Los juegos deportivos del instituto pacense de Rodríguez Moñino atraen a jóvenes de tres países

Los estudiantes del Moñiño con sus compañeros de Bulgaria, Eslovenia y Portugal. :: Casimiro Moreno/
Los estudiantes del Moñiño con sus compañeros de Bulgaria, Eslovenia y Portugal. :: Casimiro Moreno

Durante esta semana conviven con familias de la ciudad y compiten en el parque del Guadiana

A. GILGADO BADAJOZ.

Fútbol ciego. Ojos cerrados y balón con cascabel. Orientación en equipo. Pruebas de esfuerzo en grupo. En los juegos deportivos creados por el Instituto Rodríguez Moñino, la competición se enfocada hacia discapacidad y al respeto al contratio.

Competir es la mejor forma de conocerse. Con esta filosofía de trabajo el profesor Carlos Criado implicó al instituto de la Paz en un proyecto Erasmus Plus con otros tres centros extranjeros. Dos años de intercambios cortos de una semana en cada sede. En cada parada se ofrece a los chicos una experiencia deportiva distinta. Empezaron en Sofía con una especie de juegos de invierno en una estación de esquí búlgara. Después rutas senderistas por Liubliana y otras ciudades de Eslovenia. La tercera parada fue en Bombarral, Portugal. Ahora se pone fin este experimento en Badajoz.

El Moñino organiza esta semana sus juegos deportivos europeos. Acuden grupos de los tres anfitriones anteriores. Chicos de entre 14 y 18 años que vivirán con familias de la ciudad. Veinte en total. Agenda sin respiro. Ayer recibimiento oficial en el Ayuntamiento y visita por el Casco Antiguo. Hoy ruta por el parque natural de Cornalvo de Trujillanos. Mañana competición en el parque del río. Desde las diez hasta la una en pruebas por equipos. El jueves siguen con multiaventura en Barcarrota y el viernes entrega de diplomas en el centro. Despedida y cierre a dos cursos de viajes y reencuentros.

Carlos Criado Profesor «Llevamos dos años trabajando con lo valores del olimpismo»

En el Moñino, explica el profesor, las familias se han implicado con este formato de intercambio. Se han ofrecido candidatos de sobra para meter en casa esta semana a un estudiante portugués, búlgaro o esloveno. «Los padres lo ven como una oportunidad muy rica para todos. Se hacen amistades duraderas. A sus hijos les viene bien relacionarse con gente de otro país y a ellos entender cómo se relacionan los jóvenes».

En cada encuentro han trabajado valores pteresarse por otras culturas o a valorar la amistad y el trabajo en coropios del olimpismo. Quieren que aprendan a respetar al rival, a inmún.

En cada país le suelen acompañar atletas olímpicos para hablarles de todo esto mientras compiten con sus compañeros.

En Badajoz mañana apadrinarán en el parque de la margen derecha el balonmanista Juancho Pérez con tres juegos a sus espaldas y la piragüista Elena Ayuso, subcampeona del mundo en la modalidad de maratón. «En estos dos años nos ha guiado la vida sana y el valor cultural del deporte, eso lo tratamos mucho y creo que lo conseguimos».

En mayo toca evaluar a fondo el proyecto, pero intuyen que los resultados son positivos. Suelen pasar una encuesta previa y otra posterior a cada viaje.

En todos los casos comprueban que los alumnos llegan con una idea distorsionada y se van con otra más realista del país que visitan.

Myh Lys es profesor de matemáticas en Liubliana. Ayer aterrizó en Badajoz. En su país, aclara, al hablar de España todos se acuerdan del piloto Marc Márquez, la fiesta y la siesta.

Espera que el sábado, cuando lleguen a casa, tengan algo más que contar tras su paso por Badajoz. «A mis alumnos aún le cuesta relacionarse. Pero es cuestión de días. El viernes seguro que se despedirán con lágrimas de sus amigos españoles».

Carlos Carvajal es uno de los alumnos de acogida del Moñino. Ya estuvo en Bulgaria el curso pasado y sabe más o menos como se puede sentir su inquilino esto días. «Fue una experiencia única. El primer día estás un poco desubicado pero luego cambia... En casa tratamos de ponérselo muy fácil».

Bárbara Costa viene desde Bombarra. Se apuntó a la experiencia de Badajoz porque quiere mejorar su castellano y perfeccionar su inglés. «No hay mucha diferencia. Me he dado cuenta que las bromas son las mismas aquí que en Bulgaria o Eslovenia». En eso coinciden también los profesores. Aunque Carlos enseña inglés en el Moñino y Myh matemática en Liubliana se han percatado de que podrían intercambiar sus horarios durante todo el curso.