Más charlas y menos Orfidal

Cada grupo realiza entre 15 y 20 sesiones al año./HOY
Cada grupo realiza entre 15 y 20 sesiones al año. / HOY

El consultorio médico de Higuera de Vargas desarrolla un proyecto de terapias de grupo con el que el 50% de los usuarios han reducido el consumo de ansiolíticos

José M. Martín
JOSÉ M. MARTÍN

Las estadísticas dicen que España es uno de los países en los que es más elevado el consumo de ansiolíticos (Lexatin, Traquimazin u Orfidal son los más conocidos). El último informe que publicó la Agencia Española del Medicamento, en el año 2014, indicaba que a lo largo del siglo XXI se ha pasado de 56,7 dosis diarias de ansiolíticos e hipnóticos por cada mil habitantes a cerca de 90. Este incremento es del 57,4% y la cifra total es cada año superior al anterior.

Los datos también demostraban que hay un mayor uso de estos medicamentos entre mujeres y personas de edad avanzada y la publicación especializada Gaceta Sanitaria situó el consumo de ansiolíticos y somníferos en tercer lugar, después del alcohol y el tabaco, dentro de las sustancias psicoactivas.

A unas conclusiones muy similares, y en fechas cercanas a este estudio, llegó un equipo del consultorio médico de Higuera de Vargas. «Veíamos que parte de la prevalencia que teníamos en la consulta, en torno a un 20%, estaba relacionada con trastornos del estado de ánimo o con problemas de la vida cotidiana», comenta Cándido Sánchez, uno de los médicos que pusieron en marcha el programa 'Grupos de terapia en una zona rural de Extremadura'.

El programa lleva cinco años en marcha y más de 70 personas han pasado por las sesiones

El proyecto tenía como objetivo inicial trabajar estas situaciones mediante la terapia de grupo. De esta forma, pretendían ayudar a los pacientes a enfrentarse a los conflictos que no requieren de medicación. «La gente acude a la consulta y lo que los médicos hacemos, unas veces por falta de tiempo y otras por carencia de formación, es mandar ansiolíticos», aporta Sánchez, que considera que en algunos casos se medicaliza a la población para resolver problemas que son de la vida cotidiana. «Al final fomentas que te pidan una pastilla milagrosa para estar mejor», añade este facultativo.

Con estas premisas, en 2013 entraron en contacto con un programa de la Secretaría General de Drogodependencia de la Junta de Extremadura, liderado por José Antonio Santos y dirigido a disminuir el consumo de psicofármacos. «Nos propusieron incluirnos y nosotros, que habíamos empezado por nuestra cuenta, vimos que era una buena forma de tener más apoyo», relata Sánchez.

María José Bermejo y Cándido Sánchez son dos de los responsables del programa.
María José Bermejo y Cándido Sánchez son dos de los responsables del programa. / Pakopí

Así, son ya cinco ediciones de carácter anual las que se han desarrollado. En cada una de ellas se han aceptado entre 15 y 20 pacientes. Algunos han repetido en varias ocasiones, por lo que los responsables de la iniciativa calculan que unas 70 personas se han beneficiado de la actividad. «La mitad han reducido el uso de psicofármacos», confirman.

En esos casos, el equipo médico hace un seguimiento individualizado de los pacientes, porque estos medicamentos crean dependencia y la recomendación es que los tratamientos con ellos no duren más de cuatro semanas. Por ello, es conveniente una reducción paulatina y controlada.

Perfiles

Las mujeres de edad avanzada son las usuarias más habituales de los grupos. A lo largo de los cinco años solo ha habido tres o cuatro hombres. «Hemos comprobado que en el consumo de ansiolíticos en el entorno rural el perfil más habitual es una mujer que se siente desbordada al compaginar su labor de ama de casa con el trabajo en el campo y que no se siente valorada; mientras que en los hipnóticos suele ser gente mayor que tiene problemas para conciliar el sueño», admite Sánchez, que remarca que entre los aspectos que trabajan están explicar a los participantes que el sueño cambia con la edad y que todo el mundo se enfrenta en su vida a situaciones que desearían no vivir. En este punto, compartir experiencias en el grupo ayuda los integrantes a abrir los ojos.

Cada año se programan 15 sesiones, aunque es habitual que se celebre alguna más. En ellas se tratan diversas temáticas, como la relajación, el fomento del ejercicio físico, la autoestima, la ansiedad, la toma de decisiones o la gestión del duelo. Hay dos sesiones que se reservan para hablar de los efectos secundarios que tiene el consumo de ansiolíticos o hipnóticos y de la disminución de su efecto cuando su uso es prolongado. «Los grupos pretenden trabajar estrategias para reducir la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y superar los malestares diversos de la vida cotidiana; la gente deja de tomar medicación al comprobar que las estrategias funcionan», apunta Sánchez.

Selección

La selección de los usuarios de los grupos se realiza a través de las consultas médicas. A todos los candidatos se les pasa un test que mide el nivel de ansiedad y los que decidan incorporarse deben firmar un contrato de confidencialidad. Este era uno de los mayores miedos de los responsables de los grupos antes de iniciar el programa. Higuera de Vargas es un municipio que supera por muy poco los 2.000 habitantes, en el que se conoce todo el mundo, por lo que se exige a los participantes no hablar en el exterior de los temas que se tratan en las sesiones. «En cinco años no hemos tenido ningún problema», según Sánchez.

En la última reunión del grupo se vuelven a hacer los test. Es la forma de valorar si son beneficiosos. «Un 70% de los pacientes mejoran a lo largo del año», puntualiza el equipo médico.

El programa ha sido galardonado por el Servicio Extremeño de Salud (SES), que le ha concedido a sus responsables una mención honorífica de los premios a las Buenas Prácticas de Promoción y Educación para la Salud.

Junto a Sánchez, recogieron el reconocimiento Vicente García, María José Bermejo y María Dolores Vázquez, todos ellos profesionales del mismo centro sanitario. «La experiencia es muy positiva y nos demuestra que al futuro de la sanidad está en el prevención», concluyen.