El dueño del club Halloween de Badajoz afirma que las mujeres no eran trabajadoras «sino clientes»

Los acusados se sentaron este miércoles en el banquillo de la Audiencia Provincial de Badajoz. :: /C. MORENO
Los acusados se sentaron este miércoles en el banquillo de la Audiencia Provincial de Badajoz. :: / C. MORENO

La Fiscalía mantiene la petición de dos años de prisión para el administrador del local y dos trabajadores por no dar de alta a las camareras

E. F. V.

El administrador único del club Halloween, ubicado en la barriada de Llera de Badajoz, dijo este miércoles en el juzgado que las once chicas que fueron sorprendidas el 29 de mayo de 2015 por los inspectores de trabajo en este club de alterne no eran trabajadoras del local sino «clientas» en un negocio abierto tanto a hombres como a mujeres.

De ese modo respondía a los cargos formulados por la Fiscalía de Badajoz, que lo acusa de tener sin contrato a las once camareras de alterne que se encontraban en el club cuando los inspectores y la policía visitaron la sala por sorpresa.

Del supuesto delito contra el derecho de los trabajadores se acusa también a dos empleados que sí estaban dados de alta. La Fiscalía propone para todos ellos una pena de dos años de prisión mientras que las defensas solicitan la libre absolución de los tres encausados después de que las chicas dijeran este miércoles que no recibían pago alguno –sólo una reconoció que le abonaban el 50% de las consumiciones que hacían los clientes– y que tenían total libertad para entrar y salir sin someterse a ninguna obligación.

El primero en declarar fue J. A. G. P., administrador único de la sociedad que gestiona el club. «Mis trabajadores siempre estuvieron dados de alta. Esas mujeres que menciona estaban allí tomándose copas, como cualquier cliente. Nunca han sido trabajadoras», aseguró. «¿Qué explicación tiene entonces que fueran retribuidas con el 50% del importe de las consumiciones? ¿O que tuvieran un horario de entrada y salida? ¿Por qué debían vestir de una forma sugerente?», le preguntó el fiscal. La respuesta fue clara: «Es totalmente incierto. Esas personas son libres para ir a los locales que quieran».

Una explicación similar ofreció J. M. E. P., considerado por la Fiscalía uno de los dos encargados del club. «Allí hay clientes, mujeres y hombres (...). Mis clientes entran a la hora que quieren, hoy pueden ir al Halloween, mañana a otro local de Badajoz y al día siguiente a Madrid. Son clientes». Este segundo acusado dijo que su función consistía en limpiar, ayudar a los camareros y vigilar que no entraran menores. «Mi jefe me decía a mí y yo decía a la gestoría. Yo soy un empleado, no tengo decisión».

Finalmente declaró V. M. B. S., al que la Fiscalía considera también encargado del local. «Mi función era salir a comprar, ayudar en la barra... Lo que me manden».

«¿Usted sabe si alguna de las chicas era prostituta?», le preguntó el presidente del tribunal. «Yo sé que van ahí al local a tomar copas. No sé».

En esos tres interrogatorios, el fiscal quiso saber si las mujeres recibían la mitad del importe de las consumiciones –el precio habitual era de 20 euros– canjeando al final de la jornada los tiques que les entregaban los camareros. «Eso no es cierto», aseguró J. M. E. P.

También intervinieron los tres inspectores de trabajo que visitaron el club. Ellos redactaron el informe que utilizó como base la Fiscalía para formular la acusación.

Los inspectores dijeron que cuando llegaron al local había quince trabajadores, pero sólo cuatro estaban dados de alta en la Seguridad Social. Los once restantes eran chicas que vestían «de forma sugerente», algunas de ellas con ropa interior, transparencias y faldas muy cortas. «¿Iban como se suele ir a un pub», les preguntó el fiscal. «No», contestaron.

Los tres técnicos recordaron que en esa visita charlaron con cada una de las chicas, quienes les dijeron que casi todas llegaban cuando abría el local y se marchaban cuando cerraba; que tenían uno o dos días de descanso a la semana; y que algunas llevaban tiempo trabajando allí. También les confirmaron que el camarero era el encargado de pagarles al final del día el 50% de las consumiciones de los clientes. Para ello, canjeaban los cartones que les entregaban cada vez que un cliente pedía una consumición.

Los dos abogados de la defensa cuestionaron el hecho de que el día de la inspección no se hubiese solicitado la inmediata comparecencia del administrador de la sociedad y que tampoco se haya aportado ninguno de los supuestos tiques que recibían las chicas. A la primera cuestión, los inspectores respondieron que si no llamaron al administrador es porque vivía lejos de Badajoz.

Los inspectores también indicaron que el local podría haber regularizado la situación de las mujeres dándolas de alta antes de las 12 del mediodía del día siguiente. «El acta se levantó porque no las dieron de alta en plazo y forma».

Dos componentes de la Brigada Provincial de Extranjería y Documentación confirmaron por su parte que las chicas se dedicaban a la captación de clientes. También indicaron que en esa inspección el encargado colaboró para que las chicas entregasen la documentación.

Por último, declararon las mujeres. La primera lo hizo por videoconferencia y confirmó que había ido al club «en alguna ocasión» pero que nunca la habían obligado a realizar ninguna actividad sexual. Añadió que cuando visitaba ese local no tenía horario, que podía entrar y salir cuando lo desease, y que recibía la mitad de lo que valían las copas. A preguntas del fiscal, indicó que los dos trabajadores que se sentaban en el banquillo hacían las veces de jefe.

Ella fue la única testigo que dijo haber recibido la mitad del importe de las copas. El resto de las mujeres negaron que existiera ese pago y reafirmaron que no trabajaban en el club ni tenían horario. «¿Qué hacías cuando estabas en el local?», le planteó el fiscal a una de las chicas. «Yo tenía un amigo y estaba con él tomando copas».

Otra confirmó que se dedicaba a la prostitución, pero no por encargo de nadie sino por decisión propia, por lo que se quedaba con el dinero que le generaba esa actividad.

Tras escuchar estos testimonios, el juicio quedó visto para sentencia. La Fiscalía mantuvo la petición de dos años de cárcel y la accesoria de clausura del local por un período similar, mientras que dos abogados de la defensa pidieron la absolución al entender que no existen pruebas que demuestren relación laboral alguna entre las mujeres y el club.

 

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