«La maravilla de la sanidad es que trabajas para que los demás vivan más»

Dámaso Villa, en su último día de trabajo. :: J. V. Arnelas/
Dámaso Villa, en su último día de trabajo. :: J. V. Arnelas

La semana pasada fue la última que trabajó tras más de cuarenta años dedicados a la sanidad pública extremeña

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Cumple 65 años el 27 de agosto. El lunes de la semana pasada fue su último día de trabajo. Se jubila tras las vacaciones y atrás deja cuarenta años dedicados a la sanidad pública extremeña. Radiólogo de formación, colgó la bata para meterse en un despacho. Dámaso Villa, el gerente del Área de Salud de Badajoz, se puso al frente del Infanta antes de que se abriera, fue testigo directo del relevo del Insalud nacional al SES regional y participó en la ampliación de la red hospitalaria de la provincia: Mérida, Zafra, Llerena o Tierra de Barros. Repasa algunas fotos antiguas. En una de 1985 sale junto al ministro Ernest Lluch visitando unas obras en las que el hoy Hospital Universitario de Badajoz todavía era solo un edificio cerrado. El móvil no le da tregua durante la última mañana. Todavía no ha cerrado la puerta y ya sabe que echará de menos la sede de la avenida de Huelva.

-¿Cómo vive su último día aquí?

-Esto no pasa de repente. Lo tienes asumido desde hace tiempo. Me cuesta dejar mi actividad y, sobre todo, a mis compañeros. Hay gente a la que no vas a ver más y me da mucha pena. He trabajado muy cómodo en el mundillo que se ha generado durante estos cuarenta años.

-Empecemos por el principio. ¿Cómo llega a la Medicina?

-Lo decidí a los 17 años. Fue un poco desconcertante. Yo entonces vivía en Madrid y en mi familia no había ningún médico. Hasta última hora dudaba entre Matemáticas o Medicina. No sé muy bien por qué decidí Medicina. Luego aprobé una oposición de residente de Radiología en Badajoz y me vine aquí. Eso fue en el 78. Pensaba en volver a Madrid a los pocos años, pero me asenté aquí.

-¿Y a dirigir el Infanta?

-Joaquín Jociles me pidió que fuera director. Siempre he sido un poco enreda. Llevaba siete años en Radiología. Decidí asumir el reto. Estuve diez años dirigiéndolo, primero el Perpetuo Socorro y luego el Infanta. Entonces el Provincial no se había trasladado. Cuando estás de radiólogo y te metes en un despacho no conoces para nada la gestión. Me apasionó. Te das cuenta que tienes más posibilidades de mejorar problemas. Entonces la sanidad en Extremadura tenía un nivel muy bajo. Con el Insalud estábamos muy lejos de Sevilla o Madrid. Descubrí que podía ayudar a mejorarla y ese afán por solucionar problemas me cautivó. Carecíamos de servicios como neurocirugía, vascular o cirugía torácica. No había ni un simple TAC. Fuimos poco a poco. Con el hospital de Badajoz solo estaba Don Benito. Luego llegaron Mérida, Zafra o Llerena.

-¿Percibe en los demás la transformación que usted ha visto tan de cerca?

-Los jóvenes no perciben esa transformación. Han nacido con ello. Pero los que tienen una cierta edad y, sobre todo, los profesionales, sí la notamos. La principal responsabilidad de los ciudadanos es exigir y tener un grado de inconformismo que haga que los políticos nos espabilemos. Para nada debemos caer en el conformismo. Los extremeños valoran mucho su sanidad y son muy exigentes con quienes la gestionan.

«Me siento especialmente satisfecho de haber iniciado los trasplantes, exige mucha preparación»

-¿Había quien dudaba de la capacidad de Extremadura para gestionar su propio sistema de sanitario?

-Muchos, muchos. Eso es verdad. Decían que no íbamos a ser capaces. Tiramos para adelante y lo hicimos muy bien. Y lo hicimos bien todas las comunidades. Quiero alejarme de cualquier planteamiento partidista porque ha quedado claro que la sanidad transferida hace que mejore la atención a la gente. Estás más cerca de las necesidades. La centralización quizá sea más económica, pero no mejor.

-Algo de lo que se sienta especialmente satisfecho.

-Me siento especialmente satisfecho de los trasplantes. Hacer un trasplante obliga a mantener una preparación enorme de todo el sistema. Quizá solo se vea la cuestión quirúrgica, pero el resto de servicios como análisis clínicos o medicina interna igualmente mantienen un nivel muy alto. Tienes a un enfermo en situación crítica y en poco tiempo puede hacer vida normal. Demuestran que estamos en la vanguardia. Dimos un paso importante.

-Le quedará alguna espina.

-No es una espina, porque se trata de algo muy actual. Queremos que se incorpore pronto al Hospital Universitario el robot Da Vinci, se trata de un sistema quirúrgico robotizado mínimamente invasivo. La consejería está decidida. Es algo que hemos empezado y me hubiera gustado terminar.

-¿Cuál es la principal amenaza para la sanidad pública?

-Hay dos aspectos básicos que se deben garantizar en una sociedad: La justicia y la sanidad. Las personas menos afortunadas deben contar con una sanidad muy digna igual que todos merecemos un abogado que nos defienda. En España tenemos una sanidad de calidad porque aquí los salarios del personal sanitario son inferiores al resto de Europa. Conseguimos con menos dinero más calidad. La sanidad nuestra es equiparable a la de cualquier país de nuestro entorno. La privada tiene que existir. Nosotros establecemos conciertos. Nos complementa. Pero la población envejece cada vez más y por lo tanto el gasto sanitario también. Es un reto que debemos afrontar en toda Europa. Pero debemos perpetuar el sistema. Es un pilar básico.

-¿Y cómo evitamos la fuga de talentos a la privada?

-En Extremadura, de momento, no es un problema. Todos los médicos que terminan la especialidad se intentan quedar. Hay muy pocos que trabajen solo en la privada. Los salarios son razonablemente buenos. Mis compañeros posiblemente te digan que no. Ojalá pudieran ganar más. Quizá haya más problemas para retener talento en Madrid o Barcelona. Pero influye el nivel de vida en esas ciudades con respecto al sueldo.

-¿Qué le ha aconsejado a su relevo?

-Irene Manjón ha estado de directora asistencial conmigo. Conoce esto mejor que yo. Lleva muchos años trabajando en hospitales como anestesista. Sabe perfectamente lo que se va a encontrar. Todos los días empiezas a las ocho de la mañana y no paras hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Tenemos que estar siempre en la vanguardia de la atención sanitaria. La gran maravilla de esto es que trabajas para que tus semejantes vivan más y con mayor confort.

-¿Qué opina de los gerentes sanitarios que no son médicos?

-Suele ser habitual que el director de un hospital salga del cuerpo médico del centro. Para la gestión puede valer igualmente un economista o un ingeniero. Yo no lo dudo. Pero creo que el personal sanitario debe estar cerca de las decisiones de gestión sanitaria.

-¿Cómo fueron los recortes durante la crisis?

-Ahora empezamos a recuperar el nivel que tuvimos antes de la crisis. Los recortes fueron muy severos. Se pasó mal. Tanto en esta administración como en la anterior. Se estancó el crecimiento sanitario y no se incorporaron especialidades. Se pararon muchos proyectos tanto aquí como en el resto de España. Sí es verdad que con esta crisis hemos aprendido todos a ajustarnos. Miramos muchísimo más el dinero. Sí le puedo decir que el retroceso económico fue mayor que el sanitario. Todos los profesionales hicimos esfuerzos para que la merma económica se notara menos. Decirle que no se notó sería decirle algo que no pienso.