Ganarse la vida con una cámara oculta

Ignacio Lozano realizando una de sus grabaciones en la calle. :: m. m.

El detective privado Ignacio Lozano desvela cómo ha sido su trabajo en Badajoz durante los últimos 20 años

Marta Muñoz
MARTA MUÑOZ

Un ciego que pedía la invalidez y fue descubierto conduciendo un coche o el padre de una novia que desconfíaba de la fortuna de su futuro yerno. Son algunos de los 2.000 casos a los que se ha enfrentado en Badajoz el detective privado Ignacio Lozano. Este extremeño lleva casi 20 años dedicado a este oficio. No le importa revelar su identidad, pero sí pide mantener en secreto su imagen para no perjudicar su trabajo.

Sus inicios en este mundo comenzaron en su ciudad, Badajoz. Aquí completó los estudios de Criminología. Durante el curso, el catedrático Borja Mapelli Caffarena le animó a sacarse la licencia de detective en Sevilla. Y así fue. En el año 1999 terminó esta formación y se trasladó a Madrid para comenzar su nueva vida.

Para poder dedicarte a esta profesión hay que obtener un título universitario de grado, en el ámbito de la investigación privada, que acredite la adquisición de las competencias que se determinen, o bien o un título del curso de investigación privada, reconocido por el Ministerio del Interior.

La mayor parte de sus casos están relacionados con fraudes laborales, aunque también hay temas familiares

El siguiente paso, según Lozano, es inscribirse en un registro de la Dirección General de la Policía. Tras reunir todos los documentos necesarios, tuvo que darse de alta como detective privado y obtener un número de licencia. Una vez superados todos estos trámites, el investigador debe llevar un libro de registro en el que incluye a las personas investigadas, sus domicilios y los datos más importantes. «Es una profesión que está bastante regulada», detalla.

Tras un año trabajando en la capital española, Lozano decidió regresar a su tierra para desempeñar su oficio. Desde entonces, se ha enfrentado a más de 2.000 investigaciones como detective privado.

El primer paso es el mismo en cada caso. El extremeño acuerda una entrevista en su despacho de la capital pacense con la empresa o particular que requiere sus servicios. Ese primer encuentro, que tiene un coste base de 200 euros, es vital para establecer la línea de investigación. Lozano recaba todos los datos necesarios para comenzar con el caso y va informando al cliente de las novedades obtenidas.

Sus clientes suelen ser empresarios, compañías de seguros y mutuas de accidentes de trabajo. Los temas de ámbito laboral son los más comunes. Sin embargo, los casos familiares también están muy presentes. Resuelve conflictos en las relaciones personales, investiga temas de custodia compartida, de pensión alimenticia, de pensión compensatoria, así como el comportamiento de los padres ante los menores.

El extremeño reconoce que hubo una época dorada en este oficio, allá por los comienzos de siglo, cuando le llegaban multitud de casos para las mutuas accidentes de trabajo. Ahora el número ha descendido y atiende entre 40 y 50 al año.

Para cumplir con los objetivos que se le plantean, el investigador trabaja con la última tecnología de fotografía y vídeo. Las cámaras ocultas son otro elemento importante en sus investigaciones cuando estas requieren pruebas que implican la grabación en un establecimiento.

Clave

La clave de sus grabaciones es que todas aportan la fecha y la hora. Esto, según Lozano, constituye una garantía para la persona que le ha contratado, ya que evita que se genere cualquier duda en torno a la fiabilidad de la prueba. «Está absolutamente admitida en los tribunales y prevista en la ley del enjuiciamiento civil», aclara.

Lozano quiere dejar claro que su labor no se basa en espiar a una persona. «Tiene que haber una legitimación muy clara. En base a la última legislación de seguridad privada, debe estar absolutamente documentada para que, quien nos contrata, tenga una relación contractual personal-jurídica con la persona investigada. Eso es una garantía de cara a los tribunales», afirma.

Tantos años como detective privado le han valido a Lozano para sumar anécdotas de todo tipo. Una de ellas fue un intento de fraude de un particular a su empresa. El individuo en cuestión reclamaba una gran invalidez, que es la máxima que puede pedir un trabajador por estar supuestamente lesionado por un tema de contingencias comunes o accidente laboral. Según Lozano, alegaba una invidencia, pero le grabó trabajando de comercial y conduciendo un vehículo.

En el juicio, la empresa aportó las pruebas recabadas por el extremeño y las pretensiones del hombre se vieron completamente anuladas. Lozano aclara que el juez estuvo a punto de iniciar las acciones legales pertinentes por un intento de fraude procesal a la Seguridad Social.

En cuanto a investigaciones relacionadas con el ámbito familiar, recuerda un caso en concreto. «Tuve que viajar a México para comprobar que un hombre, que estaba a punto de casarse, era quien decía ser», argumenta. El futuro suegro fue el encargado de contratar los servicios de Lozano. Finalmente, se demostró que todo lo que contaba el chico sobre su vida y su alto poder adquisitivo era real.

En sus más de 2.000 casos reconoce que nunca se ha visto en una situación que supusiera un peligro real para él. «Si se sabe actuar bien y sabes advertir algún peligro no tienes ningún problema. Se suelen investigar a personas normales y corrientes. No se investigan cuestiones penales», aclara. Sin embargo, el detective privado reconoce que se debe extremar la precaución cuando hay que trabajar en barriadas o zonas conflictivas en las que la delincuencia y la drogradicción hacen mella.