La cloaca de la cárcel real de Badajoz, al descubierto

El aljibe y la cloaca de la antigua cárcel han quedado a la vista protegidos por una barandilla/Casimiro Moreno
El aljibe y la cloaca de la antigua cárcel han quedado a la vista protegidos por una barandilla / Casimiro Moreno

La restauración del entorno de la puerta del Capitel deja a la vista un pozo de casi seis metros

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

La cloaca de la llamada cárcel real, la prisión provincial que estuvo en la plaza de San José durante cuatro siglos, ha quedado al descubierto durante las obras de restauración de la puerta del Capitel y su entorno.

Se trata de un pozo negro de 5,88 metros excavado en la roca que sirvió para verter los excrementos y desechos que se generaban en esta cárcel, de la que ha trascendido sobre todo sus pésimas condiciones de vida. Así la describía el médico Felipe Antonio Amaro en 1837: «La situación de hacinamiento y de insalubridad sobrepasa todo lo descriptible», recoge Javier Marcos en su estudio sobre la cárcel de Badajoz en el siglo XIX.

El arquitecto responsable de la restauración, Jorge López, sugiere que la cloaca «es probablemente la responsable de que la gente lo pasara tan mal en la cárcel».

El hallazgo del pozo se produjo tras el derribo del tramo de la barbacana de San José (el muro bajo adelantado de la muralla) que se acordó en 2017, por la aparición de enormes grietas y desprendimientos.

Justo debajo se descubrió la cloaca que, como describe Nuria Sánchez, la arqueóloga de esta obra, «estuvo en uso hasta el siglo XIX y nos la hemos encontrado llena de desechos orgánicos, monedas, botones, suelas de zapatos, muchísimo hueso animal, metales y un impresionante elenco cerámico».

El pozo, no obstante, es anterior a la cárcel, que se levantó pegada a la muralla a finales del siglo XVI. Junto con él ha aparecido un pequeño aljibe de ladrillo y se cree que ambos elementos podrían pertenecer a alguna industria a pequeña a escala, bien una almazara o un molino de harina de finales del siglo XV o inicios del XVI.

Huecos hechos en la muralla islámica, que servían de muebles de las viviendas allí construídas
Huecos hechos en la muralla islámica, que servían de muebles de las viviendas allí construídas / Casimiro Moreno

Estos hallazgos arqueológicos, que se han protegido con una barandilla, podrán verse cuando se reabra al público esta zona. El arquitecto responsable de la obra ha decidido dejar los restos a la vista, en lugar de reconstruir el tramo de barbacana, que ha resultado ser contemporánea. «No voy a destrozar una construcción del siglo XVI para inventarme una barbacana del siglo XX. Esto al final arroja más contenido que haber hecho una tapia nueva».

Con este mismo criterio, la recuperación de la puerta de Capitel y de su entorno ha dejado al descubierto otros testigos de la evolución que ha tenido esta zona que, como recuerda la arqueóloga, «no solo fue muralla y barbacana, sino que estuvo ocupada de forma permanente desde la conquista cristiana hasta el siglo XX».

De época islámica (siglos XI y XII), se ha recuperado el lienzo almohade en el lateral de la puerta del Capitel, que se ha tenido que recalzar porque estaba muy 'comido' al haberse usado durante siglos como pared de la cárcel y después de viviendas. También se han hallado y restaurado las cenefas de la falsa sillería, que es la seña de identidad de la decoración almohade de toda la Alcazaba.

Precisamente, en este lienzo hay dos elementos que saltan a la vista. Se trata de unas hornacinas hechas en la propia muralla, que servían para guardar vajillas, útiles o tinajas. «Eran como los muebles-bar o los aparadores de las casas que estuvieron adosadas al lienzo en los siglos XVIII y XIX».

Nuevas puertas metálicas colocadas en la portada renacentista de la puerta del Capitel

Lo que no se podrá ver son los restos más antiguos que han aparecido, fechados miles de años antes de que llegara Marwan a Badajoz. Se trata de una serie de silos, hallados debajo de las cimentaciones de la actual muralla que, por los materiales que han aparecido -cerámica a mano bruñida-, serían de los siglos VIII y VII a. C. «Están directamente relacionados con el Oppidum, el poblado protohistórico de la Alcazaba que ocupaba casi la totalidad del Cerro de la Muela».

La puerta y el cable

Los trabajos de recuperación, que empezaron a finales de septiembre y que ya han concluido, también han logrado consolidar el pórtico renacentista de la puerta del Capitel, que estaba muy dañado por el derribo de las edificaciones adosadas a su muro, que hacían de contrapeso, y por las puertas de rejería que empujaban el arco y lo abrían.

Para reforzar la puerta se ha hecho una especie de cosido con varillas de acero y mortero y se han instalado unas nuevas puertas metálicas, más bajas y lisas, para su cierre. Estas últimas han sido muy controvertidas, tanto que Amigos de Badajoz ha pedido su retirada y la reposición de las puertas de rejería anteriores. Sobre esto, el arquitecto comenta que «era la mejor opción en cuanto a coste, eficacia y durabilidad, pero no deja de ser un elemento removible».

Queda pendiente desviar la línea eléctrica que da suministro al Museo Arqueológico para poder eliminar el cableado que cuelga de la muralla en esta zona, un actuación que ya está contemplada.