córdoba como un estímulo a su creación artística.

Estos días, Paula acaba de cumplir 26 años y viene de cursar un máster en la Complutense sobre investigación y creación, y de cerrar una tesina para una futura tesis doctoral.

En Madrid también ha trabajado dando clases de dibujo en los talleres del Museo de Arte Contemporáneo. «No te haces artista estudiando Bellas Artes, sino colmando tus inquietudes, yendo a exposiciones, experimentando por tu cuenta, leyendo mucho... Mi verdadera vocación la siento ahora», concluye ilusionada.

 

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