Calzada o acera, el dilema del patinete

Este diario probó un patinete eléctrico por Badajoz para observar la reacción de conductores y peatones

Circulando por el Puente de la Universidad a mediodía. / Pakopí
J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

No hay más que echar un vistazo a cualquier capital para ver cómo han proliferado los patinetes eléctricos, un nuevo vehículo de movilidad personal no exento de polémica. ¿Acera o calzada? La decisión no es sencilla si lo que el usuario quiere cumplir con una legislación que aún no es firme y que los manda al asfalto, o preservar su integridad alejándose de los coches al optar por la acera.

HOY se subió a un patinete eléctrico para comprobar cómo es la circulación por la ciudad más grande de Extremadura sobre uno de estos vehículos.

Se trata de un Flux Freeride de 1.000 vatios (599 euros) y sobre 20 kilómetos de batería, autonomía suficiente para una mañana de gestiones recorriendo Badajoz de punta a punta varias veces. Es de los que lleva sillín –en los otros el usuario va de pie– y además de amortiguador trasero tiene como extra dos espejos retrovisores, lo que mejora sensiblemente la sensación de seguridad teniendo en cuenta que todos los vehículos tratan de adelantarte. Dispone de dos marchas, una lenta que supera levemente la velocidad del peatón y otra más rápida que permite alcanzar los 30 kilómetros por hora.

Primera amenaza, las rotondas. En momentos de tráfico intenso adentrarse en ellas puede parecer suicida pues apenas hay reprís ni intermitentes para avisar. Por lo demás, en grandes avenidas el patín, pese a ser el más lento del pelotón, circula con una fluidez apropiada, si bien para alguien acostumbrado a una scooter le parezca que al patinete le tiemblan todas sus piezas. De hecho, soltarse de una mano no es recomendable.

Según la experiencia de este redactor, los conductores pacenses suelen respetar este nuevo vehículo y lo adelantan con cautela, aunque hay momentos en que la sensación de ralentizar el tráfico es inevitable, de ahí que en bulevares o acerados anchos surja la tentación de pasar a la acera. El modo lento es el aconsejado –no se debe superar la velocidad de los peatones–, pero cuando hay campo libre por delante resulta desesperante. De hecho, HOY se cruzó en una mañana con dos usuarios de patinetes que iban como un rayo, uno atravesando San Francisco, otro por el bulevar de la avenida de Colón. Hay que decir que Badajoz suele tener rebajados los bordillos en los pasos de cebra, lo que facilita la transición.

Al avanzar por la acera se perciben los comentarios de los peatones. Es cuestión de sentido común aminorar la marcha si hay gente. Durante la travesía por aceras del centro, ni un aspaviento o recriminación, aunque sí muchas miradas, seguramente de curiosidad. Hay que tener en cuenta que el patinete eléctrico no hace ruido y este en concreto no tiene claxon, por lo que adelantar personas es delicado. Al superar a una joven que caminaba con los auriculares el susto fue morrocotudo. Algo parecido sucedió en otro adelantamiento a peatón por el paseo fluvial, donde existe un carril bici –las líneas ahora son imperceptibles– muy apropiado para ir en patinete. Ahí el que reaccionó espantado fue un perro, el cual iba atado a una correa de más de dos metros de largo, por lo que entre éste y su dueño ocupaban casi más espacio que el de un coche que se desplazara por la acera, aunque este es otro asunto.

Aunque no resulta incómodo caminar empujándolo, levantar en peso este modelo de patinete con sillín para superar un bordillo o escalones no es sencillo.

Por la calle Menacho de Badajoz.
Por la calle Menacho de Badajoz. / Pakopí

De repente, aparece otro usuario con un patinete. En su caso sin sillín, más ligero y de diferentes prestaciones, ideal para intercambiar impresiones. Su dueño es Carlos Tejero, de 29 años. Lleva un Xiaomi Mi (379 euros) de 500 vatios. «Lo tengo hace cuatro meses y fue un impulso, pero tengo claro que esto no es una moda y que seguirán evolucionando porque la electricidad moverá el mundo. En mi círculo más cercano lo tiene el primo de mi novia y otro amigo», dice.

Sobre su experiencia circulando por Badajoz capital no está plenamente satisfecho. Dice que faltan rebajes en los bordillos y que no existen lugares de reparación. No obstante, ha resuelto el problema de aparcar a diario cuando va a trabajar. El suyo es un patinete más ligero y suele usar la acera para circular. Se basa en aplicar el sentido común pues opina que la legislación es confusa y por la poca velocidad que alcanza no ve seguro ir por carretera, aunque le haya puesto luces, algo que no todos tienen. «Me siento más cómodo por la acera y no me han increpado, todavía, pero es cuestión de tiempo».

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