Los gansos vuelven al parque del río en Badajoz

Gansos en el parque del río, donde continúan esta primavera. :: casimiro moreno/
Gansos en el parque del río, donde continúan esta primavera. :: casimiro moreno

Un año después de que las administraciones discutieran sobre cuál debe controlar la población, las aves son las dueñas de los jardines

ROCÍO ROMERO BADAJOZ.

Veinticinco gansos a los cuatro pasos de aparcar el coche, junto al Hotel NH. Otra decena en unos 20 metros, otro grupo más adelante... Y así hasta 127 en diez minutos.

Ha pasado más de un año desde que los expertos dieran la voz de alarma, los usuarios reclamaran una solución y las administraciones discutieran sobre a cuál compete poner orden entre los gansos que campan por las márgenes del río. Pero la situación sigue igual.

Lo certifican los trabajadores que se pasan el día cuidando de la mejor zona de esparcimiento de la ciudad. Añaden que estos días se ven algunos menos porque ya están incubando en los nidos. Pero eso significa que habrá más animales dentro de unas semanas. La solución, por tanto, no ha llegado.

Así los problemas se repiten. Las ocas se comen el césped y las heces estropean las praderas verdes. Los niños cogen del suelo las pelotas que han rodado entre los excrementos, lo que puede suponer un problema de salubridad.

Los gansos vuelan a su aire. Su campo de visión, explica uno de los trabajadores, solo se dirige hacia adelante. De ahí que se hayan chocado en no pocas ocasiones con ciclistas a los que no ven por los laterales.

Hace un mes apenas se observaban porque no había césped, explica uno de los trabajadores. Estaban en el río y en otras zonas de las márgenes. Pero ahora la hierba ha crecido y han vuelto. Si los aspersores funcionan, ahí están comiendo. Cada vez hay más animales, coinciden varios empleados que prefieren no decir sus nombres.

Hay que tener en cuenta que los gansos realizan sus puestas en primavera, por lo que los nidos deben tener ya huevos. Y de ahí que los trabajadores apunten a que hay gansas incubando y, por tanto, fuera del parque. Suelen buscar sitios más tranquilos, entre las piedras o en las islas. El año pasado ya había en la zona del pico y en la margen izquierda.

Los animales se quedan todo el año en las márgenes porque tienen comida. Y tienen comida porque hay visitantes que ignoran los carteles que piden que no se les alimente. El problema no se limita a niños que les dan gusanitos, sino que incluso hay personas que se la lanzan desde el Puente de Palmas.

Lo explican varios trabajadores. También Ana Villena y Maica García, dos paseantes que han visto a gente echar pan desde el viaducto. Hasta un día les cayeron baguettes duras encima. «Vacían sacos completos de pan duros, con baguettes enteros. Pero no una, son bolsas, y bolsas y bolsas... Les da igual que pasen críos o ciclistas». Ellas creen que hay menos animales que el año pasado, pero advierten que vuelven a ver más que hace unas semanas.

El Ayuntamiento prohibió la alimentación de los animales por un doble motivo. Por un lado, para controlar la colonia. Por otro, para evitar enfermedades. Corren riesgo de desarrollar patologías por el atracón de hidratos de carbono. De ahí que algunos tengan 'alas de ángel', añade uno de los trabajadores. Esta enfermedad puede impedir a los animales volar.

Esa advertencia no cala entre los ciudadanos, ni tampoco en las administraciones que apenas han actuado en el último año. Tras varios desencuentros con la Junta de Extremadura, el Ayuntamiento organizó una serie de capturas. Pero solo lo logró el primer día, el 20 de abril. Apresaron medio centenar y los repartieron entre los ayuntamientos de Riolobos y de Maguilla. Las aves aprendieron que si entraban en la jaula no salían, y el segundo día resultó un fiasco.

La Concejalía de Medio Ambiente abrió un listado para que los pacenses interesados en llevar aves pudieran hacerlo, pero apenas nadie lo consiguió. Solo las instituciones.

Cuando comenzaron a nacer los polluelos, los empleados vieron a pacenses llevándose a algunos. Y alguno de los trabajadores recogió unos cuantos para repartirlos después, pero se vio obligado a soltarlos ante las críticas de algunos viandantes, según explica a HOY.

Quienes pasean frecuentemente por el parque han asumido a estos animales como un elemento más. Así lo ven Cristina Menor y Mercedes Contreras. Ellas estaban el jueves en la margen derecha del río. «Los veo por todas partes», apuntó Cristina Menor. Para Mercedes Contreras no suponen una molestia y ve tantos animales como el año pasado.

Los quioscos eran uno de los sitios donde más molestaban. Andaban entre las mesas, se subían a estas y cogían la comida directamente. Ahora esas escenas no se dan, explican desde la barra. «Los que quedan no vienen, están por el césped, pero en la terraza no entran cuando hay gente», añade una de las camareras. «¡Qué bien que no están!» es lo que más oyen a sus clientes.

Más allá de las molestias que generan a los usuarios y los problemas que crean en el césped, estos animales suponen una amenaza para la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA). La ciudad intenta situarse en el mapa de destinos turísticos para el avistamiento de aves gracias a la riqueza de ejemplares que existen en el río.

Sin embargo, no ha hecho nada por reducir las aves, a pesar de que suponen un riesgo para la ZEPA. Los expertos consideran que son un foco de enfermedades para otros ejemplares, otras especies y humanos. Además, las ocas tienen un carácter agresivo y compiten directamente por los nidos y la alimentación con las aves protegidas. Al tratarse de una especie introducida, no tienen predadores y eso hace que la colonia no se regule por sí misma. De ahí la importancia de que las administraciones actúen.

Sin embargo, ha pasado un año y todo sigue igual.