Fuego, esa rutina de verano

Fuego, esa rutina de verano
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

El fin de semana bajé la basura, me monté en el autobús y me fui al Casco Antiguo. Hay cosas que cuando funcionan bien no se valoran, y en este grupo podemos incluir la fiesta de Los Palomos que acaba de concluir, los autobuses urbanos (ahora que media población se ha quedado sin bus de ruta por huelga hemos recordado que el transporte es clave) o la recogida de basura, otro servicio que cuando falla pone patas arriba la ciudad y nos deja al borde de la cuarentena.

Lo malo es que hay otras cuestiones que a fuerza de no funcionar terminamos por acostumbrarnos, como ese fuego propagándose tan cerca de las personas que empieza a ser rutina en estas fechas. Me llama la atención que en cuanto se aproxima el verano haya, como mínimo, un incendio cada semana, unas veces amenazando zonas de viviendas, otras a punto de arruinar un conjunto histórico, el último la Alcazaba cuya ladera se muestra desde ayer como una montaña de carbonilla.

El desbroce de solares ha mejorado, y también que el servicio de bomberos es otra de estas prestaciones punteras que funcionan bien en la ciudad.

Llevamos dos semanas raras. El gobierno local se ha quedado congelado tras las elecciones, pero la vida sigue. Pese a esta especie de limbo municipal estoy seguro de que los alcaldables están negociando duro y en las últimas horas se están poniendo cosas sobre la mesa que atañen al funcionamiento de Badajoz. Todos prometen cambiar lo que funciona mal. Yo no sé si conformarme con que nadie cambie lo que funciona bien.