El centro de salud de El progreso enseña a desayunar en los colegios

La enfermera Pilar Montero de Espinosa con los alumnos. :: HOy/
La enfermera Pilar Montero de Espinosa con los alumnos. :: HOy

Los maestros detectaron que muchos alumnos no rinden en clase porque llegan sin comer por las mañanas

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

El proyecto comunitario de salud en El progreso suma y sigue. En el estudio en profundidad del año 2014 detectaron la alimentación como asignatura pendiente en el barrio. A través del centro de salud de la avenida Padre Tacoronte entró también en las agendas de asociaciones vecinales, familias, colegios o institutos. Se puso en marcha una escuela de peso que iba más allá de la clásica charla sobre los beneficios de una dieta saludable. A las participantes le dieron un papel activo tutelando a otras vecinas interesadas. Empatía entre las que lo intentan y las que consiguen perder peso.

Trabajo en red y éxito de participación que se traslada a otros colectivos. El foco lo han puesto ahora en los escolares. Los maestros de los colegios detectaron que sus alumnos llegaban a clase sin desayunar y con pocas horas de sueño. No hace falta un título en Medicina para concluir que estas carencias lastran su rendimiento académico. El personal de atención primaria, con la colaboración de los colegios, quieren atajarlo. Empezaron el curso pasado y ahora el SES premia esta iniciativa para que se conozca entre la comunidad sanitaria y cojan ideas para sus áreas de salud. La veterinaria Beatriz Hernanz y la enfermera Pilar Montero de Espinosa han trabajado con casi quinientos niños de los colegios de la UVA, La Luneta y el Gurugú. Lo de ir a clase sin desayunar, explican, no es algo exclusivo esta zona de Badajoz. El problema se reproduce entre los escolares en general y el Ministerio de Sanidad también lo combate con la Estrategia NAOS. Pero a diferencia de otras campañas similares, en Padre Tacoronte son más ambiciosos. Buscan otro estilo de vida para la comunidad.

Beatriz Hernanz explica que de momento han conseguido que los niños entiendan las ventajas entre desayunar bollos o Coca Cola (algunos lo hacían) o tostadas y frutas. Ahora toca saltar a los padres. Encontrar en casa la misma predisposición que en el colegio. El impulso de los médicos y el interés de los maestros ha hecho que algunos progenitores tomen el testigo. En el colegio de Los Colorines y la UVA un grupo de madres se ha comprometido a seguir promocionando hábitos saludables entre los niños. Han pasado de ser receptoras a emisoras.

«Ahora trabajamos con los padres para que encuentren en casa la misma predisposición» Beatriz Hernanz | Veterinaria de El Progreso

En cadena

Beatriz habla de un trabajo en cadena. «Primero trabajamos con los profesores y les enseñamos que la alimentación puede ser buena o mala según lo que se elija». Tras esta primera toma de contacto, los docentes empezaron también a tratar algunos conceptos. En las conversaciones de clase los niños reconocían que desayunaban poco o mal. Beatriz recuerda los cambios. «Les poníamos canciones antes y después de darles el desayuno y pasaban de no querer participar a una vitalidad desbordante. Sentían que no traían energía suficiente para estar en clase».

Han tirado de canciones, cuentos y personajes de dibujos animados en las dinámicas. El juego forma habilidades que se mantienen en la edad adulta. Lo que se aprende jugando perdura. En Infantil repartían fruta cada mañana después de un cuento. En todo momento con la ayuda de los padres, que siempre fueron testigos de los beneficios de esta iniciativa. En el primer ciclo de Primaria adaptaron el popular juego de la oca para separar los alimentos procesados de los naturales. En segundo los propios niños hacían de maestros explicando las diferencias. Las clases acababan siempre desayunando en comunidad. Los de quinto y sexto se lo preparaban ellos mismos.

La evaluación posterior constata que los alumnos han aprendido entre desayunar bien y mal, pero en sus casas no lo ponen en práctica. Aunque hay un cambio evidente, desde el centro de salud quieren llegar a una rutina permanente. «En nuestra actividad tenían tiempo para preparar y desayunar con tranquilidad, pero en casa se levantan tarde o con prisa y no pueden detenerse a preparar tostadas y tomar la fruta». Los niños han asociado el desayuno sano al colegio, pero para asimilarlos en su vida diaria necesitan verlo en casa. De ahí que la segunda fase de esta iniciativa se dirija a los adultos. En cuanto entiendan que dormir poco y desayunar mal influye en el desarrollo físico e intelectual de sus hijos todo será más fácil. La cadena se habrá completado.

 

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