Badajoz es fiel al butanero

Raúl Rodríguez, Paco Vázquez y José Vicente Grandioso en las instalaciones centrales de Butagas, en Badajoz. :: pakopí/
Raúl Rodríguez, Paco Vázquez y José Vicente Grandioso en las instalaciones centrales de Butagas, en Badajoz. :: pakopí

La vuelta de algunos clientes tras probar el gas natural suaviza la caída del negocio

Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Pitan para avisar que han llegado. Paran. Las bombonas chocan con el camión y se repite el sonido que acompaña al paisaje urbano desde hace décadas. Bajan y se echan a la espalda 35 kilos de color naranja para llevar el calor a miles de casas en Badajoz.

A diferencia de lo que ocurre en las grandes ciudades, donde el gas natural se ha quedado prácticamente con todo el mercado y a pesar de que la mitad de los hogares de la ciudad optan ya por calentarse con ese otro suministro, los pacenses siguen siendo fieles al butanero. Reparten a todos los barrios. En la ciudad, las pedanías y pueblos más cercanos se venden 400.000 botellas al año.

Incluso, las instalaciones de Butagas reciben una constante petición de clientes que quieren volver. «Existe un goteo que no deja de volver, aunque nos gustaría que hubiera más. Pero existe y ese mercado está ahí. Hay incluso gente que no vuelve porque desconoce que puede hacerlo. Sin embargo, hoy hacemos un cambio en las instalaciones y mañana otro». Así lo afirma Soledad Nieto, gerente de Butagas, la única agencia que realiza reparto domiciliario.

«Repartimos tres veces por semana en Cerro Gordo, a pesar de que los pisos se entregaron para tener gas natural»

«Estamos recuperando clientes que habíamos perdido por el gas natural. Son los menos, pero ocurre», explica. Incluso, hay barriadas donde solo se realizó la instalación de gas natural y sin embargo hay clientes que han querido instalar el butano. Cerro Gordo es un ejemplo. «Desde 2008 hemos hecho ya dos fases de revisiones. Hoy por hoy repartimos dos o tres veces por semana allí», explica.

El motivo que dan los clientes es el precio. Con el butano, uno solo paga lo que consume. Ni alquileres de contadores, ni fijos de canon en la factura. «Solo se paga el consumo real. Tampoco si el residente se va un mes de la vivienda».

El precio de la bombona, sin embargo, ha subido en enero. Ahora cuesta un 14% más que hace un año. Con la última revisión bimestral, pasa a costar 14,69 euros. En enero de 2017 su precio era de 12,89 euros. Desde noviembre de 2017, cuando subió la penúltima vez, ha incrementado su precio en 24 céntimos. La subida o bajada puede ser del 5%. El máximo histórico de la bombona fueron los 17,50 euros que tuvieron que pagar los usuarios entre 2013 y 2015. Por lo que ahora es casi tres euros más barata. En 2016 mantuvo un precio medio de 12,08 euros.

Estos precios corresponden a las botellas de 12,5 kilos, que son las que están reguladas por la Dirección General de Política Energética y Minas del Ministerio de Energía. Tanto Repsol, que es la marca que trabaja Butagas, como Cepsa tienen botellas más ligeras y con el precio liberado.

El hecho de que algunos clientes estén volviendo al butano ha hecho que la curva descendiente del negocio de la agencia que surte a Badajoz se suavice. La variación de ventas de 2016 a 2017 es de 1,3% negativo, la mitad del porcentaje que la del año anterior. En la ciudad, el mercado ha descendido un 23,2% en los últimos cinco años. Pero las nuevas altas están amortiguando la caída y el último año perdieron el 1,3% de titulares. Esta realidad ha hecho que la empresa aligerara su estructura.

Esta firma tiene en los portugueses unos buenos clientes. «Los precios en los envases de butano y propano se disparan en muchas ocasiones casi hasta el doble de nuestro producto, debido a los impuestos que se le aplican».

Soledad Nieto explica que hacen un esfuerzo por adaptarse a las necesidades de los clientes. Siguen recibiendo pedidos por teléfono, pero suman otros medios de comunicación, como whastapp o una aplicación para teléfonos móviles. Reparten en horario de mañana y tarde, y también los sábados por la mañana. Y, además, hay clientes que prefieren ir a la gasolinera más cercana a comprar.

Los repartidores hablan

Pero los butaneros siguen existiendo. Esta empresa cuenta ahora con 14 repartidores. Más de 30 años lleva Paco Vázquez subiendo y bajando bombonas al camión. «La caída se notó al principio, pero el mercado se está recuperando», asegura quien ahora se encarga de llevar botellas a las gasolineras.

Su experiencia le dice que la remodelación de las cocinas es lo que más daño ha hecho al negocio. Cuando uno reforma la cocina de su casa, suele poner vitrocerámica. Esto es, electricidad. Y se olvida de la bombona. «La vitro ha hecho al butano más daño que la calefacción», sentencia.

José Vicente Grandioso lleva 21 años repartiendo bombonas. «Al principio se notó bastante el bajón por el gas natural, pero ahora se recupera porque la gente se da cuenta de que económicamente es más rentable. Muchas familias no se pueden permitir el gas natural y la bombona es más barata». Su ruta pasa por las Ochocientas, el Gurugú, la Luneta,... «La gente vuelve más para calentadores que para calefacción», añade.

El último de los tres en convertirse en repartidor es Raúl Rodríguez y ya lleva doce años. Explica que al final entablan una relación cercana con los clientes porque lo habitual es que mucha gente mayor les pida que les pasen las bombonas a la cocina. Su ruta se centra en el Casco Antiguo. Pasa pitando por las calles Morales, Santa Lucía, Joaquín Costa...

Pero, dicen, entre ellos y sus compañeros dejan bombonas por toda la ciudad y en las urbanizaciones del extrarradio como Las Vaguadas, Los Montitos o La Dehesilla.

Cada uno reparte una media de 120 bombonas al día. Así que calculan que se echan más de 4.200 kilos a la espalda entre las que dejan llenas y las que se llevan vacías cada jornada. Todo para llevar el gas que calienta las casas.

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