«Nuestra hija lleva más de un mes sin ir a clase por miedo a sus compañeros»

Los padres de una niña de 16 años de Badajoz que ha presentado una denuncia por acoso escolar se quejan de la falta de atención de la administración

Los padres de la menor, Sara Aparicio y Domingo Rivero, muestran la denuncia presentada.: /C. MORENO
Los padres de la menor, Sara Aparicio y Domingo Rivero, muestran la denuncia presentada.: / C. MORENO
Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

El 1 de marzo Sara le dijo a su hija que tenía que vestirse para irse a clase. La niña, de 16 años, llevaba una semana enferma sin acudir a su centro escolar y respondió que no quería. Su madre le insistió y la menor «estalló». «Tiró todas las cosas del armario, dijo que no podía ir al colegio, que no quería vivir en Badajoz y por fin nos contó todo lo que le estaba pasando», recuerda Sara Aparicio, su madre. El relato incluía amenazas de sacarle una navaja en clase y aislamiento. En su escuela hicieron correr el rumor de que estaba embarazada.

El mismo día que su hija confesó lo que pasaba la llevaron al médico con un ataque de ansiedad y acudieron a la Policía Nacional para interponer una denuncia por acoso escolar y amenazas. También informaron al centro, la Escuela Virgen de Guadalupe de Badajoz, de la situación. Ha pasado mes y medio, la niña se niega a volver a clase y sus padres se quejan de falta de apoyo y soluciones de la administración. «No sabemos nada del famoso protocolo del acoso, ni nos han llamado, ni del colegio, ni de Educación», se lamenta Domingo Rivero, el padre de esta escolar.

Él decidió contar su historia para denunciar la falta de sensibilidad que considera que han tenido con su hija. La gota que colmó el vaso de su paciencia llegó hace unos días. «Mi hija lleva más de mes y medio sin clase porque tiene miedo y sus compañeros, todos, incluso los que sabemos que eran responsables, se han ido de viaje a Lisboa como si fuese un premio». «Yo sé que contar esto a lo mejor no sirve para nada para nosotros, pero no quiero que le pase lo mismo a otros niños. No quiero que se rían de nosotros», añade Domingo.

Según la denuncia interpuesta por esta familia, los problemas comenzaron a principio de curso, cuando la menor, que ha repetido, se incorporó a una clase nueva. «Estaba muy contenta, iba bien y encantada. Sin problemas», dice su madre.

Unas semanas después de arrancar el curso, la menor sufrió un problema médico en la piel y tuvo que faltar a clase un par de semanas. A la vuelta, según han sabido después sus padres, comenzaron los problemas. «No nos contó nada. No ha dicho nada hasta el 1 de marzo cuando estalló y fue explicándonos día a día lo que había ocurrido este curso».

Cuando volvió a clase tras su enfermedad, la niña se dio cuenta de que la miraban mucho. Unas compañeras le explicaron que había corrido el rumor de que estaba embarazada y por eso no había asistido a clase. «La niña lo enfrentó bien, por lo visto. Siguió adelante», dice su padre. Los problemas más graves llegaron tras la vuelta de las vacaciones de Navidad. La denuncia detalla que un compañero de clase se sentaba detrás de ella, se le acercaba e intentaba abrazarla. «Ante la negativa de la denunciante, que intentaba zafarse de él, éste la empujaba. Eran habituales estos hechos, aprovechando el cambio de clase para otras asignaturas».

«En algunas de estas ocasiones en las que la denunciante no se dejaba abrazar, diciéndole que la dejara, que si no 'le iba a meter una hostia', el compañero la amenazaba, diciéndole que le iba a sacar una navaja y le iba a buscar la ruina, o que conocía a personas de los Colorines que lo iban a hacer», relata la denuncia. En cuanto al proceso legal, la familia está a la espera de declarar en los juzgados

Según estos padres, la menor también ha desvelado que en una ocasión se formó un corro de compañeros a su alrededor mientras ella lloraba escondida en su pupitre. La afectada asegura, además, que una vez la sorprendió llorando un profesor y le confesó los hechos.

«No lo detectaron»

Este es uno de los motivos por los que los padres están molestos. Les extraña que la escuela no detectase el problema y no están satisfechos con el proceso desde que avisaron de la situación el 1 de marzo. Consideran que no se les ha informado ni se les ha llamado para hablar con ellos. Domingo Rivero detalla que ha ido varias veces al centro y una a la Inspección Educativa y que no le han devuelto ninguna llamada.

Dicen que la única solución que se les ofreció fue que la niña volviese a la misma clase y que habría una supervisión para evitar nuevos problemas, alternativa que no les gustó. También defienden que hace 20 días se les dijo que habría una respuesta en breve y siguen a la espera. De hecho, han sido los padres por su cuenta los que han solicitado un cambio de centro escolar, que esperan que les concedan lo antes posible.

Domingo Rivero advierte, para las familias que puedan estar en esta situación, que una vez que han sabido lo que ocurría, han entendido muchos comportamientos de su hija que no les cuadraban. «Se ponía mucho enferma. Ha habido muchos días que nos llamaban a las 11 o las 12 del colegio para que fuésemos a recogerla porque le dolía la tripa. Se quejaba mucho de dolores de cabeza y una vez el médico me dijo: ¿la niña está bien en el colegio? Yo le dije que sí, que ella no había contado nada y mira lo que estaba pasando. Tenía tanto miedo que no hablaba».

«Ahora está tranquila porque sabe que no va a volver a ese colegio. Quiere empezar en otro sitio», dice Sara Aparicio, que pide que, en casos así, la administración reforme sus protocolos, que se tenga mayor consideración con las víctimas.