«Badajoz y Cáceres no pueden seguir viviendo de espaldas»

José Manuel López presentando su libro. :: J. V. A./
José Manuel López presentando su libro. :: J. V. A.

José Manuel López recoge en un libro la historia, el patrimonio y la naturaleza que guarda la Ex-100

Antonio Gilgado
ANTONIO GILGADOBadajoz

Muchos viajes entre Cáceres y Badajoz ha completado José Manuel López. No queda más remedio cuando tienes tu casa en una capital y la Facultad de Biología en otra. Y siempre con la cámara en el coche. La jara en flor, el atardecer de la dehesa, los buitres en Los Llanos... Y a todas esas estampas había que cerrarlas con un pie que echara a andar la foto. La trashumancia, los canales, la colonización, el tesoro natural que esconde Gévora.... De tanto escribir pies de foto le acabó saliendo un libro. A medio camino entre una crónica viajera y un ensayo histórico sobre Extremadura.

En esta línea quebrada asfaltada que se parece más a un castigo que a una vía de comunicación, José Manuel encontró claves para entender el desinterés provincial entre Cáceres y Badajoz. «Cada paisaje es un resumen de toda Extremadura». Hace días habló de este proyecto literario tan particular en El Corte Inglés. Se propuso dar a conocer lo que se ve pero se desconoce.

Sobre la ventanilla del coche se refleja un silo, las encinas de la dehesa, el corcho arrancado a los alcornoques, pero nadie se pregunta por qué de Badajoz a Cáceres, en más de cuarenta kilómetros, no se ve, ni de lejos, un solo pueblo. «Lo cuentas en el País Vasco o Galicia y no te creen». Entonces toca hablar del reparto de tierra de la Edad Media. De los conflictos entre órdenes militares. De que los términos municipales de Cáceres y Badajoz son de los más extensos de España. Desde la punta sur de uno a la norte del otro puedes hacer 150 kilómetros. Pocos usuarios de la Ex-100 imaginan que la carretera se topa tres o cuatro veces con vías romanas desconocidas.

Nadie se pregunta por qué entre Badajoz y Cáceres no hay ni un solo pueblo en cuarenta kilómetros

El mundo perdido en la cañada real pasa desapercibido para los conductores. Cortijos que hoy parecen grandes casonas olvidadas en mitad de ningún sitio pero que en realidad se levantaron porque por allí pasaba el camino natural hasta hace una o dos generaciones. El trazado por el que transitamos hoy no llega a los mapas hasta finales del siglo XIX.

Siempre hubo algún camino de Cáceres a Mérida. De Badajoz a Mérida. De Badajoz a Elvas. De Cáceres a Trujillo. Se pisotearon durante siglos, en algunos casos los romanos lo empedraron y se asfaltaron con la modernidad. Pero entre Cáceres y Badajoz no había forma.

La fábrica de la luz de Badajoz.
La fábrica de la luz de Badajoz. / HOY

La salida actual de Badajoz a Cáceres se llama Camino de San Vicente porque durante mucho tiempo esa carretera no iba a Cáceres, iba a San Vicente de Alcántara. Sobre todo esto reflexiona y escribe José Manuel López. «Las dos ciudades han vivido de espaldas por la inexistencia de una vía de comunicación o por la construcción de otra que más que comunicarlas, las incomunica».

Vivencias

Muchos lectores se han acercado a recordarles sus vivencias en esos mundos que confluyen en la Ex- 100. «Hay gente que me dice que le han emocionado algunas historias. Todos conocemos esa carretera. Algunos hemos pasado por allí alguna vez. Pero pasamos por cañadas reales, campos de batallas o parques naturales». También de la importancia que tuvo esta carretera para Badajoz. El punto de inicio de la Ex-100 está en la estación de tren de Carolina Coronado. Fue lo primero que se hizo al otro lado del Guadiana. Rodeaba la fábrica abandonada que alimentó de luz a principios del siglo XX a la ciudad.

Uno de los cortijos del camino rural cercano a la cañada real que discurre de Cáceres a Badajoz.
Uno de los cortijos del camino rural cercano a la cañada real que discurre de Cáceres a Badajoz. / HOY

Y en este viaje histórico llegamos al siglo XXI. A vueltas con la conversión en autovía. Alguien decidió primero que no, luego cambiaron de opinión. Y luego rectificaron. Que no se puede. Pero el debate sigue abierto. Antes de las elecciones se cambió la titularidad. Ahora pertenece al Estado.

«Cáceres y Badajoz deberían estar conectadas por autovía siempre y cuando se haga bien» sentencia. Respetar los criterios ambientales como se respetó en la que cruza el parque Los Alcornocales en Cádiz. «Algo parecido valdría para algo tan importante como la Sierra de San Pedro». Una obra de este tipo, aclara, supone un efecto barrera. Infranqueable para las especies, pero se solventa con espacios aéreos, pasos subterráneos o soterrando tramos. «No hay excusa. Cáceres y Badajoz no pueden seguir viviendo de espaldas». Libros como el suyo ayudan a que empiecen a mirarse de frente.