Los incendios vuelven a castigar las laderas de San Cristóbal y la Alcazaba de Badajoz

El último incendio afectó a la ladera de San Cristóbal que da a la carretera de Cáceres. :: c. moreno/
El último incendio afectó a la ladera de San Cristóbal que da a la carretera de Cáceres. :: c. moreno

El último fuego fue el viernes, arrasó el cerro donde donde se encuentra el fuerte y se quedó a pocos metros del monumento

Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

El negro es el color de los cerros de la Muela y San Cristóbal cuando llega el calor. Como todos los años, los incendios están castigando el entorno de la Alcazaba y el fuerte, dos de los monumentos más importantes de la ciudad. El último fuego tuvo lugar el viernes pasado y calcinó una parte importante del cerro que hay en la Margen Derecha.

Ese último siniestro comenzó pasadas las ocho de la tarde la ladera del cerro de San Cristóbal que da a la carretera de Cáceres. En apenas dos horas el fuego arrasó toda la pared y se quedó a unos metros de las murallas del fuerte. Además de los rastrojos, se quemaron varios árboles. Los bomberos no pudieron intervenir hasta que las llamas llegaron a la parte alta del monte porque la pendiente impide a los vehículos entrar en gran parte de este terreno.

No ha sido el único incendio en este cerro. También se ha visto afectada una parcela junto a la entrada de vehículos para subir al monumento, la zona más cercana a la avenida Padre Tacoronte.

María de los Ángeles Maguina, vecina de la zona, suele pasear a su perro por este espacio y cree que estos fuegos son actos vandálicos y que también pueden estar relacionados con las basuras que se acumulan en el cerro de San Cristóbal. «Yo suelo aparcar aquí (en la entrada al cerro), pero en esta época no porque me da miedo que salga ardiendo el coche», indica esta vecina.

El solar que señala Ángeles, donde aparcan los vehículos, está lleno de basuras. Hay latas, botellas de plásticos, bolsas... Las parcelas cercanas, que dan acceso al fuerte, están cubiertas de rastrojos secos. Hubo un intento, hace dos años, para desbrozar este cerro usando cabras, ya que es difícil que accedan las máquinas, pero fue insuficiente y no ha habido nuevas limpiezas.

Limpieza de la Alcazaba

Las laderas de la Alcazaba sí fueron desbrozadas. La limpieza se llevó a cabo en octubre del año pasado. Supuso una inversión de 150.000 euros dada la dificultad que supone el terreno. Apenas pudieron usar máquina. Gran parte del trabajo se hizo con obreros, a mano, y sujetos con cuerdas para evitar caídas. El problema es que el desbroce se hizo después del verano debido a que los trámites se retrasaron. Durante la época estival el monumento estuvo lleno de rastrojos y sufrió al menos seis incendios importantes.

Actualmente, las laderas tienen menos maleza que el año pasado. Los efectos de la limpieza se notan, pero los rastrojos han crecido en estos meses. Hace dos semanas se produjo un incendio y los vecinos temen que haya más. «Esto puede volver a arder. No tiene tanta mala hierba como el año pasado, pero un cigarro que tiren de un coche y prendería sin problema», asegura Ángel Calleja, que suele hacer deporte por el parque del Rivillas y fue testigo del último fuego en la Alcazaba.

Para tratar de evitar nuevos fuegos hace unos días se trataron las laderas y las zonas cercanas del Casco Antiguo con productos fitosanitarios. Así lo señalan unos carteles amarillos colocados en las farolas y en los árboles para advertir a los peatones. El objetivo es controlar el crecimiento de la maleza y evitar nuevos siniestros.

El fuerte de San Cristóbal y la Alcazaba no han sido los únicos monumentos sitiados por el fuego este años. Hace dos semanas se produjo un fuego en Puerta Trinidad, en concreto, en el lienzo de muralla que sube desde esta puerta abaluartada hacia El Campillo, en la calle Joaquín Rojas Gallardo. Los vecinos de los edificios cercanos se alarmaron al ver las llamas desde sus ventanas. El fuego arrasó los rastrojos que rodean este monumento y rozaron el lienzo.

Los residentes de este área del Casco Antiguo aseguran que es una escena habitual cada verano.