Via mortis

JULIÁN LEAL

Por casualidad, entre los archivos dispersos de un pendrive olvidado, descubrí este apunte en un documento de Word que tiene como fecha de creación el 3 de febrero de 2017. Relata un hecho que ahora no puedo decir si lo leí, me lo contaron, lo soñé o simplemente fue un simple ejercicio narrativo de ficción. Sorprendentemente, la esencia de la historia, encriptada en el dispositivo informático, ha dado lugar en fechas más recientes a chistes que han corrido de móvil a móvil de forma masiva a cuenta del desastroso servicio ferroviario de Extremadura. Una prueba de que una misma idea surgida en el cerebro de un humano puede brotar en el de otro.

El suceso que yacía en la ínfima memoria digital del lápiz electrónico tiene el título que encabeza estas líneas y el siguiente tenor literal:

«Para Rafael Mínguez Soldevilla su existencia había dejado de tener sentido. Los desengaños amorosos, la racha de mala suerte que acumulaba en el bingo, la pesada carga de deudas que arrastraba y el acoso de los acreedores le empujaban a tomar la puerta de salida y escapar de este mundo por vía rápida y definitiva. La idea se le había pasado por la cabeza alguna vez, pero ahora ya estaba decidido. La vida presente y sobre todo la futura le parecían insufribles. De las diferentes formas que barajó para quitarse de en medio la que más efectiva le pareció fue la de tenderse en las vías del tren con la cabeza apoyada en uno de los raíles y esperar a que pasara un convoy. En esa posición quedó una tarde de verano y lo único que pasó fue el tiempo, varias horas. Rendido, se dejó dormir sobre una de las traviesas en el lecho de balasto. Ningún tren pasó aquella noche y amaneció vivo, aunque muy incómodo, pero no por ello abandonó. Allí continuó cara al sol implacable del mes de julio convencido de que alguna locomotora habría de aparecer más temprano que tarde. Cuando, al caer el día, lo hallaron difunto, con el rostro enrojecido, el forense certificó que el infeliz Rafael había muerto de insolación. O no estaba bien informado o bien no calculó que en Extremadura no pasan trenes, y lo que se pasa es un calor mortal en las horas de canícula».

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