Mujer y ciencia: la suma invisible

Auditorio del campus en la jornada de ayer de Mujer y Ciencia por el 11 de Febrero. :: J. V. Arnelas/
Auditorio del campus en la jornada de ayer de Mujer y Ciencia por el 11 de Febrero. :: J. V. Arnelas

Guadalupe Sabio dirige un grupo de investigación en el Carlos III y Rosario Cerrato lo hace en una pequeña empresa de Cáceres

A. GILGADO BADAJOZ.

Lucretia Herschel (Alemania, 1750-1848) fue la primera mujer que se dedicó a la astronomía y nadie le menciona en el hallazgo de Urano, atribuido a su hermano.

La genetista Nettie Stevens, (Estados Unidos 1861-1912) diferenció el sistema X Y que determina el sexo. El Nobel por esta investigación, en cambio, fue para su compañero Edmund B. Wilson.

Pertenecen a épocas y países distintos, pero el 'Efecto Matilda' en la ciencia (la invisibilización de la mujer que denunció la sufragista Matilda J. Gage) perdura hasta hoy.

«Ser madre no es incompatible con dedicarse a lo que realmente te gusta»

Por eso la ONU decidió en 2015 convertir el 11 de febrero en el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Durate esta semana, colegios, institutos y universidades han hablado del binomio mujer y ciencia. Salvo Hipatia de Alejandría o Marie Curie, cuesta encontrar referentes femeninos en los libros de textos. Se han organizado más de mil actividades porque los datos son realmente preocupantes. En Extremadura, un 38% de los chicos cursa carrera de ingeniería o matemáticas por solo un 15% de chicas.

En el campus de Badajoz estuvieron ayer tres investigadoras extremeña para contar sus experiencias a un auditorio lleno de jóvenes de secundaria. «Es muy importante que estén aquí porque desde muy jóvenes se tienen que ver los ejemplos», contó la periodista especializada en biomedicina Verónica Fuentes, que ejerció de moderadora.

La veterinaria Guadalupe Sabio se encargó de derribar varios tópicos. Estudió en el Instituto San Fernando de Badajoz y se licenció en Veterinaria en Cáceres. Hizo la tesis en un laboratorio de Escocia y se fue a trabajar a Estados Unidos para investigar cómo afectaba una proteina a la diabetes. Retornó a España y ahora dirige un equipo en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares del Instituto Carlos III de Madrid. Ayer dejó claro que el imaginario colectivo de la investigación difiere mucho de la realidad.

El hombre aislado, explicó, que trabaja solo en su laboratorio no existe. La investigación, aclaró, es un trabajo en equipo. En los resultados participa mucha gente y en esos equipos trabajan tantas mujeres como hombres. Pero nunca se habla de ellas. «El machismo flota en el ambiente y el primer paso es reconocer que existe». La ciencia no es ajena a la brecha de género porque las carreras científicas se hacen a base de recorrer kilómetros y gastar muchas horas en viajes, congresos o estancias universitarias. «Si no llegas a recoger a los niños al colegio ya te miran mal. También hay mujeres machistas».

Animó a las chicas a luchar por sus carreras profesionales. «Ser madre no es incompatible con dedicarte a lo que realmente te gusta».

Rosario Cerrato también tomó la palabra. Empezó a estudiar Veterinaria en Cáceres en el año 1990. Entonces, recuerda, ya había paridad en clase, pero era una carrera con pocas mujeres. También acabó con algunas ideas preconcebidas. Investigar no es solo algo de universidades o grandes multinacionales. Ella lo hace en una empresa de siete personas de Cáceres. «Si es lo que realmente te gusta y crees en lo que haces tienes otras vías».

La tercera ponente fue CarmenGonzález, bióloga que dirigió en su día el Ctaex, uno de los centros de referencia en Extremadura dedicados a la agroalimentación. Ahora es la directora de los centros de investigación públicos de la Junta (Cicytex).

Carmen González empezó en la empresa privada, concretamente en un departamento de investigación de Nestlé. Desde que estudiaba biología le interesó la investigación, por eso alentó a quienes hoy tienen esa misma curiosidad.

La periodista Verónica Fuentes conoce también de cerca el papel de la mujer en el universo científico. Trabaja como redactora en el área de biomedicina de la agencia SINC, la plataforma pública de promoción de contenidos científicos. «Cuando yo empecé en esto veía a muy pocas mujeres ponentes y muy pocas directoras de centros. Eso está cambiando pero es importante que tanto los chicos como las chicas lo escuchen».

A los siete años

Verónica Fuentes habló de que la brecha de género está científicamente demostrada. Varios experimentos demostraron que un mismo curriculum académico recibe más ofertas si lo firma un chico que una chica. Habló también de un estudio de la revista Science del año pasado en el que se demuestra que a los seis o siete años las niñas ya interiorizan estereotipos como atribuir a los hombres el talento, la brillantez o la inteligencia para materias más difíciles.

Por su experiencia también deduce que las chicas son mayoría en los grupos de investigación, pero llama la atención, sin embargo, que sean muy pocas en los puestos de dirección.