«Nunca me habría imaginado que me fueran a pagar por hacer un grafiti»

Alejandro Pajuelo, alias 'Chino', frente a uno de sus trabajos en la calle Pedro Balas lópez. :: j. v. arnelas/
Alejandro Pajuelo, alias 'Chino', frente a uno de sus trabajos en la calle Pedro Balas lópez. :: j. v. arnelas

Alejandro Pajuelo, alias 'Chino', pinta grafitis desde los 11 años; con 28, y siendo militar de profesión, se ha convertido en un artista urbano contrastado

ALBERTO ARANDABADAJOZ.

Elegir el muro, pensar el diseño, agitar los botes y a crear. Este es el proceso que sigue Alejandro Pajuelo, alias 'Chino', cada vez que inicia uno de sus grafitis. Lo lleva en la sangre. «Mi padre es pintor de cuadros. Yo estudié el Bachillerato de Arte, pero siempre se me ha dado bien dibujar». Alejandro Pajuelo lleva pintando grafitis desde que tenía once años, ahora tiene veintiocho y es militar de profesión. Desde su primera pintada ha habido muchos cambios, ahora a 'Chino' le encargan pintar murales y cobra por ellos. Eso le diferencia de la mayoría de grafiteros.

«Yo sigo tomándomelo como un hobby, de hecho me cuesta dinero. Pero ver que valoran tu trabajo es bastante gratificante, y si hay compensación económica mucho mejor, aunque no lo hago por dinero. Nunca habría imaginado que me fueran a pagar por hacer un grafiti», afirma Alejandro.

Compagina su vocación artística con su trabajo como militar. En la base también tiene algún trabajo. «Pinté un lince en una de las puertas del cuartel, les gustó mucho y ya tengo mas proyectos para el futuro».

«Alguna vez he corrido delante la Policía, pero no muchas. Prefiero evitarle disgustos a mi madre»

Su historia con los sprays empezó hace casi diecisiete años. «Comencé a pintar con mi grupo de amigos de esa época. Por entonces había muchas más pintadas que ahora. Después cada uno tomó su camino, pero yo seguí». Chino también dibuja en libreta, y con talento, pero nunca ha podido quitar la vista del spray. El sitio en el que se reúne con HOY está justo al lado de su último trabajo, un mural realizado por encargo por un amigo en el que se pueden ver tres monos, una madre con su cría a la izquierda y otro simio, más solitario, en la parte derecha, sobre un fondo que recuerda a la jungla. «Quería unir los conceptos de naturaleza y maternidad», comenta.

Durante sus inicios en el mundo del grafiti, Pajuelo empezó pintando letras, como suelen empezar estos artistas urbanos, pero con el paso del tiempo se pasó a la ilustración. «Me llena más a la hora de pintar, prefiero que se me conozca por este tipo de cosas que por poner mi nombre, que, al fin y al cabo, solo lo entendemos nosotros».

La cultura urbana del grafiti no está exenta de polémica. Los que hay en la vía pública son ilegales, a no ser que se cuente con un tipo de permiso o autorización especial. «Creo que hay una especie de vacío legal. Todas las paredes tienen un propietario, por muy abandonado que esté el lugar. Luego vas a informarte para hacer las cosas bien y no te dan ninguna solución. Es complicado».

En algún momento de su juventud, Chino ha tenido que acabar algún grafiti antes de tiempo debido a la presencia policial. «Alguna vez he tenido que correr delante de los agentes, pero no muchas. Prefiero evitarle disgustos a mi madre», comenta riéndose, a pesar de ser un gran fan del grafiti ilegal. «Me encanta. Creo que es por la adrenalina, esa sensación de pintar en sitios que están prohibidos. A los grafiteros nos gusta mucho pintar en lugares difíciles, es una especie de mensaje hacia los demás».

Otra de las polémicas que acompañan al mundo del grafiti son las pintadas en los trenes, acto que en varios juzgados de España ya se han considerado delito de daños en bienes de uso público. No son más que actos de reconocimiento y prestigio entre autores. «Si tú pintas en un tren, no sabes hasta dónde va a llegar ese dibujo. Tengo un amigo que pintó vagones durante muchos años, y era conocido en Madrid sin haber actuado allí jamás», comenta Pajuelo, que afirma no haberlo hecho nunca.

«Lo llevaban mal»

En el ámbito familiar, Alejandro se ha sentido bastante respaldado, aunque no siempre fue así. «Al principio, cuando empecé, mis padres lo llevaban mal, porque hacer grafitis estaba peor visto. Siempre tienes encima el cartel de vándalo. Después he ido evolucionando en mi estilo, y con ello el punto de vista de la gente. Ahora cada vez que pasan por delante de alguno de mis trabajos presumen de hijo», indica Pajuelo.

'Chino' no es partidario de que el grafiti se legalice de forma completa. «Porque tampoco puedes llenar la ciudad de pintura», pero sí está a favor de que se regularice y de que se habiliten sitios para que se pueda desarrollar está actividad. «Hay muchas paredes abandonadas y deterioradas que se podrían aprovechar. Creo que es más un problema de incultura con este tema, y también un poco por miedo a lo que la gente pueda pintar».

Además de los incontables grafitis que tiene en Badajoz, Alejandro ha pintado en Miajadas, Cáceres, Sevilla, Madrid y en zonas de Portugal. También colaborará pintando varios murales que serán subastados de forma benéfica, con El Corte Inglés con motivo del día de los animales y con la asociación Mi Princesa Rett.