«En Badajoz no quedan tórtolas»

Jesús Manuel Pinto, Jesús Rejas y Juan Antonio Pinto, en la gasolinera del Corazón de Jesús. :: HOY/
Jesús Manuel Pinto, Jesús Rejas y Juan Antonio Pinto, en la gasolinera del Corazón de Jesús. :: HOY

Los cazadores de la ciudad protegen las fincas agrícolas de los daños de las aves

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

A las siete y media ya estaban en el campo de girasoles Jesús Rejas, Juan Antonio Pinto y su hijo Jesús Manuel. Pasaron la mañana cerca del paraje Los Frailes, en la carretera de Olivenza.

A las once y media habían gastado dos cajas de cartucho sobre las bandadas de gorriones que llegaban a comerse las pipas de los girasoles. «Han destrozado la cosecha. Lo tienen todo mordido».

A Jesús le llamó el agricultor que cultiva la finca. Le avisó de que tenía la autorización de la Junta de Extremadura para cazar en la finca. Aficionado desde niño y con la misma repetidora desde hace 40 años, Jesús ve en los gorriones lo más parecido a la media veda en la ciudad.

En el cementerio viejo los estorninos atacan las higueras y en Valdebótoa los tordos los frutales

Como la mayoría, echa de menos a las tórtolas. «El que diga que caza muchas, miente».

La media veda arranca pero Jesús es de los que tiene pocas esperanzas. En verano se conforma con acudir a las fincas agrícolas a proteger las cosechas. También le han avisado para disparar en un campo de higueras detrás del cementerio antiguo. En ese caso, los estorninos atacan a los árboles según ha podido comprobar él mismo. «Algunos propietarios están realmente desesperados. Se quedan sin nada». Jesús habla de una autorización especial de la Junta que obliga al cazador a tirar desde un puesto fijo. No puede moverse por el campo y debe que recoger las vainas de los cartuchos.

Jesús es de los aficionados veteranos. De niño vivió en una casa de la carretera de Olivenza en la que pasaban con frecuencia cazadores. y cuando apenas tenía quince años empezó a ir con ellos. Añora la caza libre de entonces, en la que no todo estaba sujeto a tasas. «Antes podía cazar todo el mundo, ahora cada vez menos, hay que pagar mucho y no todo el mundo se lo puede permitir».

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Tampoco practica la media veda en los cotos. «Pierde la esencia». No le ve ningún atractivo acudir a un puesto a pocos metros del comedero el que se han alimentado las tórtolas desde primavera. Esa misma filosofía se la ha transmitido a su sobrino. «Hay muchas forma de salir al campo, a nosotros nos gusta la más sencilla».

Jesús Manuel apenas ha visto tórtolas este verano. En su opinión no llegan a Badajoz porque la migración desde Marruecos es menor. En el país norteafricano hay cada vez más rotación de cultivos y las aves ya no necesitan cruzar a Europa para encontrarse campos de girasol o de cereales. Junto al Corazón de Jesús, otro epicentro cinegético de la ciudad está en la carretera de Valdebótoa. En la cafetería de esta pedanía descansaban ayer a mediodía Manuel Ángel Sánchez y su hijo Daniel. Dos generaciones de la media veda con dos visiones muy distintas. El padre recuerda las jornadas de agosto en las que abundaba la tórtola. «En casi todas las casas se comían en verano». Ahora, apena las ve en el campo. Es un tema de conversación recurrente entre los aficionados cuando llega agosto. Manuel Ángel ha escuchado varias teorías. Desde la falta de humedales en el entorno de Badajoz al abuso de fitosanitarios en la agricultura. «Antes salía a cualquier rastrojo y las veía. Ahora nada». Padre e hijo tienen previsto salir el próximo domingo en busca de tórtolas. Pero no será en Badajoz. No merece la pena, insisten.

Su destino es un coto entre La Siberia y La Serena. «Allí hay grandes extensiones de cereal y agua».

Como a Jesús, a Manuel Ángel también le ha llamado un propietario de los frutales cerca de Gévora. «Hay gente que está en contra de esto, pero yo he visto como una bandada de tordos pueden acaban con la cosecha. Y es una ruina».

Recuerda además que se trata de un tipo de caza muy regulado. Tiene que solicitarlo el agricultor o el propietario de los terrenos y la Junta establece varias condiciones. Debe hacerse en un periodo de tiempo concreto.

Pertenecen a una sociedad en la que cada vez menos socios se apuntan a la media veda. La razón, explica el padre, es muy simple: En Badajoz ya no hay tórtolas.

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