Muere una vecina del barrio pacense de Cerro de Reyes al desplomarse la azotea de su casa

Los bomberos tardaron una hora en rescatar el cadáver. :: / CASIMIRO MORENO

Sus dos hijos lograron salir con vida de la vivienda, cuyo techo cedió por el peso de miles de objetos acumulados sobre él

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

Francisca García González, de 86 años de edad, perdió este martes la vida al desplomarse la azotea de la casa en la que vivía junto a dos de sus hijos en el Cerro de Reyes. El accidente ocurrió pasadas las 16.00 horas y los bomberos tardaron más de una hora en rescatar el cadáver, que quedó sepultado por los cascotes.

La mujer se encontraba en la salita más próxima a la calle cuando se vino abajo el techo, en el que habían sido acumulados durante años una gran cantidad de objetos de todo tipo.

En ese momento se encontraban dentro de la casa tanto la anciana como sus dos hijos, de 43 y 48 años de edad. Ambos estaban en el fondo del inmueble y esa circunstancia les salvó la vida puesto que los cascotes no les afectaron y pudieron salir de la casa por su propio pie.

Trataron de ayudar a su madre antes de correr a la calle, pero les resultó imposible dado que su cuerpo estaba completamente cubierto.

Tanto los bomberos del Ayuntamiento como la Policía Local, la Policía Nacional, el 112 de Extremadura y Cruz Roja fueron movilizados con urgencia.

A la zona fueron desplazadas varias ambulancias para atender a los posibles heridos, pero pronto se confirmó que dentro del inmueble sólo seguía la mujer.

Juan Lorenzo López Sánchez, suboficial de operaciones de los bomberos de Badajoz, explicó que el rescate se había prolongado durante más de una hora. «Este tipo de tareas hay que hacerla con mucho cuidado porque siempre existe el riesgo de nuevos derrumbes».

En un primer momento los bomberos creyeron que podía seguir con vida, puesto que en la zona en la que estaba enterrada parecían escucharse chillidos. Pero esas esperanzas se desvanecieron cuando sacaron con vida al gato que acompañaba a la mujer en el momento del derrumbe. Comprobaron entonces que no eran chillidos, sino maullidos, lo que habían escuchado.

Poco después fue localizado el cuerpo y los sanitarios constataron que ya había fallecido, por lo que fue avisado el forense para que confirmara la muerte y ordenara el levantamiento del cadáver.

Los vecinos de la calle Marqués de Casas de Cagigal vivieron la hora larga de rescate con un hondo pesar. Desde hacía años veían entrar y salir de esa casa baja a dos hijos de la víctima. En ocasiones, regresaban tirando de un carro en el que guardaban objetos que, para ellos, tenían valor.

Los servicios de emergencia confirmaron que sufrían lo que se conoce como síndrome de Diógenes, un trastorno del comportamiento que lleva a quienes lo padecen a acumular grandes cantidades de basura y desperdicios.

La vivienda estaba llena de objetos en todas sus habitaciones. ::
La vivienda estaba llena de objetos en todas sus habitaciones. :: / CASIMIRO MORENO

Dentro de la vivienda

«A ella no la hemos visto en la calle en años, realmente no sabemos cómo se llamaba porque siempre estaba dentro de la casa. Hace tiempo vinieron los bomberos a su casa porque se voló una chapa y les advirtieron de que era peligroso almacenar tanta basura. Al final ha ocurrido lo que tenía que ocurrir», lamentó una vecina.

Del interior de la casa fueron sacados algunos de los materiales que se almacenaban. Había juguetes, maletas, discos duros, electrodomésticos y multitud de objetos que, en ocasiones, eran puestos a la venta en el rastrillo de antigüedades que se celebra cada mes en la Plaza Alta.

Todos esos objetos –los servicios de emergencias creen que podría haber varias toneladas– llenaban las habitaciones de la casa y también la azotea, cuyas vigas pudieron ceder debido al enorme peso que soportaban.

La casa en la que se produjo la muerte está en una calle perpendicular a la calle Otumba, donde funcionaron durante décadas la vieja parroquia del Cerro de Reyes y el colegio Jesús Obrero, centro de la barriada antes de la riada.

En esa zona abundan las casas bajas. Todas ellas suelen tener un largo pasillo del que parten las habitaciones. Encima, en la parte más próxima a la calle, siempre está la azotea. Era en ese espacio libre donde se acumulaban los objetos que provocaron el desplome. «Seguramente con las últimas lluvias se hayan empapado y eso haya terminado causando esta desgracia».