«Es una barbaridad que las cláusulas suelo tarden cinco años en resolverse»

Luis Romualdo Hernández Díaz-Ambrona en la sala de vistas de la Sala de lo Civil de la Audiencia en Badajoz. :: casimiro moreno/
Luis Romualdo Hernández Díaz-Ambrona en la sala de vistas de la Sala de lo Civil de la Audiencia en Badajoz. :: casimiro moreno

Nacido en una familia de grandes juristas, el futuro presidente de la Audiencia se propone acabar con el «atasco» que sufre la Sala de lo Civil

Evaristo Fdez. de Vega
EVARISTO FDEZ. DE VEGABadajoz

Luis Romualdo Hernández Díaz-Ambrona (Madrid, 1966) soñó cuando era niño con dedicar su vida al estudio de la naturaleza. Hasta COU, cursó el itinerario de ciencias puras con esta intención, pero dos meses antes de terminar el curso sufrió «una crisis existencial en la que pensé que esa carrera no me iba a dar de comer y decidí estudiar Derecho». Tan repentino cambio no sorprendió en una familia donde su padre fue teniente fiscal del Tribunal Supremo y su madre, vicerrectora de la UNED después de estudiar Derecho. Por no hablar de su tío, Antonio Hernández Gil, jurista y presidente de las Cortes, o de su abuelo, abogado y ministro de Agricultura. «El derecho era mi camino natural», confiesa quien se convertirá en las próximas semanas en presidente de la Audiencia Provincial de Badajoz.

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-¿Se ha arrepentido alguna vez de la decisión que tomó en COU?

-Aquella opción era un poco previsible en mi familia. Cuando comencé la carrera me llegó la vocación y hoy soy muy feliz en el trabajo que realizo, aunque me sigue encantando la naturaleza. Como más disfruto es podando encinas.

-Fue el número 2 en una promoción con casi 6.000 candidatos.

-Saqué la plaza con 24 años, pocos meses después de terminar la carrera, pero tiene su explicación: las siete matrículas que tuve en Derecho se corresponden con asignaturas que entraban en las oposiciones. Esas me las preparaba a fondo.

«No ayuda el wasap de Cosidó porque se tiene la percepción de que algunos jueces obran al dictado de los políticos»

-Quienes le conocen aseguran que no se conforma con las decisiones que considera injustas.

-Es cierto. Como aprobé las oposiciones a fiscal y juez, mi intención era hacer las prácticas de las dos carreras en la Escuela Judicial y después decidir, pero el director dijo que había que elegir antes. Yo creía que era injusto y presenté un recurso contencioso-administrativo contra la Escuela de Prácticas Jurídicas. Imagino que a mi padre no le gustó, pero me dieron la razón en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, aunque después el Supremo me la quitó.

-Imagino que fue su primer pleito.

-No, el primero fue contra una tienda que me vendió un radiocasete que no funcionaba. Me lo repararon, pero volvió a fallar, así que pedí el reembolso. Se negaron, pero al final conseguí en el juzgado que me devolvieran las 11.000 pesetas.

-Aquellos casos son menores si se comparan con los que deberá afrontar en su nueva etapa. ¿Qué le llevó a presentar su candidatura?

-Después de 28 años como juez, es un reto. Para mí es una satisfacción personal alcanzar el destino más importante en la provincia.

-¿Qué objetivos se marca?

-En la Audiencia el objetivo prioritario es que vuelva a ponerse al día. De las tres secciones que hay, la Civil está completamente atascada. Eso está causando un gran trastorno a los consumidores, porque el atasco se está produciendo en demandas por cláusulas suelo o cláusulas abusivas de otro tipo. El juzgado de Mérida que lleva estas reclamaciones tiene un atasco de 3.600 asuntos por incoar, por lo que la resolución puede demorarse dos años y medio. Si hay un recurso ante la Audiencia, el proceso completo puede irse a cinco años. Eso es una barbaridad.

«No es cierto que los jueces estén vendidos a la banca, han dictado millones de sentencias contra ellas»

-¿Cuál sería la solución?

-En la sección segunda de la Audiencia hay un magistrado de refuerzo y otro en el juzgado de cláusulas suelo de Mérida, pero yo creo que, como ha dicho el propio presidente de esta sección, hay que crear una especie de sección bis en la Audiencia para que haya tres magistrados para los asuntos corrientes y otros tres de refuerzo que vayan sacando el resto de asuntos. Eso es prioritario porque aquí los recursos se resuelven en mes y medio o dos meses.

-¿Algún otro objetivo clave?

-Precisamente ahora se va a poner en marcha una institución nueva que es la Comisión Provincial de Coordinación Contra la Violencia de Género, impulsada por el Consejo General del Poder judicial. El objetivo es coordinar a todos los agentes sociales implicados en esta lacra social. También me gustaría establecer un protocolo de actuación en casos de desahucio para que los servicios sociales, de forma anticipada, tengan conocimiento de lo que se va a hacer y no suceda, por ejemplo, que de pronto se vean familias con niños en la calle.

-Está describiendo una justicia próxima a quienes más lo necesitan, pero muchas personas desconfían de los jueces. ¿Le preocupa?

-Es verdad que por diversas circunstancias la imagen de la justicia es mala, hay ciertos episodios que han favorecido esa imagen. Pero una cosa es la imagen que se puede percibir desde fuera y otra la realidad. Enrique Gimbernat, un catedrático muy reconocido, decía que aunque la justicia tiene problemas, los jueces dictamos cada año millones de sentencias bien motivadas, buenas sentencias.

-¿Cómo ha vivido el polémico fallo del Tribunal Supremo sobre las hipotecas?

-Ese ha sido un episodio mal gestionado por el presidente de la Sala de lo Contencioso, Díez-Picazo, porque ese pleno se tenía que haber convocado anticipadamente.

-¿Influyen los grandes poderes en las decisiones judiciales?

-Cuando se dice que los jueces están vendidos a la banca no es cierto. Nosotros hemos dictado en los últimos años millones de sentencias condenatorias contra los bancos por cláusulas abusivas, se han reconocido derechos a los consumidores como nunca.

-¿Influyen la política en los jueces?

-Existe esa sensación de politización, esa crítica yo también la comparto. No puede ser que se piense que los jueces estamos al dictado de determinados intereses políticos, y a eso no ayudan nada el wasap de Cosidó porque la percepción que se tiene es que algunos jueces obran al dictado de algunos políticos. Yo creo que la justicia sí es independiente, pero además de serlo debe parecerlo. No olvidemos la labor que han hecho los jueces en materia de corrupción. Era inimaginable que vicepresidentes del Gobierno pudieran entrar en la cárcel.

-¿Reciben presiones los jueces?

-El juez tiene que trabajar también con la presión. El que se mete en esta profesión tiene que convivir con ello y mantenerse firme. Nosotros lo que tenemos que hacer es trabajar con mucha responsabilidad, dedicarle mucho tiempo y dictar sentencias justas.