El chiringuito del río

El chiringuito del río
DIEGO ALGABA MANSILLA

Yo tuve una vez un campo, un perro y un amor, cosas que me parecían importantes y que pasaron a un segundo lugar cuando nació la niña. No exactamente cuando nació. Al principio solo era una desconocida que sólo dormía, comía y lloraba. Una criatura que ocupó el cuarto que tenía destinado a mis discos, películas y libros y que pasaron a un trastero del que he ido recuperando algunas cosas, igual que estamos recuperando los funcionarios parte de lo que nos quitaron. Ya sé que esto no viene a cuento y esta traído con calzador pero tenía ganas de decirlo (licencias de agosto). Los funcionarios nos quejamos, no tanto como los autónomos, con esto no quiero decir que ellos tampoco tengan razón. Me ha llamado la atención un empresario que hace unos días dijo haber perdido 900 euros el día que se fue la luz en la calle Santa Eulalia de Mérida. 900 euros es casi lo que gana un funcionario al mes.

Sigo por donde iba.

Mi niña se hace grande, uno de los sitios a los que más me gusta ir con ella es a la margen derecha del río, allí aprendió a montar en bicicleta o utilizar patines. Un hermoso parque diseñado a la orilla del río y que ha sido reconocido a nivel nacional, pero igual que en las dietas de adelgazamiento lo difícil no es adelgazar sino mantenerse, el parque ha ido levantando la mano en su cuidado.

A pesar de tener un recinto bastante amplio destinados para perros, muchos van sueltos por todo el recorrido. Los vigilantes que había antes ya no están, sabemos que no respetamos normas y necesitamos que alguien vestido de uniforme se pasee y llame la atención. También se ha incorporado al paisaje ese nuevo vehículo que las autoridades no saben que hacer con él, el patinete eléctrico y que hace mala combinación con los que van ensimismado con el móvil o ante los movimientos impredecibles de los niños.

Una de las cosas que más vida le daba al parque era el chiringuito La Terrassa. Un chiringuito que lleva cerrado desde junio. Ahora en verano, cuando más falta hace, sigue cerrado. Ójala a la publicación de este artículo lo hayan abierto. No sé el motivo de su cierre. No será por falta de clientes, a pesar del servicio siempre estaba lleno. Es triste que el paseo más bonito y relajante para pacenses y visitantes tenga el chiringuito cerrado. Pronto le pintaran burdos grafitis alejados de la estética Banksy. Será el comienzo del deterioro.