Diez mil formas de llegar a Bótoa

La marcha del sábado por la tarde cumple treinta años en esta edición | Entre caminantes, caballistas y fieles, la hermandad espera hoy cerca de diez mil devotos

Salida de la marcha organizada por el Club del Caminante/PAKOPÍ
Salida de la marcha organizada por el Club del Caminante / PAKOPÍ
Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

José Ramón Paisano anda a 130 pasos por minuto desde la Renault de San Roque hasta la ermita de Bótoa. Joaquín Luján marcha a cuatro kilómetros y medio por hora. Osvaldo Guillén va al trote lento. Hace calor y no conviene castigar al caballo. Las hermanas Caro no miran el reloj. Paseo tranquilo y repostaje en la cantina de Valdebótoa. A Mari Carmen las varices le han condenado al autobús y Javier Giralt ha perdido la cuenta de los viajes en coche de la última semana.

En la ermita de Bótoa se espera este fin de semana cerca de diez mil devotos. Hay quien viene por promesa, por tradición familiar, por deporte o por lo bien que saben los filetes empanados bajo la encina. Tantas formas y razones para llegar como peregrinos en el camino. Y todas confluyen hoy a mediodía cuando saquen a la imagen en procesión hacia la encina.

El hermano mayor Giralt no se atreve a pronosticar si habrá más o menos gente. Cuenta con el tiempo a favor pero con El Faro en contra. Pero lo importante, aclara, es que poco a poco la romería va recuperando el carácter familiar que perdió a principios de siglo. «Hubo unos años muy raros, con mucha gente que no venía precisamente a ver a la Virgen, pero ahora estamos dirigiéndonos precisamente hacia lo que anhelábamos y eso es lo que queremos». A Giralt y su junta de gobierno les toca organizar el evento y mantener la ermita durante todo el año. Reuniones mensuales y muchas horas de sueño robadas a la cama esta semana. Seguridad, limpieza, aparcamientos, puestos y barras, protocolo, flores... «Nuestra satisfacción es que mucha gente pase por la ermita y vea a la Virgen».

Arriba, osvaldo Guillén y su grupo de caballistas a la altura de la rotonda de Gévora. Abajo a la izquierda, Mari Carmen Caro, Paqui Caro y Lourdes Sánchez salieron por la mañana; y a la derecha, servicio especial de Tubasa para llevar y traer peregrinos. / PAKOPÍ

La satisfacción de Joaquín Luján es ver la cañada real convertida este fin de semana en un camino de hormigas. Socio fundador del Club del Caminante, hace justo tres décadas se empeñó en recuperar una tradición perdida. Nadie iba a Bótoa andando. El club empezó a organizar quedadas el sábado por la tarde desde Puerta de Palmas y ahora ya no le necesitan. «Antes salíamos tres mil o cuatro mil de aquí, ahora vamos mucho menos porque ya han aprendido y van por su cuenta».

Luján tiene once caminos de Santiago en sus piernas y rara es la ruta senderista de la que no guarda camiseta en casa. Ayer, antes de partir de Puerta de Palmas a las cuatro de la tarde, agradeció las tres décadas de caminatas a la Virgen y le pidió en voz alta aliento para el trayecto.

Las hermanas Caro empezaron precisamente con Luján en el 89. Pero ayer, por primera vez, partieron por la mañana. A las dos ya estaban en la puerta de la ermita. Acertaron con el cambio de horario. «Pasas menos calor y se hace más llevadero».

En soledad prefiere acercarse hasta Bótoa José Ramón Paisano. Militar de 53 años con cuerpo de fondista y barba de guitarrista del 'ZZ Top'. Este año dice tener muchas cosas que agradecerle a laVirgen. Paisano es de los pocos que va y vuelve andando desde de su casa. En total, hace más de 35 kilómetros. Un aperitivo para alguien que cumple con nota en los famosos 101 kilómetros de la Legión en Ronda.

En Bótoa tampoco pueden faltar caballistas. Cada vez más según ha comprobado Osvaldo Guillén. Más de veinte años repitiendo. Paseo tranquilo y familiar con jinetes de todas las edades. Hay muchas formas distintas de llegar a Bótoa.

Víctor Pinna, Miguel Reynolds, Ignacio Carando y el Hermano Mayor Javier Giralt
Víctor Pinna, Miguel Reynolds, Ignacio Carando y el Hermano Mayor Javier Giralt / PAKOPÍ