«Cervantes era un perdedor que nunca perdía el sentido del humor»

«Cervantes era un perdedor que nunca perdía el sentido del humor»

La Biblioteca del Estado muestra en su vestíbulo algunos personajes que salieron de El Quijote, las Novelas ejemplares o la fábula pastoril

A. GILGADO BADAJOZ.

Chanfalla es el maestro del engaño, pero solo de quien se deja engañar. Rinconete y Cortadillo tratan de hacerse un hueco en la golfería. Siempre buscando el oro de la baraja. El licenciado Tomás enloqueció pensando que era un hombre vidrio y a Preciosa le molesta que los nobles vean a las gitanas como mujeres que solo cantan y bailan.

El universo de Cervantes va más allá de Don Quijote y Sancho Panza. Con esa filosofía Acción Cultural Española diseñó en el 2016 una exposición para recordar el 400 aniversario de su muerte.

Rinconete, el Licenciado Vidriera, Doña Lorenza o Segismunda llevan ya tres años rodando por España y Latinoamérica. Desde ayer ocupan el vestíbulo de la Biblioteca Pública del Estado. La idea es que el público que entra y sale del edificio se acerque hasta estas figuras, conozca su historia y acabe buscándolas en los libros.

Rosa Navarro Comisaria «Si somos de este país no es por la bandera, la base de nuestra identidad está en la herencia cultural»

La selección de los 16 personajes del universo cervantino salió del criterio de Rosa Navarro Durán. Filóloga, catedrática de Literatura Española en la Universidad de Barcelona y estudiosa del Siglo de Oro. En la presentación de ayer reconoció que pasa más tiempo entre libros del siglo de oro que en la realidad. «¿Cuántas horas de soledad desaparecerían si todos leyéramos un poco?».

Al montaje en la Bartolomé J. Gallardo da la bienvenida una imagen del escritor detrás de una rejas, como si hubiera cambiado la cárcel de Sevilla por la de Badajoz.

El recorrido se completa con 16 módulos simulando dos páginas de un libro con los protagonistas. Le acompañan tótems, ilustraciones del Premio Nacional Pedro Moreno y atrezo de la época. En la sala audiovisual cierra el itinerario un breve vídeo sobre la vida del autor. Muestra visual, didáctica y lúdica. Hay gafas para ver las mentiras de Chanfalla o cascos con máscaras para escuchar el coloquio de los perros Cipión y Berganza. También se juega con la mirilla tras la que se esconde Dorotea. Rinconete no quiso dejarse retratar sin Cortadillo, ni la duquesa sin el duque, ni Chanfalla sin la Chirinos, ni tenía sentido dejar que saliese solo Berganza sin Cipión, como tampoco se podían separar a dos peregrinos que recorrieron paisajes fantásticos y reales para estar toda la vida juntos, Persiles y Sigismunda.

El público puede disfrazarse con la ropa y complementos típicos del Siglo de Oro como gorgueras, telas o gorros. Selfie asegurado.

En el vídeo destacan el espíritu viajero de Don Miguel y el afán por salir de las comodidades de la corte para ganarse la vida. Navarro habla de un perdedor que nunca perdía el sentido del humor, cuando no estaba luchando contra los turcos estaba prisionero o en la cárcel y si quería un puesto en América no lo conseguía. Intentó triunfar en los escenarios como dramaturgo, pero tenía a Lope, que según la comisaria era un envidioso.

Tras esta encendida defensa como carta de presentación, no extraña que Navarro mantenga una relación onírica con el protagonista de las letras. «Hablo con él por las noches y le digo que no se preocupe, que ya dejaré claro lo de su enemistad con Lope». La contraposición entre lopistas y cervantistas sirve de excusa para bucear en el universo literario que tejen los clásicos. La vida de los grandes autores, argumenta Rosa Navarro, solo interesan por sus creaciones literarias. De ahí su empeño en colocar en los pasillos de la Biblioteca retratos distintos a los de Don Quijote y Sancho Panza. Muchos escritores, explica, son solo sus personajes. Retratos de sí mismos, pero con Don Miguel no ocurre. En eso reside su genialidad. «Él no es ninguno de ellos y permite a los lectores verse en uno o en varios».

En este particular universo, al ilustrador Pedro Moreno le tocó poner rostro a protagonistas poco representados en estos cuatro siglos. Muchos han pasado desapercibidos por el éxito y la fama de Don Quijote y Sancho Panza.

Con esta exposición Acción Cultural pretende mostrar a un Cervantes inmenso, con una producción literaria en la que cuesta quedarse solo con 16 personajes interesantes. En esas experiencias oníricas, a Rosa Navarro se le aparecen personajes que he dejado fuera. Leocadia, de la 'Fuerza de la sangre', le recrimina su ostracismo. «Su historia era muy triste pero me comprometo a hablar de ella cuando vengo con la exposición para que la gente le conozca».

Navarro defiende con vehemencia la literatura de Cervantes como parte de la herencia cultural. «Si somos de este país no es por una bandera, eso cambia con los tiempos, la base de nuestra identidad viene por la cultura». Y en esa base tiene mucho que ver el legado que dejó un escritor que escribió casi toda sus producción literaria a partir de los cincuenta años, al final de su vida. Cervantes, insiste, no debe ser solo un nombre. Es el clásico por excelencia, compara, porque en su mundo caben todos los comportamientos humanos. Rateros, rañosos, nobles, uraños, generoso y hasta locos aventureros.