«Contar que tienes una enfermedad mental no es fácil, pero hay que hacerlo»

Sergio Aguas García, un pacense que sufre esquizofrenia, pasea por la calle Enrique Segura Otaño. :: Casimiro Moreno/
Sergio Aguas García, un pacense que sufre esquizofrenia, pasea por la calle Enrique Segura Otaño. :: Casimiro Moreno

Cuatro pacenses en tratamiento explican cómo es su día a día y denuncian el rechazo que despiertan sus dolencias

Natalia Reigadas
NATALIA REIGADASBadajoz

Hay pacenses que sufren una enfermedad mental y no se atreven a ir al médico, otros prefieren evitar la medicación por miedo al qué dirán. También existen casos que rechazan las ayudas para que no los etiqueten, que cuentan que se han ido de año sabático para evitar decir que están ingresados o que no pueden explicar lo que les ocurre por miedo a no encontrar trabajo. El miércoles pasado se celebró el Día Internacional de la Salud Mental. HOY ha estado con cuatro personas que hablan de sus enfermedades abiertamente a pesar de que han sentido el rechazo que producen.

Son Sergio Aguas, Álvaro Hernández, Joaquín Bustos y Joaquín Nogales. Tienen distintas enfermedades, diferentes ambiciones y edades distantes, pero los cuatro son usuarios de la Fundación Sorapán de Rieros, especializada en el apoyo de las personas con trastornos mentales, y todos creen que hablar de su dolencia no debería ser un tabú.

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Sergio Aguas García acababa de iniciar sus estudios superiores fuera de la ciudad cuando todo se torció. Tuvo que volver a casa y le ingresaron en psiquiatría. El diagnóstico fue esquizofrenia y ha pasado los últimos 20 años luchando para que su enfermedad no le impidiese llevar una vida normal.

Es sincero. No ha sido fácil. «No siempre va bien. El principio es muy complicado hasta que dan con la medicación y con la tecla adecuada. Luego, como cualquier persona, siempre hay desfases. Nadie está contento siempre. Esto es cambiante. Te afecta el tiempo...».

A pesar de las dificultades, este pacense ha logrado completar sus estudios, conduce, es independiente y ha trabajado en muchos sectores, aunque actualmente se encuentra en paro. Se está preparando las oposiciones a celador del Servicio Extremeño de Salud.

Tampoco es sencillo encontrar empleo con una enfermedad mental. «En una entrevista de trabajo tienes derecho a tu intimidad, no tienes por qué contarlo, pero yo siempre lo he dicho. Es como tener diabetes o problemas de corazón y ocultarlo».

Sergio Aguas siempre ha ido con su verdad por delante, durante dos décadas. «No es fácil. Ves que la gente se queda como... Cambian, pero nunca te dicen nada. No dicen nada de nada». En su caso, fue su madre la que le animó a ser sincero desde el principio. «Cuando me pasó, me dijo: mira, hay que cogerlo por los cuernos y decir la verdad. Esto no se debe esconder».

Este pacense asegura que la situación ha mejorado con respecto a hace 20 años. «Ahora hay más gente con depresión, así que se habla más de ello y hay más sensibilización». Pero queda mucho por hacer, añade, por ejemplo, darles más oportunidades laborales.

«No suelo decirlo en los trabajos porque tienes que dar muchas explicaciones y siempre está el estigma» Joaquín Nogales | 35 años

Lo mismo espera Álvaro Hernández, que también está buscando trabajo. Este pacense tiene 26 años y fue diagnosticado solo hace unos meses, así que aún se está adaptando a su situación. Tiene un trastorno depresivo. «No hay que avergonzarse, pero mucha gente no lo reconoce o no quiere tratarse. Si estás mal, cuéntalo».

Hernández anima a las personas que sientan que necesitan ayuda, a pedirla. «Que no tengan miedo, que no pasa nada. Siguen siendo ellos mismos».

Este joven acaba de comenzar a trabajar con la Fundación Sorapán de Rieros y dice que es reconfortante contar con apoyo, especialmente de otras personas que ya han pasado por lo mismo. Su ambición es completar sus estudios de auxiliar administrativo y encontrar trabajo. «Como cualquiera».

«No es ningún crimen tener una enfermedad mental», añade Joaquín Bustos, otro usuario, «aunque parezca que sí».

Este placentino, afincado ahora en Badajoz, tiene 53 años y trabaja en hostelería. Le diagnosticaron un trastorno afectivo hace cinco años, aunque sospecha que sus problemas se remontan a años atrás, pero no se atrevía a ir al médico. Finalmente, él mismo decidió pedir ayuda. «Me encontraba mal, me hicieron una valoración y estoy en tratamiento».

Miedo a las etiquetas

Reconoce, de todas formas, que no es fácil. «Tengo una amiga que tiene dudas de ir al psicólogo porque no quiere que reconozcan que tiene una discapacidad. Ella, como mucha gente, tiene una opinión errónea de la discapacidad», explica Joaquín Bustos.

Él mismo asume que tiene una discapacidad, «como hay muchas». «A mí no me afecta en mi aspecto ni en mi conducta. Solo hay cosas, por decirlo de una forma sencilla, que me tomo más a pecho, pero mi vida es normal», y pide que la sociedad se conciencie para que todos puedan hablar con libertad. «Yo soy abierto y sincero. Para mí es la única forma de llevar esto».

«No hay que avergonzarse, pero mucha gente no lo reconoce o no quiere tratarse. Si estás mal, cuéntalo» Álvaro Hernández | 26 años

A sus 35 años, su tocayo Joaquín Nogales también habla de su enfermedad con naturalidad. Su entorno sabe que fue diagnosticado de un trastorno bipolar hace ocho años, aunque reconoce que no suele compartirlo en su ámbito laboral. «Tienes que dar muchas explicaciones y siempre está el estigma. No suelo decirlo porque es más fácil no tener que dar explicaciones».

«No puedes ir aireando que tienes una enfermedad mental como si tuvieses un problema de corazón porque la reacción no es la misma».

En su caso, los médicos creen que el desencadenante de su enfermedad fue el consumo de estupefacientes, en concreto, marihuana. Joaquín Nogales lo cuenta porque quiere que los jóvenes, que suelen consumir con mucha ligereza esta sustancia, sepan que puede tener consecuencias. Su tratamiento le permite llevar una vida normal a pesar de que la medicación es fuerte. «Pero hay que decir la verdad, no todos los pacientes están igual. Algunos no lo sobrellevan o no lo aceptan. Por eso también es importante hablar de esto sin miedo».

 

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