«Hay casados que viven como solteros, individualistas y con desapego»

Isaac Rosa, con su libro. :: J. M. Romero/
Isaac Rosa, con su libro. :: J. M. Romero

El escritor extremeño presenta en Badajoz 'Feliz final', una novela que se sale de sus temas habituales hasta ahora

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

La librería Tusitala del Caco Antiguo se queda pequeña cuando viene Isaac Rosa. Esta vez, para encontrarse con los lectores y presentar 'Feliz final', el escritor extremeño y el librero Agustín González se fueron hasta el auditorio de la Facultad de Comunicación de la Alcazaba. Parece una historia distinta a las anteriores. Pero igual que escribió sobre el miedo, el trabajo o el Franquismo partiendo de una visión muy personal, en 'Feliz final' Isaac Rosa aborda los fracasos sentimentales desde sus propias preguntas y dudas. Algo no va bien. No nos estamos queriendo bien. En este diálogo íntimo en el que Ángela y Antonio buscan las causas de su separación quedan retratadas muchas patologías sociales de nuestro tiempo.

-Nada nos gusta tanto como mirar una herida y toquetear sus bordes ulcerados.

-Ocurre en toda separación. En toda ruptura hay un momento inicial de perplejidad, pero después hacemos lo que hacen los protagonistas de la novela, mirar atrás y reconstruir una y otra vez. En la novela, lo hacen para sondear las posibilidades de reencuentro, de salvar esto.

«Los problemas personales tienen que ver con las condiciones de vida, pero no se puede echar la culpa de todo al capitalismo»

-El soltero es hoy la figura triunfante. Puede cambiar sin preocuparse por los cadáveres que deja en el camino.

-Yo hablo del soltero más como concepto que como estado civil. Un autor que está presente en este libro, Santiago Alba Rico, lo explica en su libro 'Leer con niños', que no va precisamente de leer con niños. Utiliza el concepto de soltero como una forma de estar en el mundo. Hay muchos casados que se comportan como solteros. Individualistas y con desapego. El soltero es un individuo que vive para sí mismo y considera que su proyecto de felicidad personal está por encima de los demás y contra los demás. Se puede ser soltero estando casado.

-El libro tiene un potente efecto espejo. El fracaso de Ángela y Antonio dista mucho de una catástrofe íntima.

-Hay elementos invariables en las relaciones, pero hay otros propios de nuestro tiempo. Y por nuestro tiempo me refiero a partir de la segunda mitad del siglo XX. La cultura del amor romántico se reelabora en la sociedad de consumo. Las relaciones laborales o económicas están marcadas ahora por el corto plazo, la precariedad, el recambio permanente, la búsqueda constante de novedad... Todos esos parámetros se nos han metido en lo más íntimo. Lo amoroso se cruza con la sociedad de consumo. Los consumidores deben estar siempre moderadamente insatisfechos para seguir consumiendo. En lo amoroso, muy contaminado por estos parámetros, ocurre lo mismo. Incluso cuando estamos en una relación estable y que funciona siempre hay un miedo que nos acompaña. Las famosas puertas sin abrir que nos dejamos en nuestro camino vital.

-Permanece la infidelidad. Cargamos cuernos desde las cavernas.

-En esta discusión a dos voces se buscan la causas y tratan de ver cuándo su relación se volvió irreversible. En ese cruce hay dos posturas. La postura de él resulta más sociológica. Viene a decir que lo que nos ha pasado tiene que ver con la vida que llevamos, el orden social, la economía... La postura de ella es más psicológica. Mantiene que todo está en nosotros. Hemos fracasado nosotros y la culpa no hay que buscarla en el exterior.

-¿Somos más leales a nuestra empresa que a nuestra pareja?

-Por desgracia sí. Se ve a efectos de infidelidad y traiciones, pero también en cuestiones tan anecdóticas como burlarte de tu pareja delante de otros en términos que seguro no empleas con tu propia empresa. Tenemos más apego a nuestra empresa, por muy mal que nos trate, que a nuestros seres queridos.

-Hasta en el engaño puede haber lealtad y amor al engañado.

- Algo que también se cuenta en el libro tiene que ver con la pensadora Eva Illouz, que habla de la forma en que hoy el amor se convierte en un elemento de valor social. En el momento en que nos retiran el amor, son infieles o nos abandonan, nos sentimos devaluados. En el engaño puede haber un poco más de cuidado, un intentar no humillar.

-También subyace el debate sobre si el trasfondo social determina el éxito de las relaciones. ¿Los condenados a la austeridad económica también están condenados a la austeridad sentimental?

- Yo no creo que haya una correlación automática entre poder adquisitivo y felicidad. Sin caer en el tópico de 'los ricos también lloran'. Pero es cierto que quien tiene resuelto lo material puede centrarse en sus problemas sentimentales. Para la mayoría de la gente, nuestros problemas de pareja o sentimentales están muy atravesados por nuestras necesidades económicas o laborales.

-Refleja usted a la generación que se formó antes de la crisis con expectativas laborales o sociales muy altas y ahora tiene que digerir la frustración.

-Los que estamos ahora en los cuarenta, casados o no, con hijos o sin ellos, tenemos un proyecto de vida todavía poco definido. Tenemos que convivir con la incertidumbre sobre el futuro. En esa incertidumbre el amor se ve como un elemento de seguridad. Algo a lo que agarrarnos.

-Esta generación insegura tiene ahora que criar y educar a sus hijos. La endeble presencia del padre divorciado es el mínimo común múltiplo de muchas familias.

-La culpa está muy presente en el libro y por desgracia creo que está muy presente en las relaciones de padres y madres con hijos. Debería haber menos culpa y más responsabilidad. Cuando alguien se siente responsable busca soluciones, cuando alguien siente culpa busca culpables o se resigna. Nuestras familias están demasiado determinadas por la culpa.

-Criar a tu hijo en una tribu es una locura subsahariana y quizá la locura venga al externalizar la educación de nuestros hijos con sesiones maratonianas de guardería y contratando cuidadoras que dejan a sus hijos en sus países para cuidar a los nuestros aquí.

-Esta idea viene de Carolina del Olmo y su '¿Dónde está mi tribu?'. Me ha acompañado en este libro. Carolina nos dice que la locura es pretender criar solos a nuestros hijos con este modelo de familia nuclear sola frente al mundo. A base de contratar y subcontratar los cuidados, parece más sensata la idea de ser capaces de construir un entramado mucho más amplio de personas que nos apoyemos y nos cuidemos los unos a los otros.

-¿Ha notado en sus lectores una reacción distinta a otros libros?

-Este libro tiene una clave más emocional. Algunos lectores me dicen que han llorado y eso es una novedad para mí. También me confiesan que es un alivio ver que los desengaños amorosos, los errores, los abandonos están más generalizado de lo que creían. Es una idea muy neoliberal, muy de nuestro tiempo. Todo lo que te ocurre está en nuestro interior y lo que te pasa se debe a que no te esfuerzas, no haces lo suficiente o no ves lo positivo de la vida. Frente a eso, te das cuenta que muchas problemas tienen que ver con las condiciones en las que vivimos o con educación sentimental compartida. Tampoco hay que darle la vuelta al argumento y echar la culpa de todo al capitalismo.