Una estudiante autista gana un premio por un trabajo sobre el ruido y su trastorno

Aridia posa con el semáforo que marca el nivel de ruido. :: c. moreno/
Aridia posa con el semáforo que marca el nivel de ruido. :: c. moreno

Aridia Pizarro y sus compañeros de cuarto de la ESO del IES San Roque han logrado un galardón en el certamen de innovación de Endesa

NATALIA REIGADASBADAJOZ.

Aridia Pizarro Paredes tiene 16 años y buenas notas. Quiere hacer un Bachillerato de Ciencias, estudiar Diseño de Videojuegos y en el futuro montar su propia empresa. Esta semana ha sumado una buena línea a su currículo al recoger un galardón de Endesa por un proyecto que ha hecho con su clase de cuarto de la ESO en el IES San Roque de Badajoz. Aridia tiene todo eso y también un trastorno del espectro autista (TEA).

Esta alumna pacense está terminando la Secundaria en un instituto gracias a un aula específica de TEA, un recurso que sirve para que los estudiantes con autismo puedan completar su formación dentro de un centro normal, integrándose con el resto de sus compañeros.

En el caso de Aridia ha sido un éxito. Ha completado sus cuatro años de Secundaria y además está unida a sus compañeros. Por esa razón todos se volcaron cuando la profesora de Física y Química les propuso hacer un proyecto científico en su tiempo libre y además centrarlo en ayudar a los estudiantes con TEA.

«El ruido es perjudicial para cualquiera, incluyendo las personas con autismo, ya que son hipersensibles», explica Aridia Pizarro

En su estudio han medido el ruido dentro y fuera de su instituto, han analizado cómo afecta a los estudiantes con y sin TEA y además están tomando medidas para mitigar las molestias. Por ejemplo, los propios alumnos construyeron un semáforo que se pone rojo cuando se superan los 60 decibelios.

«Queríamos concienciar sobre el ruido porque es perjudicial para cualquiera, incluyendo las personas con autismo, ya que son hipersensibles», explica Aridia Pizarro, que añade que en el día a día hay mucho ruido «aunque mucha gente no le da importancia a eso».

«Es un centro ruidoso»

La profesora que propuso el proyecto fue Pepi Jaramilllo Romero. Cada curso suele organizar actividades extraescolares con sus grupos. Este año propuso a la clase preparar un proyecto para llevarlo a la Reunión Científica, un congreso académico que ha cumplido 23 años y que reúne propuestas de distintos centros escolares de Extremadura y de otras comunidades. Posteriormente, lo presentaron a los premios Endesa sobre Innovación Educativa y han logrado en segundo puesto en la categoría de soluciones creativas para el Medio Ambiente.

«En este centro se juntan dos cosas. Cuando yo llegué aquí, la primera impresión fue que era especialmente ruidoso. Eso unido a que hay una aula específica del Trastorno del Espectro Autista (TEA) cuando normalmente estos alumnos se ven afectados, suelen tener una hipersensibilidad sensorial. Por eso se me ocurrió la idea de mezclar las dos cosas», relata Jaramillo.

Once escolares de cuarto han ido realizando el trabajo en los recreos y en su tiempo libre, entre ellos, dos alumnas con autismo. Aridia Pizarro ha sido de las que más se han implicado y la responsable de presentar en proyecto en público.

El proyecto ha tenido tres fases. La primera era medir el ruido para comprobar si realmente era excesivo en la vida de los escolares, prestando especial atención a las horas en las que están en el IES San Roque. Construyeron sus propios sonómetros con ayuda del profesor de Tecnología e hicieron un mapa sonoro del centro para ver dónde había más ruido.

Se comprobó por ejemplo que en los pasillos, a la hora del timbre, se superaban los 85 decibelios. En los recreos el nivel también era muy alto. En el aula TEA, sin embargo, el nivel de ruido es mucho más bajo, con 40 o 45 decibelios, ya que estos escolares trabajan de otra manera.

Cuando reunieron los datos, decidieron investigar cómo percibían el ruido dos grupos de alumnos, el primero con TEA y el segundo sin el trastorno. Se llevaron a su casa una ficha en la que debían valorar el ruido durante su jornada: en el desayuno, la ducha, camino del instituto, en el aula, en el recreo, etc. En este caso no se utilizaban sonómetros, sino que buscaban una percepción subjetiva.

Hay conclusiones sorprendentes. «Se observa que a los alumnos autistas en realidad no les molesta tanto el ruido en sí porque, por ejemplo, la ducha tiene 85 decibelios, el secador 80. Sin embargo ellos, ahí, valoraban con una intensidad más baja que los niños que no tienen autismo ¿Dónde ponían ellos más intensidad?», pregunta la profesora de Física y Química.

«En el instituto», responde Aridia convencida. «Especialmente cuando están en los pasillos o en el recreo», añade. Esta alumna explica que el problema es cuando están rodeados de gente hablando a la vez. «El secador tiene una intensidad alta, pero es constante y están solos», explica la profesora. «Los ruidos a nivel social son los que más les molestan», añade Puri Caballero, docente de audición y lenguaje del aula TEA.

Otra conclusión sorprendente es que los alumnos TEA no valoran como agobiante el ruido en el patio durante el recreo. Los profesores pensaban que sería uno de los momentos más estresantes, pero no es así. La propia Aridia detalla que muchas personas con autismo aprovechan estos momentos para estar apartados, en sus pensamientos, por lo que no perciben «el follón».

El estudio va a servir para mejorar su propio instituto. Además de la instalación del semáforo que marca los decibelios, los estudiantes han propuesto otra serie de medidas. Por ejemplo, quieren colocar pelotas de goma en las patas de las sillas para amortiguar los sonidos. También darán charlas para concienciar a los estudiantes más jóvenes.

El padre de Aridia está encantado con la experiencia, más allá del premio. «Estoy orgulloso porque ella pueda participar igual que el resto de compañeros en este tipo de actividades, por encima del proyecto en si», dice Teodoro Pizarro.

Pizarro también reclama más aulas específicas de TEA y las recomienda a los padres que tengan reparos. Su hija estuvo en Infantil en un centro especializado en TEA, pero en Primaria decidieron integrarla en el colegio normal y luego en el instituto, en el primer aula específica que se creó en la provincia de Badajoz, que fue la del IES San Roque. «Cuando empezó el aula aquí teníamos muchos miedos porque considerábamos que la Secundaria no era tan familiar como la Primaria. Había muchos más profesores. Pensamos que iba a tener muchas dificultades y la realidad ha sido que la acogida del aula ha sido muy buena en todos los sentidos, por parte del todo el profesorado. La inclusión del aula en el instituto ha sido fantástica».

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