Casco Antiguo

Casco Antiguo
MARÍA ÁNGELES JIMÉNEZ

Durante los últimos días del verano y los primeros de este otoño, aprovechando que el calor aún nos acompaña, y los atardeceres apetecen para ser paseados y disfrutados en las terrazas del Casco Antiguo, he pasado más tiempo del habitual por allí. Con gran disgusto he podido comprobar las carencias, en cuestiones básicas, que deben afrontar los habitantes y trabajadores de la zona, que son muchos.

No quiero señalar a nadie, pero a la vez quiero señalar a todos los responsables concretos de esta desidia. Si llevas una botella de agua de plástico, entre la plaza de San Atón y la Plaza Alta, es prácticamente imposible encontrar un contenedor amarillo. Puedo entender que las dimensiones de las calles hacen impracticable la colocación del conjunto de mobiliario de limpieza urbana del que gozamos los demás ciudadanos.

Pero, en otros lugares con cascos históricos similares se puede hacer. ¿Por qué nosotros no podemos hacerlo?

Visto esto, me he detenido a hablar con alguno de los comerciantes y hosteleros de la zona, y me manifiestan, descorazonados, que el problema para ellos se multiplica por mil. Sus envases de vidrio, sus cartones, ¿dónde los reciclan? Y, con tremendo disgusto, me cuentan cómo deben soportar la falta de civismo de muchos de los que allí pasan sus horas de asueto.

¿Podemos revertir esta situación? Hagámoslo lo antes posible, el Casco Antiguo es nuestro escaparate al turismo.