La ocurrencia de otro edificio cultural

Como colofón y burla frente a todos estos disparates se ha construido un edificio-capricho llamado'Badajoz Siglo XXI', cuando nuestras comunicaciones ferroviarias y de otro tipo están todavía en el siglo XIX

LUCIANO PÉREZ ACEVEDO

Ni al que asó la manteca se le ocurriría construir en Badajoz capital un gran edificio de uso cultural (anunciado por la Fundación Caja Badajoz) en los aledaños de la Plaza Alta, concretamente, entre las calles Encarnación, Norte y Plaza de San José, las dos primeras de lenocínicos recuerdos, tan ajenos al mundo de la cultura, como lo fue también la calle del Burro, cuyo concurso podemos incluir en la próxima ocurrencia municipal. Como si no existieran en la ciudad toda una serie de nobles edificios sin uso que cumplirían perfectamente con la expresada finalidad sin necesidad de gastar dinero del contribuyente en solares, proyectos, licencias, obras de construcción, etc.

Recuerdo en este momento el edificio de 'La Giralda', que ya adquirió en su día la Diputación gestionada por UCD para ser destinado a sede de la institución cultural Pedro de Valencia, fundada por la Diputación, que presidió Julio Cienfuegos Linares, y hacia la cual se canalizaba prácticamente toda la actividad cultural de esta administración provincial que, en aquellos tiempos, era enorme. La entrada de los socialistas en el gobierno de la Diputación en 1983 determinó de inmediato la desaparición de la Pedro de Valencia, de inolvidable recuerdo, y la rescisión del contrato de compraventa de la Giralda, sin que aún sepamos la razón de todo este expolio.

El edificio de las 'Tres Campanas', que ahora se habla de destinarlo a hotel boutique, lleva muerto de risa no sé cuántos años, y ahora salta la noticia de que próximamente quedará desocupado el gran edificio de Caja Badajoz en el paseo de San Francisco que, aparte de otras dependencias, cuenta con un magnífico salón de actos, sala de exposiciones, planta sótano, etc. Se cuenta además, en este caso con la circunstancia de que el proyecto al que nos referimos lo promueve la Fundación de la Caja de Ahorros de Badajoz, que supongo tendrá todas las facilidades para destinar este edificio a casa de cultura dentro del marco de la Obra Social que gestiona dicha Fundación.

No podemos olvidar tampoco el Hospital Provincial de Badajoz, el mejor edificio civil y el más importante de la capital, que cuenta todavía con grandes interrogantes sobre el uso al que van a ser destinados sus 20.000 metros cuadrados.

Queremos llamar la atención de que muy pronto quedará sin uso otro gran edificio de servicios públicos como es la sede de la Audiencia Provincial y juzgados de Primera Instancia que, absurdamente, hemos relegado a la Ronda Norte para malgastar dinero del contribuyente en obras innecesarias.

Todo lo que estamos diciendo aquí a propósito de este absurdo proyecto, lo dijimos en su día a favor de la utilización del Hospital Provincial como sede material de la Justicia en Badajoz, sin que nadie se diera por aludido ni nos hiciera caso.

Las consecuencias del grave error municipal están ahora y desde hace tiempo a la vista: no sabemos qué hacer con el Hospital Provincial, que es como decir con «la mejor historia de Badajoz». Los errores se pagan, como se están pagando en el caso de la absurda barriada del Cerro Gordo, donde es insoportable el coste de los servicios municipales y las molestias que se causan a aquellas personas que necesariamente tienen que vivir en estos barrios.

Perdonen mi ignorancia pero no sé a ciencia cierta qué es una casa de la cultura. ¿Un lugar donde vive la cultura? Bien, puede ser, pero se me antoja que la cultura debe vivir en todas nuestras casas, no en una sola, que normalmente será la sede de la cultura oficial o del sectarismo imperante. Nosotros, primero, preguntaríamos si existe la necesidad en Badajoz de un local o instalaciones para usos culturales y de qué usos se trataría, excluyendo «fantasías made in Antonio Rojas», a quien Dios tenga en su gloria; y, después, analizaría las posibilidades que existen sin gastar dinero, o gastando el mínimo posible, de dotarla de esa carencia. Es decir, hacer las cosas bien, con sentido común.

Los ayuntamientos de la postguerra, algunos de los cuales hicieron cosas notables, no han sabido, en general, detener primero, el deterioro del Casco urbano o histórico de Badajoz y, posteriormente, mantener y salvar lo que quedaba de él o exigía su reparación y restauración inmediata, arrojando de la zona aquellos elementos de población indeseable.

Yo comprendo que todo esto era una empresa difícil y costosa, apta solamente para corporaciones con mucha formación y las ideas muy claras, porque lo fácil, lo que en definitiva han hecho todos los gobiernos municipales, ha sido trazar un ensanche de Badajoz sobre los terrenos comprendidos entre la carretera de Olivenza y el Guadiana (Santa Marina, Valdepasillas, Las Vaguadas, etc.) y a cobrar licencias, contribuciones e impuestos de todo tipo, y rapidito que son dos días, hasta llegar a Portugal, llevándole, incluso, a los portugueses Badajoz lo más cerca posible (grandes superficies que permiten a nuestros vecinos comprar aquí sin entrar y gastar en la ciudad; instalaciones de IFEBA para ferias de todo tipo y acontecimientos lúdicos, parques infantiles, con endiablado acceso a los pacenses).

Como colofón y burla frente a todos estos disparates, se ha construido un edificio-capricho llamado 'Badajoz Siglo XXI', cuando nuestras comunicaciones ferroviarias nacionales e interregionales y de otro tipo, están todavía en el XIX. En fin, para echarse a llorar.

 

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