Estudiar y celebrar

Opositores antes de entrar a un examen en Badajoz. /HOY
Opositores antes de entrar a un examen en Badajoz. / HOY
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Los padres ya han apuntado a los niños a los campamentos, la mayoría de piscinas están abiertas, el frutero ya trae melones ricos, un español ha ganado Roland Garros, el ferial empieza a recibir camiones para recordarnos que con San Juan empieza el verano y por eso los días son más largos, de ahí que el cuerpo nos pida calle. Así transcurre junio, un mes que trae las rutinas más esperadas del año.

Quienes tienen exámenes no pueden decir lo mismo. No me refiero a la Ebau, que ya ha terminado y ha dejado a miles de adolescentes desoficiados. Hablo de los opositores. Este año quienes aspiran a convertirse en maestros de la Junta no reparan en el gazpacho o la feria, típicos del mes de junio. Por lo que he leído, son 6.676 candidatos para 710 plazas y los primeros exámenes tienen lugar el día 22 en Cáceres y Badajoz. Después habrá más pruebas para quienes superen el primer test.

Entre los inscritos que conozco nadie tiene menos de cuarenta años. Se trata de hombres y mujeres con hijos que llevan meses estudiando siete días a la semana. Todos están dispuestos a iniciar ese carrusel de destinos que te van adjudicando mientras no tienes plaza, situación que puede prolongarse decenios. A mí que se normalice este modo de vida me parece espeluznante.

Esta semana este diario llevaba una foto de cuatro mujeres que eran el vivo reflejo de la felicidad. Dos tocaban la palmas, una hacía con los dedos dos uves de victoria y la cuarta, de espaldas, apuesto a que estaba, como mínimo, sonriendo. Voy a ser presuntuoso, pero ninguna tenía menos de cuarenta años. Parecía que les hubiera tocado la lotería, pero celebraban que se acababan de convertir en funcionarias, en este caso del Ayuntamiento de Cáceres. Tenían, al fin, un trabajo fijo para toda la vida, el mismo.

Me chirría todo, tanto el sacrificio tan enorme que unos hacen por tener un trabajo estable como la alegría desbordada de otros por conseguirlo. Es como si tuviera que celebrar que me impusieran vivir en el mes de junio todo el año.