La Jura de la Bandera

Era el 25 de marzo de 1924. Había que jurar bandera y el tiempo no acompañaba con estar metido en aguas que hacían dudar si suspender el acto. Pero al final se decidió celebrarlo ya en la Plaza de la Constitución o ya en cada uno de los cuarteles, aunque el resultado sería menos brillante y lúcido.

Sin embargo, el día salió perfecto para celebrar la jura de bandera en la Constitución, con un suelo mucho más adecuado que el de San Francisco. Los preparativos fueron inmediatos. Y rápidamente se organizaron todos los elementos: se instaló un altar de campaña para celebrar la correspondiente misa, con un magnífico dosel en uno de los lados de la Catedral.

Y allí, a las once menos cuarto se encontraban ya en la plaza de la Constitución todas las fuerzas militares que iban a participar en el acto castrense. Todas llegaban acompañadas de sus bandas de música, con sus escuadras y bandas de tambores y trompetas y el de Caballería con la escuadra y banda de trompetas.

Numerosísimo público se encontraba ya presente: hacía tiempo que un acto como el que se iba a celebrar se hacía de modo como en familia, en el interior de los cuarteles, negándose la contemplación al ciudadano de a pie. Y así, los balcones de la Casa Consistorial y todos los de la plaza se encontraban llenos de bellas jovencitas que con sus gentiles figuras prestaban una gran brillantez a la fiesta militar.

A las once de la mañana, hora fijada para el comienzo del acto, ya con las autoridades en el balcón central del Ayuntamiento, se inicia la Santa Misa, celebrada por el capellán castrense del Regimiento Castilla, acompañado de una escuadra de gastadores de dicho Regimiento.

Una vez terminado el Santo Sacrificio de la Misa, dio comienzo el acto de la jura de la enseña patria a los nuevos reclutas. Para ello, se colocó la bandera en medio de la plaza y bajo ella fueron pasando todos los nuevos soldados que acababan de jurar amor eterno a la enseña patria.

Con un desfile de todas las fuerzas participantes concluyó la celebración del día. Las tropas se retiraron a sus respectivos cuarteles donde se celebraba comidas extraordinarias. Y con un minuto de silencio concluyó un bello día que con quietud he querido contar.