Una calle singular

Calle Joaquín Sama:: HOY/
Calle Joaquín Sama:: HOY
ALBERTO GONZÁLEZ | CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Pocas calles habrá en ningún sitio tan peculiares como la del Río de Badajoz, con la calzada elevada y las aceras hundidas a sus costados.

Hasta fines del siglo XIX era una calle normal en fuerte pendiente con inicio en la plaza Chica, donde luego se alzó el mercado de Santa Ana, cortada en el otro extremo por una escalera a todo lo ancho que la conectaba con la Batería del Redondo bajo la que, frente al río, se abría el portillo de Pelambres. El túnel era apto para personas, pero no para carros y caballerías, cuya entrada en la población era la puerta de Palmas.

Para evitar el rodeo, tras resultar arrasada por la gran riada del Guadiana de 1876, la calle se reconstruyó elevando la calzada hasta enrasarla con la ronda de Joaquín Costa a fin de facilitar el paso por ahí. Lo que conllevó suprimir la escalera frontal que antes salvaba el gran desnivel, y cegar el portillo de Pelambres, quedando las aceras en su nivel para no enterrar las casas.

La operación se hizo 'para bien común', pero sobre todo para el del alcalde Tomás Vaca García, ejecutor de la obra, que era uno de los más afectados por el gran rodeo que debían dar los carros y caballerías de su labor agrícola para acceder a su casa, sita en la parte alta de la calle Joaquín Sama, cerca de la Soledad, luego de Moreno de Arteaga, que la rehízo en 1930, y hoy Conservatorio de Música.

Además de por su estructura y el mercado de Santa Ana, la calle del Río se distinguió también hasta no hace mucho por el universo de sus moradores; gente de las más variadas capas sociales, profesiones, oficios y ocupaciones, que formaban una entrañable hermandad vecinal de gran riqueza humana de la que la propia calle era la casa común.

Camacho y Mario, representantes de comercio. Bonifacio, Domingo, José y María Barril, zapateros remendones. Romo, calero y cordelero. Nicolás, churrero. Avelino, herrero. Simón, carpintero. Alfonso, panadero. Paco y Ortiz, pintores de brocha gorda. Paco, camarero de La Marina. Ángel, policía armada y vinatero. Caldito, guardia municipal. Los 'Pitillo', contratistas y banderilleros. Marcial y Manolo, ferreteros. Manolo, carbonero. Reyes y Félix, transportistas; 'El Ché' y Granada, traperos. Las populares 'Lobas' de las patatas fritas y las aceitunas. junto con maestros y profesores, empleados de banca, funcionarios, periodistas y hasta el interventor de la Diputación Provincial eran algunos de ellos. Y las mujeres bravas María, Mercedes, Nicolasa, Isabel, Blasa, Ramona o Moni, ¡Todo un mundo del Badajoz de ayer¡