La fiesta también se disfruta sentado

Una despedida de soltera que empezó su fiesta por el centro. :: Casimiro Moreno/
Una despedida de soltera que empezó su fiesta por el centro. :: Casimiro Moreno

La Feria del Día evoluciona del desenfreno de los primeros años a un ambiente más tranquilo

J. LÓPEZ-LAGO

La Feria de Día se inventó en el año 2002 cuando la Asociación de Empresarios del Casco Antiguo notó que a los pacenses les costaba desplazarse a un recinto ferial recién estrenado a las afueras de Badajoz. Entonces la gente acogió esta alternativa con un animo festivo que sorprendió tanto a los organizadores como a los hosteleros. Lógicamente el Ayuntamiento observó con preocupación aquella competencia repentina que vaciaba sus casetas.

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Hoy la situación se ha compensado y la Feria de Día no es aquella versión alocada del Casco Antiguo con barras y música en las calles, charangas, batucadas y clientes que podían sentarse a comer de milagro porque la mayoría de bares no estaban preparados para semejante aluvión.

Con la ayuda no solicitada del Ayuntamiento, que desde las siete de la tarde prohíbe sacar barras (ya no hay) y veladores para darle un baldeo a las calles, la iniciativa de hace catorce años ha evolucionado desde desenfreno hacia la normalidad. Ayer se vio lo que queda de la Feria de Día: farolillos de adorno, ofertas de raciones que incluyen una botella de manzanilla por diez euros, pandillas de todas las edades que quedan para comer y encuentran mesa sin demasiados problemas y pubs a la caza de clientes que quieren alargar la tarde bebiendo cubatas hasta que debaten si marchar al ferial o quedarse. En resumen, el centro presenta un ambiente más tranquilo y muy parecido al de cualquier sábado con buen tiempo. Se sabe no obstante que el centro está celebrando la feria de San Juan por actuaciones en la calle que promueven los hosteleros. Ayer cantó el coro rociero Azabache y las chicas de Puro Flamenco ofrecieron un espectáculo de baile.

Aunque en realidad la oferta es mayor, los establecimientos adheridos a la Asociación de Empresarios del Casco Antiguo son 26 restaurantes y bares y cuatro pubs de copas, cuyos camareros comparten mandil y alfombra de lunares identificativa. Varias personas repartían ayer esta lista de locales estampada sobre un mapa a los viandantes que se iban acercando a la zona de ambiente, prácticamente acotada a la Plaza de España, calles Meléndez Valdés, Muñoz Torrero, Felipe Checa, Plaza de la Soledad, Plaza Alta y Plaza de San José.

Juan Antonio Leo, gerente de Aecab, señalaba ayer que «la afluencia parece menor, similar a la del año pasado, sin embargo el rendimiento para los hosteleros sigue siendo muy bueno. La feria ya no es ta loca como antes, se ha vuelto más sedentaria, de gente que viene a comer y reserva con antelación».

Fermín Serrano, de la tetería Al Bossa, decía que en comparación con otros años notó el ambiente más calmado. En su opinión, «éste debería ser el fin de semana fuerte porque aún están los estudiantes. En nuestro sí notamos afluencia es cuando organizamos algo, por eso hemos programado varias actuaciones, como la de Paquillo, el vocalista de Divan DuDon el jueves por la tarde».

Otro empresario que ayer ambientó su local fue Julián Monge, dueño de El Silencio, en Moreno Zancudo. En su caso ésta es la primera Feria de Día que afronta. Pero aunque es nuevo en el barrio está decidido a ambientar el Casco Antiguo. «Hemos traído gambas, nos vestimos de flamencas y cuando fuimos a por los platos de lunares nos gustaron tanto que hemos decorado con ellos todo el bar. Hoy está tranquilo, pero esperamos que se anime en los próximos días», decía.

Intervenciones en el ferial

En cuanto al recinto ferial de Caya, cuyo encendido de luces tuvo lugar el viernes, la primera noche transcurrió sin incidencias, según informó Cruz Roja, que ha desplegado allí un operativo formado por 14 voluntarios, un puesto médico, dos ambulancias y un vehículo de intervención rápida.

En la madrugada del sábado realizaron diez asistencias: cinco heridas accidentales, dos traumatismos, dos crisis epilépticas y una intoxicación por ingesta de alcohol.

De ellas, dos requirieron traslado a centro hospitalario, una por la necesidad de realizar pruebas complementarias y otra debido a una crisis epiléptica para mantener al paciente en observación.